La partida física de Ruben Rada a los 83 años sacudió al país y dejó un recuerdo inmenso en la cultura uruguaya. Se fue el niño que en julio de 1950 mostraba su cédula de cumpleaños para pedir monedas en medio del festejo de Maracaná, el pionero del candombe beat al frente de El Kinto y Tótem, el experimentador de Opa y el autor de un repertorio tan transversal que habitó con igual soltura los clubes de jazz, los tablados de carnaval y las tardes de teatro infantil.
Ante la conmoción que generó la noticia, El Observador habilitó en su sitio web un espacio interactivo para que la audiencia pudiera dejar sus mensajes de despedida y agradecimiento al músico. En pocas horas, ese canal se convirtió en un mural colectivo donde cientos de lectores volcaron anécdotas, emociones y reflexiones. En ese mosaico de voces, donde la inmensa mayoría fue de profunda gratitud, conviviendo también con los matices y opiniones del público, quedó retratado el impacto indeleble del "Negro" en varias generaciones.
La banda sonora de la niñez
Uno de los ejes más repetidos entre los mensajes fue el recuerdo de las primeras etapas de la vida. Para muchos, antes de descubrir al compositor vanguardista o al percusionista virtuoso, estuvo el personaje entrañable que perdió el miedo al público infantil: Ruben Rá.
“Gracias por tu voz, tus canciones, tu humor, gracias por los niños que supiste divertir en las vacaciones de julio”, escribió un lector en la web. Otro coincidió en el valor de ese legado: “Gracias por acordarte de los niños. Una canción que les guste es de las mejores cosas que podemos dejarles”.
Esa cercanía construida desde la infancia se transformó, con los años, en un lazo que acompañó toda la vida adulta: “Tengo 64 años. Me acompañó toda la vida. Gracias, Negro”, apuntó un lector, mientras otro sumaba: “Tengo 67 años, crecí escuchándote. Hasta mi abuela cantaba tus canciones. Buen viaje, Negro querido”.
El “lado B” uruguayo y un puente para la diáspora
En una sociedad que suele ser percibida como solemne o nostálgica, la audiencia destacó la capacidad de Rada para inyectar vitalidad, baile y desparpajo.
“Gracias por conectarme con el lado B de los uruguayos, el alegre”, resumió un mensaje. En la misma sónica, otro lector remarcó: “Gracias por traer alegría y descontracturar este paisito con tu música; gracias por darle ritmo de vida a esta tierra suavemente ondulada”.
Su reivindicación de las raíces afro y la jerarquización del candombe a nivel internacional también fueron pilares del homenaje: “Le agradezco el ejemplo de vivir y siempre seguir adelante; siendo afro dio un gran ejemplo, fue un transgresor y nunca olvidó sus orígenes”.
Para los uruguayos que residen fuera de fronteras, las canciones de Rada funcionaron como un ancla inmediata con el pago: “Para los uruguayos en el extranjero como yo, la voz de Rada siempre nos llevaba a Uruguay por un ratito”, expresó un uruguayo. Desde Nueva York, otro lector compartió: “Por tanta música, por tantos momentos divertidos. Mi álbum de cabecera: Miscelánea Negra. Viviendo en New York, me toca de lejos una tristeza enorme”.
Del sonido de culto a la fiesta popular
El buzón de El Observador reunió a melómanos de distintas épocas. Se celebraron sus etapas fundamentales en el rock nacional con Tótem, las grabaciones históricas de Circa 1968 y la sofisticación de Goldenwings con los hermanos Fattoruso, a la par de himnos populares como Botija de mi país, Mi país o los éxitos bailables de Muriendo de plena y Cha-cha, muchacha.
Tampoco faltaron los recuerdos cómplices sobre sus pasiones populares —su condición de hincha de Peñarol— ni su particular sentido del humor: “La mejor colección de corbatas de la música uruguaya”, aportó un lector. Y si bien la sección de participación reflejó algunos comentarios aislados y críticos sobre su figura pública o posturas políticas, el pulso general fue de un reconocimiento absoluto.
El sentir colectivo de la comunidad quedó condensado en la cita a uno de sus proyectos más recientes: “Gracias por el empeño que pusiste hasta tus últimos días, trabajador incansable. Quedó una pregunta flotando en el aire... ¿Quién va a cantar ahora?”.