El actor argentino Joaquín Furriel pasó hace algunos días por el ciclo de streaming La Voz en Vivo, donde se sumó al debate en torno a la crisis de la industria audiovisual de su país con una frase contundente: "Nuestra guita se está yendo a Uruguay".
Durante una reciente entrevista, Furriel explicó que el éxodo de capitales no es un fenómeno exclusivo de la actual administración argentina y que la fuga de inversiones ya ocurría durante el gobierno anterior debido a las estrictas restricciones cambiarias, pero que es un hecho que está impactando en la economía del país.
"Somos unos genios. Era tan complicado venir con plata gringa. Antes con el cepo era imposible, porque si yo vengo con plata de afuera, el país te hacía todo imposible. Era todo un lío. Y ahora estamos en otro lío: si venís con plata, preguntás con quién hablar y te dicen 'conmigo no'. Hablá con los privados", detalló el actor.
Esta inestabilidad cambiaria histórica generó un escenario de incertidumbre para los inversores extranjeros que buscaban asentar sus producciones en la región.
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El atractivo de Uruguay para las productoras
Mientras Argentina lidiaba con trabas burocráticas y financieras, Uruguay logró posicionarse como un polo audiovisual altamente competitivo. El país ofrece un ecosistema favorable para las filmaciones internacionales gracias a políticas de Estado que otorgan beneficios fiscales y previsibilidad a las productoras extranjeras, como el Programa Uruguay Audiovisual (PUA).
Esta estabilidad económica, sumada a la ausencia de restricciones cambiarias y la facilidad para importar equipos, convirtió a ciudades como Montevideo y Punta del Este en escenarios recurrentes. Muchas de estas obras, aunque cuentan con elencos y directores argentinos, terminan inyectando millones de dólares en la economía uruguaya.
Furriel también advirtió sobre la falta de diálogo entre la industria cinematográfica y el actual gobierno argentino. Según el actor, a los inversores internacionales se les indica que deben negociar exclusivamente con el sector privado, una dinámica que considera inviable sin el respaldo estatal.
"Los privados en ningún lugar del mundo inventan de la nada una industria audiovisual. La de Estados Unidos la creó el Estado junto con los privados. Pero el Estado está totalmente involucrado", argumentó. Ante este vacío, la producción quedó reducida a las decisiones de los directivos de plataformas de streaming, quienes muchas veces optan por trasladar sus rodajes a países con mejores condiciones operativas.