5 de octubre 2024 - 5:00hs

Ni siquiera era Gustaf. Todavía era Gustavo Perini. No era actor, y ni siquiera tenía esa inquietud. Era un muchacho del Paso Molino, con un grupo de amigos que cada tanto caminaban por Agraciada hasta la Rambla, ida y vuelta porque no había plata para el ómnibus.

Y en una de esas caminatas, un día de sol de 1993, Gustavo superó al sereno del Teatro de Verano y a sus perros y se subió al escenario. Abrió los brazos, y le pidió a su amigo Claudio, que estaba en las canteras esperando, que le sacara una foto con la cámara de rollo que llevaban en los paseos. “Sacame acá, que un día voy a llenar esto”, le dijo.

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Gustaf sigue sin saber qué lo llevó a pensar eso. ¿Una intuición, un episodio cuántico? La pregunta se la sigue haciendo. Pero lo cierto es que por alguna razón dijo lo que dijo. Un año después de esa foto se puso a estudiar actuación, se hizo actor, hizo teatro, espectáculos unipersonales en el Teatro de Verano, en el Sodre, en el Estadio Centenario, hizo cine, series, sacó libros, se convirtió en el presentador de la selección uruguaya de fútbol, se hizo conductor de televisión y radio.

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En el medio la foto se perdió. Durante décadas estuvo desaparecida hasta que la encontró en un libro viejo que tenía en su casa. Y ahora vuelve al Ramón Collazo, esta vez, para celebrar 30 años de trayectoria.

Con ese aniversario por delante, y la celebración prevista para el 8 de noviembre, Gustaf repasó junto a El Observador los momentos clave de su trayectoria, y lo que significaron en este camino. Su camino.

Casa del teatro: la escuela que lo formó

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Empecé a actuar en 1994, pero ya en 1992 en el liceo había actuado, y Daniel Chestak, que es un actor de teatro y era compañero mío, me dijo ‘vos tenés que ser actor’. Me dio tres escuelas para elegir, pero me dijo, ‘tenés que ir a Casa del teatro, que es la escuela de Alberto Restuccia y Luis Cerminara’. Y la gente te decía ‘ah, no, son los revolucionarios, es peligrosa esa escuela, subversiva, es un relajo’. Entonces agarré y fui a esa escuela.

Fue una etapa fermental, detectivesca, porque Restuccia te decía que el actor tenía que ser un detective. Te ponías a investigar, y de un autor ibas a otro. Fui más culto y más sensible gracias a esa escuela de teatro. Mis maestros ya no están, pero sí conmigo cuando salgo al escenario y me empujan. A mí me marcó esa escuela porque tenía una ascendencia vital sobre la comedia, sobre el humor. Si hubiese ido a otra creo que no hubiese pasado lo que pasó hasta ahora.

La primera vez que subió a un escenario

Me acuerdo de la primera improvisación que me llamó la atención porque yo no tenía una cultura teatral. Y yo iba a la clase como vestido para ir al teatro, con mis mejores ropas. Iba, con una camisita, y me acuerdo de anotar la historia de los griegos, y Cerminara decía, ‘vos y vos al frente, comprador, vendedor, y cuando yo haga así, cambian los roles’. Y yo, ‘guau, no voy a poder’. Y me acuerdo cuando pasé, cuando pisé ahí, dije, ‘ah, esto es realmente lo que yo quiero hacer’.

Y después el debut en la Facultad de Arquitectura con una obra que escribí, dirigí y actué con mis compañeros, que era Dónde hay un baño.

Otra es que yo hacía monólogos en clase, y un día Restuccia me dice ‘el sábado debutás en un monólogo mío’. Y antes de empezar me esperaba un sermón, que me hablara de la magia, del teatro, de pisar el escenario, la presencia. Y me dijo ‘no te cagues. Cuando te toque, no te asustes, eh’. Para mí es algo intrínseco el atreverse, es un salto al vacío ir al escenario, no se sabe lo que va a pasar. Es lo más vivo que puede haber. Y tenía razón. Después la frase me la repitió mi padre cuando hice el Antel Arena para festejar 25 años de trayectoria.

El viaje a estudiar en España y cuando lo confundieron con un terrorista

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En 2001, Gustaf recibió una beca para estudiar teatro en España, donde tuvo maestros de primera línea, y fue otra de las experiencias clave de su carrera. Sin embargo, el viaje empezó accidentado.

Me fui al mes del atentado de las Torres Gemelas. Y yo estaba rapado, de barba y vestido de jean. Nunca accedí al avión. Me llevó Interpol, a un cuartito de dos por dos y me interrogaron. Yo tenía toda la documentación de la beca, entonces pasé. Pero tenía una pinta de sospechoso que no daba más.

Atilio Capanga, el descubrimiento

A su vuelta de España, Gustaf tuvo su descubrimiento masivo con el personaje de Atilio Capanga, protagonista de una serie de anuncios publicitarios en televisión del diario El País. El proceso de casting había empezado ya antes de su partida, con más de mil actores incluyendo a varios argentinos pujando por el rol.

Mi madre me llama a Madrid y me dice que me habían llamado de la agencia. Yo tenía una oferta para trabajar en España, pero me miré al espejo y dije ‘tengo que volver’. Fue una revolución popular. Palito Ortega cuenta que se dio cuenta que era conocido cuando fue a hacer los mandados y una señora le cantó La felicidad. Nosotros los actores lo que tenemos son frases. Tres empanadas, éramos tan pobres, vos fumá. Cuando la gente repite el latiguillo es porque el actor llega a un lugar. Y eso es algo mágico, que uno debe agradecer. Milagros que suceden en la actuación.

Las dos caras de Gustaf: hacía reír en la tele, espantaba en teatro

Mientras el público lo descubría en su pantalla, Gustaf y un elenco de nombres destacados del teatro uruguayo (César Troncoso, Adriana Da Silva, Gabriela Iribarren, Álvaro Ahunchain, Jenny Galván y Roxana Blanco) protagonizaban la obra La sangre en el Mincho bar de Montevideo, una obra que ganaría el premio Florencio a Mejor espectáculo por voto popular.

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Era al mismo tiempo que Atilio Capanga, entonces había gente que me veía en el afiche y pensaba que era una obra cómica. Y era la historia de un secuestrador que mataba y cortaba en pedazos a sus víctimas, y yo hacía del asesino. La gente bajaba al sótano y ¡blum! Se cerraba la puerta. Y ahí algunos ya salían corriendo, pedían para salir. Yo terminaba todo bañado de sangre, la gente gritando. Y una vez una señora me esperó, me agarró de las solapas y me dijo ‘no tenés derecho a hacerme reír en televisión, y esto que termino llorando’. Y para mí fue el mayor halago. La tragedia y la comedia, es lo que hace un actor.

Los shows: del Teatro de Verano al Estadio Centenario

No había una cultura de hacer monólogos en el Estadio, entonces antes de hacer el show me puse a investigar, y llegué a Eduardo De Pauli, que en los años 30 llenó el Centenario pero no con un monólogo, sino con un espectáculo con orquestas, los campeones del mundo que jugaron un partido, su actuación, fue como un evento artístico, y él era un gran comediante que quedó olvidado por la cultura oficial. Ese era el único antecedente que tenía. Ninguna escuela de teatro te enseña a actuar en lugares como esos. Diseñé hasta la puesta en escena y la estrategia. En el Teatro de Verano adelanté el escenario, entonces a la primera fila la tenía a medio metro, en el Antel Arena fue un show 360 para el que hubo que traer sonido de Argentina. Son shows que llevan un año de trabajo, involucran a mucha gente y son fascinantes.

El presentador oficial de la Selección

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Debuté actuando antes de partidos de fútbol en la previa de un clásico. Sesenta mil personas. Tenía que actuar 25 minutos, y evitar que cuando llegaran los ómnibus con los equipos la gente no se fuera a las cabeceras a mirar. La gente la semana anterior me decía “te deseo lo mejor”, era como una extremaunción. En la radio decían que no iba a sobrevivir. Y hasta hoy tengo la foto mental de las dos tribunas con las barras y las banderas mirándome, y como diciendo “está loco”.

Después vino lo de la selección. Me conmueve mucho tomar el micrófono y decir la formación antes de cada partido. Además de que es un lugar donde uno no esperaría encontrar a un actor. Y llegar a hacerlo en el Mundial de Qatar 2022, fue toda una experiencia.

Uruguayos campeones

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En 2004 Gustaf fue uno de los protagonistas de la serie Uruguayos campeones, que emitió Canal 4 y en la que pudo exhibir sus capacidades como futbolista con pasado en inferiores de River Plate y su adorado Fénix.

Fui el nueve de Rampla en la ficción. Y todo lo que hacía en la cancha era real. Primera toma. Todos los actores jugábamos, a Alfonso Tort lo matábamos a patadas porque nos daba bronca lo bien que jugaba, era una belleza verlo. Fue una gran ficción, y te diría que es de los mejores personajes que he hecho.

El conductor de televisión que actúa

Luego de años haciendo personajes en programas como De igual a igual, Pan y Circo y Santo y seña, Gustaf se estrenó como conductor en 2021 con Los 8 escalones, y siguió con Ahora caigo tanto en su versión original como con niños, actualmente al aire.

La televisión es popular y te lleva a todos lados. Fíjate que yo voy a hacer un teatro de verano, que a reventar, entran 4800 personas. Un punto de rating está entre 12.000 y 14.000 personas. Un Antel Arena, la tribuna América del Centenario no llegan a un punto de rating. Así que imaginate a dónde llega uno con la televisión, que es lo masivo. Ahora estoy en el horario más masivo, central, tres veces por semana y con aceptación popular. Para mí significa llegar a un lugar donde tal vez me ve alguien que no tiene internet, y lo puedo entretener intentando mechar algo de cultura además.

Yo a la televisión le digo el teatro circular, porque cuando salgo y se prenden las luces es como una función. Yo actúo como en un teatro, por más que sea algo diferente. Me preparo como un actor que va rumbo al escenario.

Cine, series y la cuenta pendiente

20240926 Gustaf, actor, humorista, locutor, presentador, guionista uruguayo.

En su currículum actoral, Gustaf tiene créditos en películas uruguayas, argentinas y hasta una producción italiana, Onda su onda. En los últimos años ha aparecido además en series como El Presidente, de Amazon Prime, donde encarna al presidente de la federación de fútbol italiana, o en Margarita, la novedad de Cris Morena donde hace de villano.

Yo hago los castings y me presento. Propongo, estudio el libreto, y voy como actor. No son personajes cómicos. Pero me gustaría hacer más producciones nacionales. Nos falta eso. A veces dicen que los actores uruguayos son más acartonados, y eso me molesta, porque la razón es que no tenemos esa gimnasia. Haces un papel y para el siguiente pasan cinco años. Tenemos talento pero por ahí los argentinos tienen una industria, entonces hay más entrenamiento. Me gustaría más de eso.

Mirá la entrevista completa:

Embed - Gustaf: "Me gustaría hacer más producciones nacionales. Nos falta eso."

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