19 de noviembre 2024 - 5:00hs

Hace veinticuatro años, en el medio de un pequeño coliseo de provincias, Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejércitos del norte, general de las Legiones Fénix, fiel servidor del verdadero emperador Marco Aurelio, padre de un hijo asesinado y esposo de una esposa asesinada, preguntó si estábamos entretenidos. Se lo preguntó a los espectadores que lo habían visto despachar a seis contrincantes, pero también se lo decía a la audiencia de Gladiador, la historia de la que fue protagonista.

Su hijo de la ficción, Lucio Vero, no hace esa pregunta en la secuela, Gladiador 2, actualmente en los cines uruguayos. Pero ni hace falta, porque entretener es lo que hace esta segunda parte, que tuvo un largo camino hasta su estreno.

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Las versiones frustradas de Gladiador 2

La película del director Ridley Scott ambientada en la antigua Roma fue todo un hito cultural cuando se estrenó en el 2000. Ganó el Oscar, consagró a Russell Crowe, dejó escenas y frases que pasaron al canon del cine de Hollywood. Casi enseguida, los involucrados se pusieron manos a la obra en una continuación.

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Al principio se manejó una idea a lo El Padrino parte II: mitad secuela, con Lucio en una búsqueda para develar la identidad de su padre biológico, mitad precuela, con Máximo ascendiendo en el ejército romano. Enseguida, y para aprovechar a Crowe, se planteó agregar un elemento de fantasía, al hacer que el gladiador reviviera tras su muerte al final de la primera parte.

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Nadie se puso de acuerdo en cómo ejecutar la historia, por lo que Ridley Scott busco abrir la cancha y le ofreció el encargo del guion de esta segunda entrega al músico y escritor australiano Nick Cave.

El artista entregó su trabajo, que se puede leer en internet. El resultado es bastante peculiar: los dioses romanos, preocupados porque están perdiendo pie ante el cristianismo, reviven a Máximo y lo mandan a cazar católicos. Después de matar a su hijo, el personaje de Crowe queda maldito; no puede morir y está condenado a pelear en todas las guerras de la humanidad. Las últimas páginas lo muestran peleando en Vietnam y en las Cruzadas, y ofreciendo sus servicios al Pentágono. Por muy interesante que hubiera sido, esta versión no prosperó.

El tiempo pasó, Crowe se bajó del proyecto, y finalmente en los últimos años Gladiador 2 tomó forma. Una forma, hay que decirlo, bastante parecida a la de su antecesora.

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“Alcanzaré mi venganza, en esta vida o en la otra”

Ambientada 16 años después de “la uno”, Gladiador 2 no empieza en la capital imperial, sino en las costas del norte de África. Ahí vive Hanno, la identidad asumida por Lucio Vero luego de que su madre lo saque de Roma para protegerlo de aquellos interesados de que este chico de sangre real (es nieto del emperador Marco Aurelio, mentor de Máximo) no sea un candidato al trono.

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Paul Mescal protagoniza Gladiador 2 como Lucio Vero

Paul Mescal protagoniza Gladiador 2 como Lucio Vero

Hanno tiene, como tenía su padre, una granjita con gallinas y una esposa con la que pelea codo a codo cuando los romanos vienen en sus barcos a conquistarlos, en una batalla inicial que se encarga de encadenar al espectador a la pantalla. Hablando de encadenar, al pobre Hanno le pasan todas seguidas: la ciudad donde vive cae ante los legionarios, su esposa recibe un flechazo letal al medio del pecho, y como su padre, él termina con grilletes en las muñecas rumbo a la capital del imperio, donde lo convertirán en el luchador que avisa el título.

En los coliseos romanos, Hanno retomará el contacto con su historia familiar, mientras (pues sí, como su padre), busca venganza del responsable de sus males, el general Justo Acacio. Mismo espíritu que la primera película, aunque luego hay suficientes variaciones y giros como para no acusar a ninguno de los involucrados de haber cometido un delito.

Una historia de venganza con bastante sangre, todavía más sudor y alguna lágrima ocasional que tiene en el centro a dos de los actores predilectos del internet actual gracias a su combinación de atractivo físico, estética cuidada y un costado sensible que derrite corazones: Pedro Pascal (Acacio) y Paul Mescal (Lucio).

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Mescal, con el desafío de la sombra de Crowe, cumple con el papel de tipo recio de físico trabajado y líder noble con solvencia. Acá, si bien no hay un rango emotivo tan destacado como en la película que le valió una nominación al Oscar (Aftersun), lo pone por primera vez en el rol de figura de acción y de “estrella de cine” de la vieja época, y salva el examen, aunque como le pasa a toda la película, sin superar la vara de su predecesora.

El que merece destaque aparte es Denzel Washington, que encarna a Macrino, el propietario/promotor de Lucio, un ambicioso y ampuloso aspirante a ocupar los asientos más poderosos del imperio romano que encuentra en su gladiador una útil herramienta. Washington se devora la pantalla en cada aparición, y es un placer verlo divertirse como lo hace en esta película.

Sangre, poder y monos: lo mejor y lo peor de Gladiador 2

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Denzel Washington en Gladiador 2

Denzel Washington en Gladiador 2

Más allá del componente de historia de venganza que conduce la trama de Gladiador 2, la otra pieza central de la historia es la lucha por el destino de Roma y la puja contra la corrupción y el desbunde de sus líderes, en este caso los emperadores hermanos Geta y Caracalla, dos muchachos todavía más pasados de rosca que el Cómodo de Joaquin Phoenix de la primera película.

Quien quiera encontrarlos va a poder ponerle a las discusiones entre los protagonistas sobre el estado del imperio equivalentes con el presente del país productor de esta película, Estados Unidos: discusiones sobre la existencia de un “sueño romano” que ha sido pervertido, el deseo de que Roma sea nuevamente un país donde los inmigrantes pueden encontrar trabajo y paz, que el gobierno sea de la gente y no de las élites poderosas o donde todos tengan oportunidades. Las calles de esta Roma están llenas de indigentes y la tensión está en el aire.

Por eso quizás la película termina resolviendo de la forma más abrupta, y tampoco parece tener la pretensión de dar discusiones filosóficas o sociales más allá de plantearlas. Tampoco importa mucho, porque es algo que queda tapado entre la sangre y las espectaculares batallas en el Coliseo.

Si hay algo que no falla en esta Gladiador 2 son esas peleas. Desde un mano a mano entre dos hombres hasta recreaciones de batallas navales o duelos contra monos salvajes (el peor uso de efectos especiales en la película) o rinocerontes, la intensidad y la emoción no bajan nunca. Shocks de adrenalina y espectáculo que funcionan a la perfección y que le dan a las dos horas y media que dura la película un ritmo eléctrico.

Ahí está lo mejor de esta segunda parte. En el Coliseo. Gladiador 2 es una buena oportunidad para establecerse con un balde de pop ante una pantalla de cine y dejarse llevar. Esta vez ningún gladiador se lo va a preguntar, pero hay buenas chances de que se entretenga.

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