4 de diciembre de 2019 5:02 hs

Tres presidentes en  la Mesa Ejecutiva de Primera División, dos fines de semana sin fútbol por paro de los árbitros, ocho fechas en un torneo de 15 (Clausura) disputadas entre semana, nueve clubes no asisten al Consejo de Liga que desde junio no tiene quórum para sesionar y la decisión de Nacional del 23 de noviembre de retirar a su representante de la mesa (Aldo Gioia) y a sus delegados, hacen un combo que de alguna forma explica por qué el 4 de diciembre, a 18 días de la licencia anual de los jugadores, los dirigentes negocian contrarreloj para terminar el torneo de la temporada 2019 que fue el más apasionante que tuvo el Campeonato Uruguayo en los últimos años.

¿Por qué este Campeonato Uruguayo de 2019, cuyo nivel futbolístico no es bueno, mantiene la expectativa hasta el final como pocas veces?

1) Tres equipos peleando por el primer lugar de la Tabla Anual (Nacional, Peñarol y Cerro Largo separados por tres puntos) y con dos de ellos (Peñarol-Cerro Largo) jugando en la última fecha en el Campeón del Siglo.

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Camilo dos Santos

2) Cuatro clubes disputando el título del Clausura (Nacional, Peñarol, Plaza y Progreso, separados por tres puntos).

Inés Guimaraens

3) El último descenso entre Boston River y Racing a punto de resolverse por una décima de punto por la forma en que se estructura esa clasificación en la AUF.

4) Nueve equipos peleando por la clasificación a las copas internacionales: Nacional, Peñarol y Cerro Largo por US$ 3.000.000 que otorgan ir como número  1 y 2 a la fase de grupos de la Libertadores; Progreso y Liverpool jugando por el cuarto cupo a la Libertadores; Fénix, River Plate, Wanderers, Defensor Sporting y Boston River disputando dos lugares en la Sudamericana.

Las situaciones enumeradas parecen suficientes elementos para brindarle a un torneo organizado el marco perfecto para su definición. Sin embargo, el Campeonato Uruguayo está envuelto en una situación de indefinición.

¿Por qué llegó a esta crítica situación?

A lo largo de la temporada, el fútbol de Primera División quedó de rehén de una lucha de poder de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), que en marzo tuvo su punto de mayor ebullición con las elecciones que Ignacio Alonso (el candidato de Nacional, Peñarol y los futbolistas) le ganó en una segunda vuelta, ajustada (40-34), a Óscar Curutchet (el candidato impulsado por Tenfield).

Leonardo Carreño

Los coletazos de esas disputas, y las presiones ejercidas por Nacional, fueron impactando en distintos momentos del año en el normal desarrollo del torneo.

Tres presidentes de Primera en un año

Jorge Casales, presidente de la Mesa Ejecutiva desde octubre de 2015, había anunciado que en febrero, tras la puesta en marcha del Apertura 2019, se alejaría. En ese momento el fútbol estaba bajo la conducción de Pedro Bordaberry, mandatado por FIFA.

Leonardo Carreño

Sin embargo, la salida de Casales -que no debía ser forzada porque se lanzaba a la arena política en su club, Defensor Sporting- derivó en una marcha abrupta cuando los clubes decidieron postergar una semana el inicio del Apertura.

Acéfala, la mesa quedó integrada por Hugo Pío (Nacional), Jorge Campomar (Peñarol), Emilio Fernández (Plaza) y Julio César Road (River Plate). En las semanas siguientes se fue desmembrado hasta quedar solo con dos miembros y sin poder de decisión (necesitaban tres integrantes), por esa razón en marzo Bordaberry nombró a Elías Zumar presidente.

@AUF

En mayo, con el cambio de gobierno, asumió la nueva mesa con Juan Ceretta (presidente), Gastón Inda (Wanderers), Jorge Campomar (Peñarol), Emilio Fernández (Plaza) y Aldo Gioia (Nacional). Durante siete meses funcionó con todos sus miembros hasta que el 23 de noviembre, por decisión de la directiva de Nacional, Gioia renunció.

Consejo de Liga: sin quórum desde junio

En el primer llamado de Ceretta al Consejo de Liga, en junio, se desayunó con el nuevo escenario que le esperaba. No tuvo quórum. Esa decisión de nueve clubes le impedía realizar modificaciones y cambios sobre el torneo.

El torneo seguía su curso porque el formato de disputa del Campeonato Uruguayo fue votado en diciembre de 2018, y bajo esos lineamientos todos los dirigentes que integraron la mesa fueron fijando las fechas sin poder realizar modificaciones a lo dispuesto.

Los nueve clubes (Cerro Largo, Cerro, Progreso, Juventud, Danubio, Fénix, Racing, Liverpool y River Plate), que se oponen a la gestión de Alonso, bloquearon cualquier opción a considerar en el órgano máximo que regula la competencia del fútbol profesional de Primera División.

Junio, julio, agosto, setiembre, octubre y noviembre, una vez al mes, Ceretta convocó a Consejo de Liga y se encontró con que solo asistían siete: Nacional, Peñarol, Wanderers, Rampla, Boston River, Defensor Sporting, Plaza.

Cuando en octubre Progreso pretendió llevar a Nacional a jugar al Koster de Mercedes, se encontró con la negativa de la mesa. ¿La razón? Ese escenario no está incluido dentro de los habilitados por la AUF y solo el consejo de liga podría autorizarlo, pero no sesionaba desde junio. ¿Resultado? Molestia de Progreso que amenazó con no jugar ante Nacional. Finalmente desistió, realizó obras en el Paladino y llevó a los dos grandes a La Teja.

La crisis política sumó otra perla cuando el 23 de noviembre, Nacional retiró a sus delegados. Ahora son 10 los clubes que no asisten a la AUF.

Camilo dos Santos

¿Por qué sigue funcionando la AUF sin el respaldo de 10 clubes de Primera? Porque el nuevo Congreso de la Asociación (aprobado en noviembre de 2018 y en práctica desde marzo 2019) hizo de la AUF un órgano que ya no avanza y retrocede al ritmo que quieren los 16 clubes de Primera sino de acuerdo a lo que determinan el fútbol profesional, el fútbol amateur y los grupos de interés. La nueva estructura se compone: Clubes de Primera División 32 votos, Segunda División Profesional 14, Primera amateur: 6, OFI 6, Futbolistas 11, Árbitros 1, Entrenadores 1, fútbol sala 1 y fútbol femenino 1.

Con la vieja estructura de la Asamblea de Clubes, en la que las 16 instituciones de Primera tenían el control absoluto de la AUF (tenían 84% de los votos del cuerpo), a esta altura podrían haber derrocado a Alonso. Sin embargo, en el nuevo escenario de la Asociación, con (42%) de representación en el Congreso, no tienen capacidad para hacerlo.

En el caso actual: 10 clubes equivalían al 54% de los votos de la vieja Asamblea, pero en el Congreso tienen apenas 26%.

En estas situaciones es en donde se puede observar el cambio profundo que experimentó la AUF en el terreno político y la diversidad que logró como órgano rector de todo el fútbol y no solo del profesional.

Para atender su asunto, en el nuevo estatuto está previsto la creación de una Liga Profesional, un instrumento que los clubes quisieron regular, pero aún no consiguieron darle forma.

Las presiones de Nacional

En la crisis de la AUF, Nacional tuvo dos intervenciones políticas que dinamitaron la estructura. La primera, en abril, luego del partido Fénix 4-Nacional 4, cuando los tricolores fueron perjudicados porque no le validaron dos goles lícitos, que le hubieran permitido lograr el triunfo y generó expresiones públicas del presidente albo José Decurnex que los árbitros recibieron como presiones y amenazas.

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Esa misma semana, hinchas de Nacional ingresaron en forma intempestiva en la AUF con pancartas contra los árbitros. El resultado de las declaraciones de Decurnex y el vicepresidente Alejandro Balbi y la reacción de los hinchas, provocó el primer paro de árbitros y la undécima fecha se postergó. El fin de semana del 27 y 28 de abril no hubo fútbol.

El segundo paro de los jueces se ejecutó después de otra arremetida política de Nacional, cuando el 23 de noviembre Nacional le quitó abruptamente, y sin esperar la respuesta de la AUF, la confianza a Alonso y que los jueces decidieran parar por amenazas al presidente de la gremial y el robo y un grafiti en su domicilio.

La desorganización de las fechas

El tiempo que tuvo cada torneo es un detalles que refleja la forma irregular en que se distribuyeron las competencias.

-El Apertura se jugó en 104 días (16 de febrero al 31 de mayo)

-El Intermedio en 57 (13 de julio al 8 de setiembre)

-El Clausura, si finaliza este jueves, en 82 (14 de setiembre al 5 de diciembre).

Leonardo Carreño

En el año se suspendieron siete fechas: dos por paros de jueces (28 de abril y 1° de diciembre), dos por lluvias (29 de setiembre y 12 de octubre), dos por las Elecciones Nacionales (octubre y noviembre) y una por el fallecimiento de un jugador de Tercera de Boston River (29 de setiembre).

Cuando la mesa presidida por Ceretta asumió en junio, no tuvo margen para cambiar las fechas de disputa del Intermedio. Esas son decisiones del Consejo de Liga. Por esa razón el Clausura quedó apretado en 82 días. Por esa razón, ocho de las 15 fechas (2, 5, 6, 8, 10, 13, 14 y 15) se disputaron entre semana. Las tres últimas, en donde se resolvía todo en las tablas, se jugaron días miércoles, jueves y viernes.

¿Por qué se tiene que jugar el jueves 5?

Las fechas para terminar la temporada están comprometidas por la cantidad de partidos pendientes. En el escenario con más encuentros quedan: fecha 15 del Clausura, desempate en el primer lugar del Clausura, desempate en la Tabla Anual, un partido semifinal, primera final y segunda final del Uruguayo.

El plazo máximo para terminar el torneo es el 22 de diciembre, porque al otro día los jugadores comienzan la licencia anual.

Con ese panorama la AUF necesita que los jueces levanten el paro y que se desarrolle el siguiente calendario:

Jueves 5 la fecha 15

Domingo 8 eventual primer lugar en el Clausura

Miércoles 11 eventual primer lugar en la Anual

Domingo 15 eventual semifinal por el Uruguayo

Miércoles 18 eventual primera final

Domingo 22 eventual segunda final

También puede suceder que si el jueves Peñarol es campeón del Clausura y primero en la Anual, el 5 de diciembre se habrá terminado el Uruguayo 2019, pero no pueden postergar el partido más allá de esa fecha frente a las eventuales definiciones.

Por estos días, cuando el marketing se habría encargado de potenciar la definición del mejor torneo local de los últimos años, el fútbol profesional de Primera División en Uruguay quedó de rehén de la disputa política de un grupo de nueve clubes que impulsaban a Curutchet contra el ejecutivo de Alonso, los cambios en la conducción y las presiones políticas que ejerció Nacional que derivaron en paros de los árbitros.

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