22 de mayo de 2026 15:22 hs

Uruguay posee desde este viernes el primer capítulo nacional del Consejo Empresarial por la Ética de la Inteligencia Artificial impulsado por UNESCO, el primero de América Latina. El lanzamiento fue en la Torre Ejecutiva de la Presidencia. "Uruguay es el primer país, creo que en el mundo, que lo está haciendo", dijo Carlos Acle, presidente electo del Consejo.

La Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI) preside el capítulo local, con Acle a la cabeza.

El armado superó las expectativas de la propia UNESCO. Ernesto Fernández Polcuch, director de UNESCO Montevideo, reconoció que esperaba poco entusiasmo: "pensé que íbamos a tener dos o tres empresas". El resultado fue otro.

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"Rápidamente hubo al menos 35 empresas que se anotaron. Tuvimos elecciones para elegir al presidente y al vicepresidente, lo cual no estaba en nuestros planes", contó Fernández Polcuch.

Y dijo que la experiencia ya se mira afuera: países de la región empezaron a preguntar "¿Y nosotros cuándo?".

El plan se presentará como buena práctica replicable en el foro regional sobre IA de junio en República Dominicana y en el foro mundial de ética de la IA en Arabia Saudita.

Las cifras que explican la urgencia

El lanzamiento se apoyó en datos de un estudio que UNESCO presentó este año sobre adopción corporativa responsable de IA, con información de 2.972 empresas. "Solo 1 de cada 10 empresas ancla su trabajo en una gobernanza ética formal", expuso Giselle Burbano, especialista regional del organismo.

Burbano sumó otros dos números del relevamiento: el 11% tiene herramientas para evaluar el impacto ambiental de sus desarrollos de IA, y el 86% carece de políticas de protección laboral frente al avance de estas tecnologías.

El panel del lanzamiento, integrado por referentes del sector público, privado y educativo, giró sobre una misma idea: que la ética no opere como freno sino como condición para que la innovación genere confianza.

Uno de los panelistas, Pablo Síris, director nacional de Telecomunicaciones y Servicios de Comunicación Audiovisual, planteó que el país piensa en un modelo híbrido: "legislación nacional para proteger derechos, estándares abiertos, la más amplia participación técnica y mercados impulsados por el interés público".

Ese mismo orador advirtió sobre el riesgo opuesto. "Una regulación hiperprecavida, nacida del temor a lo desconocido, puede asfixiar la competitividad", dijo, y resumió el dilema actual: "el debate no es si se debe regular, sino cómo".

El objetivo, según planteó, es mitigar riesgos concretos como el sesgo algorítmico o el desplazamiento laboral, mientras se incentiva la inversión. La meta declarada: posicionar a Uruguay "como un laboratorio confiable de inteligencia artificial para el mundo sin dejar a nadie atrás".

Desde AGESIC, su directora Cristina Zubillaga sumó el eje de la soberanía. Señaló que el uso de los datos, la gestión del conocimiento de cada organización y la continuidad operativa se vuelven críticos en un escenario de plataformas cada vez más globalizadas.

Zubillaga adelantó además un movimiento concreto del Estado: a iniciativa del Parlamento, AGESIC lanzará un mecanismo de participación ciudadana sobre la regulación de la IA, con el objetivo de "construir una política pública entre todos".

Datos, productividad y la ventaja uruguaya

Juan Ignacio Dorrego, presidente de la Agencia Nacional de Desarrollo, aportó una mirada menos optimista sobre el presente de la tecnología. Sostuvo que, por ahora, la IA "refleja una especie de promesa" más que una transformación real de la economía.

Dorrego respaldó esa lectura con datos: la adopción de IA en el sector empresarial no supera el 20% incluso en países de la OCDE, y los que además suman un manual de ética son la mitad de ese grupo. Cerca del 95% de los proyectos de IA, agregó, hoy tienen rentabilidad cero.

Tampoco aparece, según expuso, un crecimiento ni una mejora de productividad impulsados por la IA a nivel agregado, salvo en sectores puntuales.

Aun así, marcó los activos del país. Uruguay tiene el 98% de su energía de fuentes renovables, lo que permite alimentar centros de datos con energía limpia, una ventaja frente al mundo. Y recordó que Antel ubica al país como número uno en conectividad en las Américas.

A eso sumó alianzas con Microsoft, Google y AWS. Y citó a la economista Carlota Pérez: la IA atraviesa una etapa de "instalación" marcada por la incertidumbre, que necesita un giro hacia una fase de despliegue.

Educación crítica y equidad de género

La presidenta del Plan Ceibal, Fiorella Haim, llevó la discusión al sistema educativo. Puso el foco en la palabra "crítico": el desafío es preparar a niñas, niños y adolescentes para entender de forma crítica los entornos digitales en los que ya están inmersos.

Haim explicó que Ceibal —que cumplió 19 años en mayo— trabaja desde hace tiempo en lo que llama "alfabetización en inteligencia artificial", con un programa extendido de pensamiento computacional, sobre todo en primaria.

La jerarca insistió en la equidad de género en el área STEM. Recordó el trabajo conjunto con Cuti para promover la participación de niñas en el sector, y dijo que hoy es "más crítico todavía" por el impacto de no tener equipos diversos en el desarrollo de IA.

En esa línea, Ceibal impulsa la presencia de niñas en las Olimpíadas de Robótica, programación y videojuegos, con la idea de que tomen roles de liderazgo y se reconozcan como creadoras de tecnología. En octubre presentará, junto a UNESCO, proyectos de su laboratorio de IA en educación.

Ética "by design" y el plan 2026

La iniciativa se enmarca en la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial que UNESCO adoptó en 2021, validada por 193 Estados miembros, lo que implica su adopción e implementación a nivel nacional.

Fernández Polcuch ubicó el dato en el tiempo: la Recomendación se aprobó en noviembre de 2021 y, un año después, ChatGPT ya estaba en la mesa del desayuno de las familias. Por eso, dijo, la conversación no puede quedar solo entre los Estados.

El director de UNESCO Montevideo defendió que la ética sea "by design", incorporada desde el diseño y no como una capa final. "Sin las empresas no hay ética en la IA by design, lo que hay es parches", afirmó, y la calificó como una futura ventaja competitiva para las firmas uruguayas.

Acle, por su parte, defendió el carácter multisectorial del Consejo, integrado por empresas tecnológicas y no tecnológicas de distinto porte. "No es lo mismo la aplicación de la inteligencia artificial en la banca que en el agro", planteó.

El presidente del Consejo señaló que el espacio no se queda en el debate ni en las herramientas, sino que asume un rol de formación y sensibilización. "Entender cómo se construyen estas herramientas, cómo se usan, es una de las claves", dijo.

Durante 2026, el Consejo trabajará en tres ejes: sensibilización e información sobre la Recomendación de UNESCO, un programa de capacitación en ética y gestión de riesgos —con foco en upskilling y cambio organizacional—, y la difusión pública de estos temas para sumar más empresas y socios.

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