3 de julio de 2026 5:00 hs

Hace una semana, Benedikt Franke estuvo en el sur. Nuestro sur. Pasó por Brasil, pero también por Montevideo y llegó a estar en el Palacio Legislativo hablando con legisladores sobre seguridad internacional. Estuvo con Sandra Lazo, ministra de Defensa, y también con Juan Martín Rodríguez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento de Uruguay.

¿Quién es él, como para poder hablar de guerras, conflictos, seguridad y tendencias mundiales? Actualmente, es el director ejecutivo y vicepresidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich, más conocida por las siglas “MSC”.

Es uno de los principales foros de debate del mundo, y allí se debate específicamente sobre políticas de seguridad internacional. Es, en definitiva, una iniciativa diplomática para abordar las preocupaciones de seguridad mundiales.

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De forma anual, publica el Informe de Seguridad de Múnich, que es de referencia entre el universo de personas y políticos que se dedican a la seguridad. Pero, además, hay una conferencia anual principal y varios eventos que aparecen de forma periódica.

Latinoamérica se encuentra en una situación geopolítica muy difícil”, escribió Franke después de su pasaje por Uruguay y Brasil en un posteo de LinkedIn. Reflexiona, en ese sentido, que hay presiones de Estados Unidos, de China y de Europa para tomar partido, para generar opciones de alianza.

En ese mismo posteo agregó que “el auge del crimen organizado sigue siendo la principal preocupación de seguridad para prácticamente todos estados de la región” porque “el creciente delito y la corrupción no solo socavan la credibilidad, la legitimidad y la eficacia de los sistemas estatales (sobre todo al hacer que alternativas autoritarias como Bukele en El Salvador parezcan más atractivas), sino que también fomentan la polarización política”.

De hecho, algo muy similar es lo que dijo Franke en conversación con El Observador: que el combate al narcotráfico es “un campo de cooperación perfecto entre la Unión Europea y América continente”.

Sobre eso y varios temas de seguridad mundial habló Franke con El Observador: el nuevo orden mundial, el papel de las Naciones Unidas, el G7, las estrategias de Estados Unidos y Europa, el avance de la inteligencia artificial, la guerra entre Estados Unidos e Irán, la de Rusia contra Ucrania, los conflictos de “segundo orden”, la inmigración y las políticas europeas al respecto.

MSC/Saurer - Foro europeo sobre defensa en Oxford, 2026

MSC/Saurer - Foro europeo sobre defensa en Oxford, 2026

Claramente, el orden mundial hoy no es el mismo que era durante la Guerra Fría, pero a menudo se hacen comparaciones de la actualidad al momento en que la energía nuclear ponía en riesgo a la humanidad. Esta vez, por el avance tecnológico. Si tuvieras que darme una foto del orden mundial actual, ¿cómo sería esa foto?

En la última Conferencia de Seguridad de Múnich hubo tres escuelas de pensamiento sobre el estado actual del orden global. Una estaba encarnada por Occidente, como el canciller Merz de Alemania. Él dijo que el orden global está muerto, que ya no existe, que no tiene reparación. Era muy escéptico.

Luego estaban los países del Sur Global que decían: "El orden global aún no está lo suficientemente muerto. Lo que tenemos actualmente todavía está inclinado en nuestra contra, sigue siendo injusto". Y estaban los republicanos de MAGA, los conservadores, que decían: "No importa realmente cuál sea el orden ahora, porque cuando terminemos, el orden será mucho mejor y perfecto otra vez".

A mí todo me parece un poco corrido. Yo creo que es verdad que no hay vuelta atrás a lo que teníamos antes. También creo que lo que teníamos antes no era perfecto, y que ahora es el momento de reconstruir y proponer algo que sea adecuado para su propósito de nuevo.

Le sigo diciendo a la gente que el sistema de la ONU que todos amamos se construyó a finales de los años 40 del siglo pasado para resolver los problemas de finales de los años 20 del siglo pasado. Ya no es adecuado para su propósito. Tampoco me gusta la forma en que Trump habla de la gobernanza global, pero creo que a veces tiene un punto cuando dice que no es capaz de resolver los problemas de hoy, y mucho menos los de mañana.

¿Cuál es el rol actual de la ONU? ¿Qué papel está jugando?

Después de la Segunda Guerra Mundial, en realidad, solo tenía un rol: evitar la Tercera Guerra Mundial. Y creo que hizo un buen trabajo. Pero, siendo sincero, dejamos de preocuparnos por la ONU. Como cualquier cosa buena, necesitás invertir amor, necesitás invertir esfuerzo, necesitás invertir mucho, y no lo hemos hecho.

La ONU, tanto la sede central como las organizaciones subsidiarias, se han politizado demasiado. Todo se ve a través de varios prismas políticos: una visión sobre la guerra en Gaza, sobre Irán, sobre Rusia, sea lo que sea. Creo que la ONU funcionaba particularmente bien cuando era neutral en sus opiniones políticas.

En este momento, creo que es demasiado política. Si esta organización va a tener una oportunidad de supervivencia y renovación, necesitamos despolitizarla. UNICEF necesita ocuparse de los niños, la UNESCO necesita ocuparse de la cultura, el ACNUR necesita ocuparse de los refugiados, y no deberían tener una postura sobre Gaza, no deberían tener una postura sobre Rusia. Cada uno tiene derecho a sus propias opiniones personales, pero estas organizaciones no deberían utilizarse para promover esas opiniones.

¿Una suerte de escenario para la retórica, para mostrar posturas?

Sí, totalmente. Es un escenario para el lucimiento político. Es un escenario para acusar a Rusia, acusar a Israel, o acusar a los palestinos. Hoy en día, es casi como una herramienta de ataque en lugar de lo que se suponía que debía ser: un mecanismo de alineación y coordinación… algo más grande que la suma de sus partes. Ahora tengo la sensación de que es exactamente lo contrario. Es más pequeña que la suma de sus partes. Eso es una gran lástima.

Salvando las distancias, ¿qué peso tienen foros como el G7, cuando muchas veces las decisiones se siguen tomando de forma unilateral?

Recuerdo el discurso que Mark Carney dio en Davos sobre esta idea de la geometría variable, esta idea sobre coaliciones de los dispuestos funcionando. Entonces, veo que el G7 es algo que a ojos de los estados miembros funciona. El problema es que si las Naciones Unidas funcionaran correctamente, no necesitarías todos estos grupos secundarios. Te concentrarías simplemente en lo real, en las Naciones Unidas. No inventarías el G7, el G20, el G77, el E5, el P5 y todo lo demás. Por eso tengo la sensación de que este movimiento hacia las coaliciones es una prueba más de que el sistema general ya no es atractivo, ya no tiene un propósito, y necesita una renovación.

¿Hacia dónde vamos, entonces? ¿Hacia la anarquía o hacia la renovación?

Yo creo que este orden al que nos hemos acostumbrado va a terminar, y no tenemos idea de cómo va a terminar. Podría tomar 10 años y desvanecerse lenta, pero firmemente, o podría ser como la Unión Soviética. Todo era para siempre hasta que dejó de serlo.

Creo que al final no es tan importante cómo termine. La pregunta es cómo se puede reiniciar, cómo se reinicia la próxima iteración. Hay ocho caminos. Y de estos ocho caminos, creo que solo dos son realistas. Está el de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, impulsado por el hegemón, impulsado por el Estado, impulsado por el Sur Global, impulsado por la región, etc. Creo que las dos formas en que la gobernanza global puede renacer es, o bien mediante organizaciones como la Unión Africana, la Unión Europea, la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental, la Organización de los Estados Americanos, poniéndose las pilas y cooperando. Esa es una posibilidad teórica.

La segunda posibilidad teórica, una forma de reiniciar la gobernanza global, es si la humanidad se enfrenta a un problema que sea tan crudo, que sea tan grande, que sea tan existencial, que no haya otra forma más que cooperar. Un poco como la Segunda Guerra Mundial, pero tal vez sea un cambio climático masivo, la degradación ambiental, una invasión alienígena o, mucho más probable, esta carrera tecnológica saliéndose de control, donde países como Uruguay, como Alemania, que no tienen voz ni voto en el asunto, queden atrapados entre China y los Estados Unidos intentando encontrar una salida a eso. Esa creo que es la forma más realista en que se reinicia la gobernanza global.

Volviendo a la actualidad, ¿qué estrategia están planteando hoy Estados Unidos y Europa? ¿Cuáles son sus prioridades?

La relación transatlántica definitivamente está en un lugar muy difícil, pero no se va a romper. Europa va a hacer sus deberes. Será doloroso, tomará más tiempo de lo que nos gustaría, será frustrante, pero Europa se convertirá en un mejor aliado, hará más por su propia defensa y, para ser sincero, creo que será un lugar muy atractivo para hacer negocios y mudarse en el futuro. Estados Unidos, por otro lado, tendrá dificultades para mantener la hegemonía que ha tenido durante las últimas dos décadas, frente a China y frente a otros actores. Por eso creo que llegará un momento de rendición de cuentas y de acercamiento, cuando Estados Unidos se de cuenta de que sí necesitan a estos molestos europeos, y los europeos se darán cuenta de que en realidad es bastante agradable tener un hermano mayor al otro lado del océano.

¿Hasta qué punto la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán ha redefinido las alianzas en Medio Oriente?

El conflicto de Irán, o la guerra de Irán, como quieras llamarlo, es realmente un punto de inflexión en muchos sentidos. Ha cambiado la visión de algunos estados del Golfo respecto a Estados Unidos como un socio confiable. Ha cambiado la mentalidad de muchas personas en Europa cuando se habla de depender de la energía fósil. Muchos alemanes ya no entienden por qué dependemos del Estrecho de Ormuz, un lugar lejano, fuera de nuestro control.

No solo hay dinámicas regionales, también hay algunos efectos colaterales para el futuro. Pero, en particular, también ha tensado la relación entre Israel y los Estados Unidos. Hemos oído hablar de las llamadas telefónicas entre Trump y Netanyahu, hemos visto que envían mensajes muy contradictorios y ese es un desarrollo digno de mención.

Hemos visto que Irán sigue siendo un actor a tener en cuenta. Se han mantenido a flote y siguen causando perturbaciones. Sí creo que lo único que vale la pena que salió de ese conflicto es que el programa nuclear parece estar pausado o detenido por el momento, y eso es algo bueno. Todo lo demás, no me hace tan feliz. Me resulta difícil ver al pueblo iraní anhelando la libertad y no obteniendo ninguna. Me resulta difícil que el comercio mundial sea tomado como rehén. Me resulta difícil que esto se haya hecho innecesariamente, y me resulta difícil que Israel tenga que luchar por su vida todos los días. Todas estas son verdades separadas, pero igual de molestas.

¿Y al respecto de la idea de que este conflicto aceleró una división entre el mundo occidental y el mundo islámico?

No sé si compro esa idea. Sí creo que todas las cosas que sucedieron después del 7 de octubre, después de este terrible ataque terrorista contra Israel, realmente no han ayudado a nadie. No ha ayudado a los israelíes, obviamente, no ha ayudado a los palestinos, no ha ayudado a los vecinos árabes, no ha ayudado a nadie. ¿Si creo que hay una división creciente entre los estados árabes y Occidente? Tengo la sensación de que algunos estados árabes están reevaluando su asociación con Estados Unidos, tengo la sensación de que algunos estados que han vivido muy bien en el pasado están reevaluando sus modelos de negocio y de operación, como los Emiratos y Qatar, y creo que muchos occidentales que han utilizado estos refugios seguros como Dubái y Abu Dabi, están regresando a sus países. Así que puede haber algunos efectos a largo plazo ahí, pero creo que al final del día todos saben que estamos en un lío, todos saben que necesitamos salir de él y nadie tiene realmente una solución.

Con la persistencia de la guerra entre Rusia y Ucrania, ¿qué se ha revelado sobre la geopolítica y sobre aquella idea de que ser de la OTAN te hacía tener una defensa extendida se diluyó?

La guerra en Ucrania nos enseñó muchas cosas. Nos enseñó que todavía hay anarquía, que todavía hay impunidad, que la historia no ha terminado y que las cosas continúan de la forma en que han sido durante cientos de años. Un país atacando a otro por territorio, son razones históricas. Así que esa es una parte interesante.

El hecho de que al menos favorecido actualmente no le esté yendo tan mal es genial. Yo discrepo con la idea que trajiste. Creo que la pequeña Ucrania ha aguantado contra la enorme Rusia durante más de cuatro años porque los europeos y porque la OTAN han ayudado. Tenés toda la razón en que, obviamente, no han hecho lo suficiente. No han hecho lo suficiente para ayudar a Ucrania a ganar, necesitan hacer mucho más en el futuro. Pero miremos los hechos. Rusia está luchando por su vida actualmente: ha perdido más de 2 millones de personas, se ha convertido en un paria internacional y los ucranianos se han convertido en héroes. Los ucranianos han construido una industria de defensa que no tiene rival, los ucranianos son los europeos que todos queremos ser. Así que detesto la guerra, pero para ser sincero, el efecto es muy diferente de lo que todos habríamos pensado hace cuatro años.

Más allá de los grandes focos, hay algunos conflictos de “segundo orden”. Por ejemplo, Taiwán, Venezuela y varios otros. ¿Cuál es su impacto en la estabilidad global? ¿Los estamos subestimando?

Lo que es verdad es que se acumulan. Se acumulan en este sentimiento de incertidumbre, y dividen la atención porque realmente no sabemos en qué enfocarnos. Por lo tanto, creo que hay un propósito detrás de algunos de estos conflictos porque sí desvían la atención. Sí reenfocan la atención en las cosas, por lo que no creo que los subestimemos. Quizás no los estamos vinculando. Taiwán, Venezuela, Somalia, Kosovo, Georgia, los que quieras nombrar.

Al final del día, sí, todos son eventos independientes, pero también están vinculados porque la Unión Europea, Estados Unidos, el sistema de gobernanza global, no pueden lidiar con todos ellos por separado y necesitan vincularlos. Y yo encuentro que ese es un campo increíblemente interesante para observar, y es algo que la Conferencia de Seguridad de Múnich intenta reevaluar.

Tú los llamás conflictos de segundo orden, nosotros los llamamos conflictos proxies, como se llamaban en la Guerra Fría. No estoy seguro de si tú tenés razón o si nosotros tenemos razón, pero definitivamente merecen atención y, de hecho, más de la que están recibiendo actualmente.

Tras el bloqueo de Irán, el Estrecho de Ormuz encendió las alarmas globales. ¿Qué tan vulnerable es la economía mundial al control de estas rutas de suministro?

He pensado mucho en esta pregunta. Qué tan vulnerable es la economía mundial es algo muy diferente de qué tan vulnerables son los estados individuales. La economía mundial es relativamente resiliente. Los socios comerciales encontrarán formas, los magnates del transporte marítimo encontrarán formas, las empresas encontrarán formas. Lo que es mucho más interesante es que los países individuales están teniendo dificultades para encontrar formas.

Países como Alemania se dieron cuenta que pusieron demasiados huevos en una sola canasta. Se enfocan demasiado en el mercado chino, por ejemplo. Nos hemos vuelto, en Alemania y en Europa, vulnerables y dependientes. Tenemos enormes riesgos concentrados y necesitamos disminuirlos.

Hay quienes afirman que, debido a que el mundo es tan incierto actualmente, no sabemos qué hacer. Yo creo que, debido a que el mundo es tan incierto, sabemos exactamente qué hacer. Necesitamos generar resiliencia, necesitamos dejar morir a las industrias que no pueden sobrevivir. Necesitamos reformar la gobernanza global. Necesitamos invertir en educación política. Hay tanto que sabemos que debemos hacer en tiempos de incertidumbre, que me parece un poco débil argumentar que no sabemos qué hacer.

A raíz de esto, ¿has visto que la energía se haya convertido en una estrategia geopolítica prioritaria para algunos estados?

Sí, por supuesto. La energía siempre ha sido utilizada como arma. Durante miles de años, cualquier forma de energía que existiera ha sido utilizada como arma. Nada ha cambiado. La pregunta es simplemente si seguimos cometiendo los mismos errores que hemos cometido durante muchísimo tiempo. La humanidad ha visto las crisis del petróleo en los años 70, y hemos visto tantos de estos casos… el Estrecho de X cerrado o el Estrecho de Y cerrado, o el Canal de Suez cerrado, o una refinería de petróleo en llamas.

Aún así, la economía mundial y nuestras propias economías están configuradas de una manera que nos hace profundamente vulnerables a estos choques y puntos de estrangulamiento. Solo espero que la incertidumbre actual tenga algo bueno, a saber, que muchos gobiernos se despierten ante la necesidad de disminuir las dependencias, aumentar la resiliencia, proteger la infraestructura crítica y volverse más seguros.

De hecho, cuando hablé con algunos parlamentarios en Uruguay, en su hermoso edificio parlamentario, les dije que la primera responsabilidad del Estado según la constitución alemana es proteger a sus ciudadanos. Y no hemos hecho un muy buen trabajo últimamente, ni el gobierno alemán, ni casi ningún otro.

Eso debe estar en primer plano otra vez y eso significa que los estados deben volverse más estables, más resilientes, listos para recibir un golpe o dos y no caer ante el primer viento.

¿Hasta qué punto la firma inmediata de nuevos contratos energéticos entre la presidenta encargada Delcy Rodríguez y Washington valida la narrativa de que esta intervención fue, en el fondo, una guerra por recursos estratégicos?

Tengo dos pensamientos sobre esto. Mi primer pensamiento es que las guerras siempre se han librado por recursos estratégicos, eso es un hecho empírico. Mi segundo pensamiento es que mezclar intereses comerciales con cosas como la lucha por la libertad y la democracia confunde, enturbia el agua. Por eso solo desearía que derrocar a un dictador, acabar con los capos de la droga y firmar contratos energéticos no se hicieran a la vez. Son cosas separadas.

Creo que está bien que Venezuela exporte su petróleo, y también está bien que Estados Unidos lo quiera. Todo eso está bien. Creo que la mezcla de intereses y la mezcla de cosas es confusa y estratégicamente imprudente.

¿Qué consecuencias geopolíticas prevé para el Caribe ahora que la administración Trump ha decidido asfixiar económicamente al gobierno de Miguel Díaz-Canel en Cuba?

En la Estrategia de Seguridad Nacional y el corolario de Trump a la Doctrina Monroe, se ve exactamente lo que él quiere y lo que quiere la administración. Quieren el control sobre la mayor parte posible de su esfera de influencia. El Caribe está en el centro de esto. Todos sabemos sobre la lucha de larga data, de décadas, entre la isla de Cuba y Estados Unidos. También sabemos sobre la peculiar relación de Marco Rubio con Cuba, y sobre el fuerte poder de voto y electoral de los cubanos exiliados en Estados Unidos. Creo que hay más en juego que solo una toma de poder. Hay historia, hay relaciones personales, hay una línea argumental ahí.

Aun así, solo desearía que saliéramos de esta espiral descendente de entrometernos en los asuntos de los demás. Al mismo tiempo, déjame decir que encuentro comprensible que Estados Unidos ponga tanto enfoque en las operaciones contra las drogas. Hay grandes partes de algunas de las ciudades estadounidenses más importantes que están devastadas por el fentanilo.

También es difícil de digerir por qué se debería permitir que un cártel de la droga con armas siga existiendo, pero los terroristas con armas no. Al mismo tiempo, el derecho internacional es algo maravilloso, así que deberíamos adherirnos a él de vez en cuando, especialmente si pretendés ser el faro del mundo en cuanto a libertad, democracia y valores.

Hablando de fentanilo, el narcotráfico y el crimen organizado ha sido una gran amenaza, reconocida por el gobierno de Estados Unidos. Aunque el problema más grande estuvo hace unos pocos años, persiste. ¿Te parece que países como Estados Unidos tiene las herramientas para hacerle frente a un problema como este?

Sí creo que la tecnología favorecerá al Estado a mediano plazo. Por lo tanto, los sistemas de IA, la vigilancia por satélite y otras cosas, creo que harán que sea más difícil para los cárteles de droga salir adelante. En este momento, necesitas un barco, un arma y algo de droga. Habrá un momento en que cada centímetro del planeta esté bajo control constante y el software de reconocimiento facial junto con la IA y demás hagan que sea más difícil esconderse todo el tiempo. Creo que eso será difícil de contrarrestar para el crimen organizado. También hay una discusión pendiente sobre la legalización de algunas drogas para para restarles mercado. Y también hay algo para hablar sobre el fortalecimiento de las sociedades para rechazar al crimen organizado.

Pero, además, hay algo para hablar sobre el control de los flujos financieros, porque en el segundo en que no puedan mover su dinero o no puedan gastarlo, se vuelve menos interesante. Hay algo para hablar sobre desarrollar industrias nacionales, porque si podés hacerte rico así, ¿por qué hacerte rico con drogas? Hay mucho por hacer. Entiendo que es más fácil decirlo que hacerlo, que es una lucha dura en la que estar, pero es un tema clave que analizamos en la Conferencia de Seguridad de Múnich, y creo que es un campo de cooperación perfecto entre la Unión Europea y América continente: el intercambio de información, el desarrollo de capacidades en cosas que ambos realmente queremos y necesitamos, combatir el crimen organizado. Sería bastante agradable.

Pasando a la tecnología: la inteligencia artificial ya se usa en operaciones de alto impacto geopolítico, como vimos en la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. En este escenario, ¿qué se pone en juego cuando se le da paso a estas herramientas en estas circunstancias?

Supongo que la IA puede ser un arma como cualquier otra. Soy un gran admirador del control de armas, soy un gran admirador del derecho de la guerra, soy un gran admirador de establecer límites de seguridad. Creo que el problema con la IA es que nadie la entiende realmente y es difícil ponerle límites.¿No sería este un gran campo para una organización internacional? No hay ninguna organización internacional sobre la IA, ninguna. Es lo más grande que nos está pasando actualmente y se lo dejamos al presidente Macron, o cualquier otro líder, para que organice una cumbre. Desearía que fuéramos lo suficientemente creativos como para tener una organización internacional sobre la IA para asegurarnos de tener algunas reglas reconocidas globalmente de lo que está bien y lo que no.

¿De qué deberían cuidarse los gobiernos? ¿Problemas de espionaje industrial, ciberseguridad, militar?

Creo que todos esos son problemas de segundo orden. El de primer orden es el problema más existencial: que la IA cambiará la forma en que hacemos todo. Por lo tanto, creo que es en gran medida un problema del Estado. El primer papel del Estado es proteger a sus ciudadanos y eso incluye protegerlos de los impactos devastadores de la tecnología. Pero la velocidad del progreso tecnológico y la innovación es tan rápida que la gente simplemente pierde la perspectiva. Mientras haya competencia entre Estados Unidos y China es poco realista pensar que esos dos países vayan a regular su propia tecnología. No creo que suceda. Eso significa que el resto de nosotros, 200 países, será mejor que empecemos a nadar juntos y a ponernos las pilas, porque de lo contrario nos quedaremos atrás y recibiremos las migajas. Esa no es una situación maravillosa en la que estar.

Quiero hablar de las políticas de inmigración europeas, ¿qué diagnóstico harías? ¿Están “defendiendo” culturalmente a Europa?

Hay muchas verdades diferentes por ahí. Una cosa puede no ser cierta en un país europeo, pero puede ser cierta en otro país europeo. Pero tengo un par de pensamientos al respecto.

Primero, países como Alemania dependen de los migrantes. Dependemos de que la gente venga y apoye el crecimiento económico y el desarrollo. Nos ha ido muy bien gracias a eso, así que siempre debemos recordar eso.

Segundo, la situación geopolítica actual hace que sea más probable que cada vez más personas vengan hacia Europa, y no tenemos una buena manera de lidiar con eso. Los partidos de derecha aprovechan bien el hecho de que hay muchos extranjeros en Europa, apelan a las emociones humanas más bajas y eso es muy fácil de hacer.

Resolver el problema, encontrar una forma que se controle la migración de un modo en que las sociedades se sientan cómodas sin socavar nuestros valores de brindar asilo, de brindar asistencia humanitaria, eso es súper difícil, pero se puede hacer. Creo que todo se reduce a cosas como una integración bien gestionada, apoyo a los migrantes para encontrar un trabajo para que puedan autoabastecerse, apoyo para asegurarse de que la violencia basada en clanes y el crimen organizado, que a veces vienen asociados con las olas migratorias, se aborden desde el principio. Eso sería una narrativa positiva de las sociedades que queremos ser.

En este momento somos pasivos, reactivos, defensivos. Algo necesita ser protegido de alguien. Esa no es una buena narrativa para tener. Construir algo juntos es una narrativa mucho más agradable. Y por eso espero que después de esta ola de populistas de derecha, aparezca una ola de personas que apelen a los aspectos positivos de la migración y no solo a los negativos.

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