26 de agosto de 2026 5:00 hs

En la calle hay filas de sillas vacías y un puñado de personas. Todavía es temprano, son apenas las doce y media pasadas. Las personas eligen pararse donde les da el sol. Hay niños saltando en un castillo inflable.

De fondo, por parlantes de gran volumen, se escucha esto en repetición:

—Música en vivo con Jorge Nasser y Raúl Lemos; nos visita el ministro de Economía, Gabriel Oddone. Juegos infantiles, parrilla, tartas y bebidas. La fuerza empieza en la militancia. Este 25 de agosto es el Día del Comité de Base del Frente Amplio.

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En algún momento se corta. Se escuchan los primeros acordes de una guitarra. Minutos después, Raúl Lemos cantará Milonga de pelo largo del cantante uruguayo Gastón Ciarlo, popularizada por Alfredo Zitarrosa.

—Frazada del pobre hombre que siente frío. Y no se queja, ya no se queja.

Lejos de allí, existirá otra convocatoria similar, pero muy distinta en características. No tocará ningún músico, ni tampoco será en la calle. Será en un espacio cerrado, por la calle Osorio del barrio Pocitos, con un grupo reducido de militantes, simpatizantes y oyentes.

Estarán la ministra de Industria, Energía y Minería de Uruguay, Fernanda Cardona, y el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo. Más tarde llegará también el diputado Sebastián Valdomir.

Han sido convocados por los propios militantes de la fuerza política en el marco del Día del Comité de Base, que se celebra todos los 25 de agosto y coincide con la Declaratoria de Independencia del Uruguay.

Cardona: los medios nunca serán “aliados” y el "think tank" de Lacalle Pou

—No es fácil ser ministra —comentan algunos simpatizantes desde los bancos mientras esperan que Cardona diga sus primeras palabras.

Antes de esto, ocurre una breve introducción por parte de representantes del comité: destacan la militancia de Cardona desde pequeña y resaltan, con especial énfasis, su trabajo en equidad de género.

La ministra escucha con atención y una sonrisa que no se le va en toda la jornada, ni siquiera cuando habla de HIF, de las empresas públicas o del rol de los medios de comunicación.

Cuando la ministra menciona a las empresas públicas, la cuerda de atención se afloja para dar paso a los comentarios de afirmación.

—No lo digo yo, lo dice la evidencia histórica y lo dicen los números: las empresas públicas no privatizadas son la única oportunidad que tuvimos para tener el desarrollo que estamos teniendo al día de hoy. Si nosotros nos comparamos con Argentina, o incluso con Brasil (que también privatizó en los noventa), hoy se están quejando los compañeros de izquierda. Y esto lo hablamos en el Congreso este fin de semana: no tienen con qué crecer, porque no tienen manera de bajar una verticalidad y tomar una decisión, porque todas las empresas son privadas.

Sin embargo, reconoció que es necesario “tratar de que trabajen mejor y de que sean más rápidas”.

En su discurso, Cardona también marcó su posición respecto a los medios de comunicación.

—Los medios nunca los tuvimos de cerca, ni los vamos a tener aliados. El problema que tenemos es que, a veces, voy a medios donde hay cuatro preguntándome y no me dejan hablar, y la pregunta es: ¿Yo tengo que ir a ese medio? ¿O tenemos que también dar esa discusión de vale todo? ¿Ir a cualquier programa para que hagan carne de nosotros? Miren, son disparadores nada más que les estoy contando que tenemos en el día a día; porque si no, la ministra no va y ya te sale una periodista que te dice: “Pero no puede ser, porque nosotros ejercemos el control, y si ustedes no vienen es porque no se dejan controlar". Perdón, ¿cuándo el periodismo [ejerce] un control desde ese lugar? [El] periodismo forma opinión, también con evidencia, y habilita que el otro diga su campana. Pero en ningún momento yo me tengo que ir a sentar a un lugar donde me preguntan cuatro a la vez, y yo no puedo ni siquiera contar lo que tengo que contar, que además todo es complicado. Terminamos siendo carne de cañón de una comunicación que no podemos tener. Son cosas que tenemos que plantearnos porque a los compañeros y compañeras en el territorio les llegan esas comunicaciones, de alguna manera sesgadas o parcializadas, y también los compañeros y compañeras del interior se pueden enojar porque, tal vez, vieron una parte de la película.

Llega el momento de las preguntas. Alguien consulta por HIF y la ministra se ríe:

—Me metió el dedo en el ventilador. Me van a hacer confrontativa. En el 2008 ya estábamos hablando de hidrógeno en Uruguay. No nos vino a enseñar nada HIF, que es un proyecto que, además, hay que cerrarlo todavía.

Más adelante, Cardona también hará referencia a meter otro dedo en el ventilador cuando hable de la necesidad del Frente Amplio de tener gente preparada para cargos políticos. En particular, la ministra se comparará con el Partido Nacional, especialmente, la figura del expresidente Lacalle Pou. Lo enunciará así:

—No siempre hay gente disponible para los cargos políticos. Y hay que decirlo también, sin enojarse, como parte de la reflexión de las fuerzas políticas. Lacalle Pou está teniendo un think tank, como les gusta decir. Un centro de pensamiento, a lo gringo. Y está la Arbeleche dando clase, y está Pablo Mieres dando clase, y mucha gente que estuvo en el gobierno de él está preparándose, porque están formando cuadros técnicos. Entonces: despabilémonos. Necesitamos formarnos. Necesitamos saber de los temas.

No será la única vez que la ministra mencione al expresidente Lacalle Pou. También lo hará cuando hable de la energía solar. Criticará especialmente la falta de megavatios (MW) generados en el quinquenio anterior, bajo el gobierno de la Coalición Republicana, y se referirá a este tema como “tiempo perdido”.

En un punto sobre el final, la conversación se pausa para recibir al ministro Castillo.

—¡Llegaste justito, negro!

Castillo se ríe y se sienta en una silla a esperar que Cardona termine. Son las cuatro menos cuarto de la tarde.

Castillo: “Necesitamos que la izquierda siga gobernando Brasil”

El clima de exaltación se sostiene un par de minutos más. Castillo comienza su discurso hablando de la importancia del Frente Amplio no como partido político, sino como fuerza política. También reconoce que hoy ya se ha convertido en un partido tradicional.

Castillo habla menos minutos y recibe menos preguntas que Cardona. Hay una razón para esto: el itinerario se atrasó y él debe pasar por dos comités más antes de terminar el día.

El tono de las preguntas es un poco diferente, la mayoría hace referencias a una o varias situaciones personales. Una mujer introduce la discusión sobre el empleo y apunta a la falta de coordinación interna del Estado, señalando la división entre el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Ministerio de Trabajo. Otra mujer hace referencia a la agresión de docentes en entornos educativos. La mayoría, más que preguntas, son afirmaciones para que el ministro contemple.

—No es para que me conteste, es para que, por favor, cuando se reúnan ustedes deben de tratar el tema. —explicará la mujer que preguntó sobre la escalada de violencia a maestras y maestros.

A la par de estas intervenciones, la discusión se traslada hacia la coyuntura regional. Castillo coloca el escenario continental y las elecciones de Brasil en el centro del debate, y advierte sobre el avance de la ultraderecha. Lo menciona así:

—Todo es prendido ahora de lo que podamos hacer para que Lula gane. Necesitamos que la izquierda siga gobernando Brasil. De las últimas elecciones en la región, la única que ganó la izquierda fue en Uruguay; en las otras siete ganó la derecha, y donde ya gobernaba la derecha, ahora gobierna la ultraderecha.

En esa misma lectura internacional, el ministro aprovecha para apuntar contra la injerencia política de Estados Unidos y denuncia lo que define como un recrudecimiento del poder hegemónico en la región, especialmente, haciendo alusión al episodio de Nicolás Maduro en Venezuela:

—Tenemos un imperialismo más feroz que, como está en decadencia, se vuelve más violento. Vuelven a querernos como el patio trasero a todos por igual, imponiendo doctrinas donde no vale la pena respetar nuestra democracia, nuestra cultura ni nuestra libertad. Si les molesta un presidente, le fabrican que es el jefe de un cártel y lo sacan; pero, en realidad, el problema es que abajo de la tierra está el petróleo que les pertenece. Entonces, uno se pregunta: si mañana les falta agua, y si mañana se le antoja comer asado y no tienen carne, ¿qué es lo que van a hacer?

Las personas afirman en silencio, hacen que sí con la cabeza. Este será el tono de casi toda la conversación. Con mayor o menor énfasis.

Una hora antes del final. Mucho antes de las preguntas y los comentarios sobre geopolítica, Castillo hablará de la unidad frenteamplista y de la importancia de escuchar a la militancia. Habrá un punto de inflexión, casi una confesión, cuando diga:

—Ninguno de ustedes militó para que yo fuera ministro. No estaba esto ni en las tapas, nadie se lo imaginaba (yo todavía no me imagino), la derecha no quiere, no sé cuánto más podré estar, pero no voy a dejar de ser frenteamplista.

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