10 de julio de 2025 5:00 hs

Es junio de 2024 en un estudio de televisión. Donald Trump y Joe Biden se enfrentan —cuatro años después de su último careo— en el primer debate presidencial rumbo a las elecciones en Estados Unidos. El demócrata aún no ha bajado su candidatura y habla a los tropezones. El republicano empieza a enojarse, se le enrojecen los cachetes y lanza:

—¡Quiero agua absolutamente limpia y aire absolutamente limpio! Lo teníamos. Teníamos H2O, teníamos las mejores cifras de la historia, y usábamos todo tipo de energía, todo. En mi presidencia hubo las mejores cifras ambientales de la historia.

La frase —que luego fue aplacada por los periodistas de CNN que moderaban el debate— no fue casual, mucho menos en ese primer enfrentamiento dialéctico entre los presidenciables. El cambio climático es en Estados Unidos tierra de puja política y el tema va cavando una grieta que, según distintos estudios publicados en las revistas Nature y Science, no ha hecho más que ensancharse desde la década de 1970.

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¿Y en Uruguay?

El Observador, junto a la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Udelar ( UMAD) y el estadístico Juan Pablo Ferreira (del Iesta), lo midió en su última encuesta de opinión pública. Y el resultado muestra que en el país también existe tal polarización, pero matizada (“muy al estilo uruguaya”, bromean los técnicos).

Hubo un tiempo —no tan lejano— en que las teorías conspirativas y algunos lobbies llevaron a pensar que el cambio climático no existe y, de existir, no supone un peligro “porque la historia del planeta está llena de cambios climáticos”.

Casi ocho de cada diez uruguayos están en desacuerdo con que “se exagera mucho el peligro que representa el cambio climático”.

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Los habitantes de Montevideo tienen, al respecto, una percepción muy similar a los residentes en el interior. Los jóvenes —moldeados también con discursos como los de Greta Thunberg— tienden a pensar un poco más que los veteranos que no existe tal exageración sobre el peligro del cambio climático. Lo mismo sucede con quienes cuentan con mayor educación que suele coincidir con quienes están más informados y logran contrarrestar evidencia.

Pero la pregunta —como en otras de la misma temática— tienden dos partes aguas: el sexo y el voto.

Los votantes del Frente Amplio tienden a tener posturas (un poco) más “proambientalistas” respecto a sus pares de la Coalición Republicana. Y las mujeres son más “proambientalistas” en sus posturas que los varones.

El voto que el alma pronuncia

“En un sistema político como el uruguayo, donde la estructura ideológica y partidaria se ha mantenido bastante estable, es esperable que los temas nuevos que entran en la agenda pública tiendan a ser organizados en función de estos clivajes ya existentes. Es decir, los partidos y sus liderazgos siguen siendo un vector importante para interpretar y orientar la discusión pública”, dice Nicolás Schmidt, uno de los coordinadores de la UMAD y corresponsable de la encuesta. “Cuanto más reciente es un tema (como puede ser el cambio climático en términos de discusión política local) más probable es que quede estructurado en torno a las divisiones ideológicas ya existentes”. Y eso, aclara, puede “atenuarse con el tiempo” acorde los partidos no le encuentran rendimiento político a que se ideologice el asunto.

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El uruguayo Walter Baethgen, investigador de la Universidad de Columbia, nota esa alineación ideológica respecto al cambio climático cuando recorre los distintos países: “Cuanto más conservador, más proclive al negacionismo. Cuanto más liberal, más afín a que el cambio climático es un problema a enfrentar”.

En Uruguay, en cambio, dice que “no existe tal fanatismo”. Cuando se desborda el río Yi, cuando de las canillas de Montevideo sale agua salada, o cuando una ola de frío obliga a una alerta roja para las personas en situación de calle, “es frecuente que el uruguayo medio lo vincule al cambio climático, aunque esa asociación tenga errores conceptuales”.

¿A qué se refiere? “Desde la ciencia no podemos afirmar que aquella sequía que complicó la cuenca del Santa Lucía sea como consecuencia del cambio climático. Lo que sí podemos decir es que eventos extremos, como ese, cada vez suceden más por el cambio climático y en el futuro seguirán subiendo su frecuencia todavía más”.

Esa postura del uruguayo —que reconoce el cambio climático como problema real aunque no siempre con los fundamentos científicos adecuados— queda reflejado, para Baethgen, en los resultados de la encuesta a las dos siguientes preguntas:

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¿El huevo o la gallina?

Desde que a las mujeres se les autorizó votar, los estudios de opinión pública han intentado descifrar cómo es su comportamiento electoral. En las democracias liberales más ricas, que son las que han impulsado más análisis, se notaba un patrón: ellas votaban menos que ellos (en países donde el voto no es obligatorio) y tendían a preferencias electorales más conservadoras.

“Era un tema estructural: las mujeres ocupaban roles que estaban más relegados a la vida privada, al hogar”, narró la politóloga Verónica Pérez Bentancur. De pronto empezó una “revolución silenciosa”. Las mujeres iniciaron una salida masiva al mercado laboral y, poco a poco, cambiaron sus comportamientos. Comenzaron a decidir cuántos hijos quieren tener y cuándo. Se priorizó la continuidad educativa. Quedó evidenciada la desigualdad distribución de las tareas de cuidados. Y “muy posiblemente van corriéndose más hacia la izquierda en su intención de voto”.

Eso podría explicar, en parte, la coincidencia en que las mujeres y los votantes del FA (entre los que hay una mayoría de mujeres) sean más “proambientalistas”.

La encuesta de El Observador, la UMAD y Ferreira permite dar un paso más: a la interna de la Coalición Republicana, ¿las mujeres son más proambientalista que los varones? ¿Y entre votantes del FA?

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En conclusión: “En Uruguay el cambio climático no parece ser un asunto de alta saliencia en la agenda pública. No está entre los temas que estructuran fuertemente las opiniones o preferencias de la ciudadanía. Esto no significa que no haya diferencias (como las hay por sexo y por voto), pero no parece tratarse de un clivaje central como en otros países, al menos por ahora”, dice Schmidt.

El tema da sus pasos de manera tímida y, como informó El Observador, el gobierno de turno pidió “perspectiva climática” para el armado del próximo presupuesto.

¿Cómo lo hicimos?

El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de Ciencias Sociales (Udelar), y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira aplican, por primera vez a nivel masivo en Uruguay, un monitoreo de la opinión pública con encuestas no probabilísticas que permiten inferencias a través de modelos alternativos.

Este proyecto de encuestas —anónimas y cuyos datos no son usados con otros fines que académicos y periodísticos— es una apuesta a la innovación en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, la confección de trabajos comunicacionales de calidad e independientes (no reciben apoyo de empresas ni de políticos), y la elaboración de documentos académicos que permiten generar conocimiento.

Para este sondeo fueron encuestados 3.383 voluntarios, entre el 12 y el 18 de junio de 2025.

A continuación puede conocer más detalles metodológicos:

FICHA METODOLOGÍA JUNIO 2025 (1).pdf

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