5 de mayo de 2026 5:00 hs

El año lectivo ya había empezado y en uno de los jardines públicos de Montevideo seguía habiendo un cartel promocional: “Todavía hay cupos para los niños de tres años, aprovechá”. Mensajes similares se repitieron en otras instituciones de educación inicial. Alguien podría pensar que los anuncios quedaron colgados por despiste. Pero todavía ahora hay “cupos libres” para nivel tres en casi todos los centros de la ANEP que no ofrecen tiempo completo.

No es un problema de cobertura educativa. Los datos de la Encuesta Continua de Hogares, procesados por El Observador, confirman que el 90% de los niños de tres años asistió en 2025 a una propuesta de enseñanza. Es un porcentaje que se va acercando a la tan mencionada “universalización” y deja a las autoridades políticas muy cerca de cumplir su objetivo trazado para 2026 (llegar al 92%).

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Pero como si fuera una fuerza contraria, al aumento de la cobertura lo acompaña una pronunciada caída de los nacimientos. Cada vez hay menos niños. Tan pocos que la generación de tres años es más de un tercio más chica que la de hace menos de una década atrás. Y esos pocos se los disputan entre instituciones que terminan teniendo un mismo público objetivo.

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Los datos de la Encuesta Continua de Hogares también lo dicen: de los niños de tres años que asistieron a una propuesta educativa, el 55% estaba en Inicial de la ANEP, el 25% en un jardín o colegio privado y el restante 20% en CAIF.

Eso empieza a generar roces en el terreno. Un caso paradigmático fue el de un CAIF que tenía dos grupos repletos de niños de tres años a la vez que en la escuela que quedaba a solo dos cuadras no llegaron a completar uno.

“Es la decisión de los padres”, justifican en esas tensiones. Pero a la vez está qué es lo mejor para el niño. Y es entonces donde las maestras de educación inicial se ponen en pie de guerra.

Algunas lo dicen con tono irónico (casi despectivo) hacia algunos CAIF: “Me llegan padres diciendo que era todo más sencillo porque le cambiaban los pañales a su hijo, cuando en el CAIF debieran aprender a dejar los pañales”. Otras refieren a la formación: “En educación inicial son maestras tituladas, las idóneas para tareas educativas, mientras en los CAIF son educadores. Puede que haya algún CAIF con muy buenos profesionales y un jardín con maestras malas, pero en reglas generales las maestras son las que se formaron y especializaron en la educación de esas edades y su rol no es solo el cuidado”.

Esa tensión se canaliza en dinero y en puestos de trabajo. ¿A dónde van los fondos del Estado? ¿Qué hacen las cerca de 1.000 maestras de educación inicial que, teniendo chances de ocupar cargos, no pueden hacerlo porque no hay grupos, no hay niños?

Lo mismo pueden decir del otro lado los educadores u otros profesionales de los CAIF que de quitarles a los niños de tres años se quedan con menos ingresos y con chances de cerrar.

Gabriela Salsamendi, directora de Inicial y Primaria, reconoce que en el terreno pueden darse ciertas pujas por un mismo público objetivo, pero que esa discusión jamás escaló a nivel institucional y político.

Tampoco descarta que ello vaya a suceder en algún momento. ¿Por qué? La meta que se trazó la ANEP para el quinquenio es llegar a 2029 con el 98% de niños y niñas de 3 años que asisten a la educación. Es probable que esa cifra se alcance o se esté cerca siguiendo la hoja de ruta fijada. Pero, a la vez, ¿qué se entiende por educación y, sobre todo, qué tipo de educación si el día de mañana prospera el proyecto del senador colorado Robert Silva de que la educación sea obligatoria desde los tres años?

Silva explicó a El Observador que la obligatoriedad no es antojadiza y que es el resultado de lo que él vio en terreno: “Es una herramienta más que tiene la educación formal para favorecer a la universalización y la asistencia (por la manera en que se controla en Inicial y Primaria). Es particularmente útil para maestras que trabajan en zonas vulnerables en que a veces no se comprende la relevancia de hábitos que requiere aprender un niño de tres años”.

El senador dice que la edad límite va acompañada de un contexto. En Finlandia la educación es obligatoria recién desde los siete años, pero la mayoría asiste desde mucho antes. En Francia, con más resistencia y un modelo más parecido al uruguayo, se bajó la obligatoriedad a tres años.

Los CAIF están bajo la órbita del INAU y son la cara bonita de esa institución cuyo principal cometido está en la protección de la infancia. Es una política que excedió gobiernos y logró entrometerse en los barrios a lugares donde, a veces, el Estado ni llegaba. Pero también es buena parte del gasto que tiene esa Institución en el tamaño de su presupuesto.

De hecho, antes de la discusión de la ley de Presupuesto El Observador contó que INAU no tiene plata para los CAIF, 130 centros fueron abiertos o ampliados sin financiamiento.

La ANEP es el organismo rector de la educación y, por decantación, quien tiene que habilitar, fiscalizar y ofrecer la enseñanza en sus niveles obligatorios. Y si justifica que para competirle al CAIF son necesarias más escuelas de tiempo pedagógico ampliado, eso se traduce en un presupuesto con el que no cuenta. Las maestras, a su vez, por laudo cobran más que los educadores de los CAIF.

La disputa tiene varias aristas: dinero, puestos de trabajo, la diferencia entre educación y cuidados, los gustos de los padres y, en el fondo, el interés superior del niño.

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