1 de junio de 2024 5:00 hs

Unos instantes antes de que más de 100 balas dejaran a una casita del barrio Maracaná hecha un colador —y dieran muerte en el acto a cuatro personas en el asesinato más sangriento de Uruguay después de 16 años—, Maikel estaba por tomarse un vino de caja en peatonal El Ombú. El frío —el frío que antecede a la tragedia— lo hizo cambiar de opinión y se guardó en su casa.

Daniel, el hermano de uno de los fallecidos, estaba en la vivienda contigua mirando la telenovela brasileña de canal 12, en la que uno de los protagonistas muere en un intento de apropiación de tierras. Bruno, el mejor amigo de un quinto joven que sobrevivió pese a las heridas, revisaba los videítos de TikTok. La madrina del niño de 11 años que se cuenta entre los asesinados ya estaba durmiendo porque debía madrugar. Y Juan, el vecino que descansaba unas horas antes de despertarse para ir a la escuela, roncaba en la cama que comparte con sus padres.

Los disparos cambiaron —solo en parte— la rutina. Maikel cerró las cortinas. Daniel pensó que alguien estaba arrancando una moto. Bruno apagó el celular. La madrina se despertó y una hermanita de tres años —apenas tres años— le avisó que fusilaron a los vecinos. Y Juan se corrió a otra cama, bien en el rincón, y tapó sus orejas con las palmas de la mano, como hace cada vez que suenan balas. La violencia —incluso cuando no tiene antecedentes inmediatos— se normaliza.

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Eran las 11 de la noche. La rotativa del diario El País, ubicada a menos de un kilómetro, imprimía a toda marcha la tapa que anunciaba el adiós del delantero Cavani de la selección. Y el semanario Brecha, que también se confecciona en esa misma planta industrial, priorizaba en su portada la identificación de los restos de Amelia Sanjurjo y los chats de Penadés, previos a la primera denuncia, que mencionaban abusos a un adolescente. Nada hacía pensar que Maracaná, el barrio donde todo eso sucedía, adquiría desde entonces un nuevo significado.

Cuádruple homicidio en el barrio Maracaná

Porque Maracaná es para la media de los uruguayos un sinónimo de hazaña, del David del fútbol que le ganó a Goliat, de una época de gloria. Pero este fin de mayo de 2024, Maracaná es el escenario del peor rostro de la violencia: un padre de 40 años muerto y su hijo de 17 internado, un yerno de 16 asesinado, un niño de 11 fallecido y otro vecino de 18 acribillado.

Un letrero de fondo azul y letras negras anuncia —como si fuera una paradoja de mal gusto— que frente a la casa del horror está el merendero Coranzoncitos. Los gallos, esos que se usan en las apuestas clandestinas del fin de semana, picotean sobre el barro en que quedaron decenas de casquillos. Las aguas que corren por el pasaje dan cuenta de una zona del barrio librada a su suerte, donde no llega el saneamiento, ni el alambrado público y que cuando sube la cañada hasta los colchones acaban mojados.

Los perros no ladran siquiera a los desconocidos. La policía sospecha que se han acostumbrado a ver y olfatear a clientes y traficantes, porque la casa del horror no tiene la apariencia de un hogar clásico de familia. No hay particiones de dormitorios, sino que, según fuentes de la investigación, “se trata de un lugar de acopio de drogas”.

Hipótesis detrás del asesinato

¿Alguno de los asesinados andaba en “algo raro”? Nadie sabe. O mejor dicho nadie contesta. “Yo trabajo hasta tarde y luego me encierro en casa”. “Yo apenas los conocía”. “Yo estoy hace poco…” En el Maracaná, como en muchas zonas de Montevideo, la información se silencia con el estruendo de las balas.

Inteligencia venía investigando una organización de venta de drogas y armas en la zona. Dos meses atrás había sido baleado un supuesto traficante. Y la principal hipótesis consiste en una represalia del sobreviviente. Eso sí: el atacante no había sido una sola persona ni con una solo arma.

Al director nacional de la Policía, José Azambuya, le extraña un dato: “¿Qué hacía allí, a esa hora de la noche, un niño de 11 años que ni siquiera era parte de la familia?”.

La madrina, la que intentaba dormir porque debía madrugar, improvisa una respuesta: “Siempre se le escapaba a su mamá y se iba a jugar al Free Fire”. Así se llama un popular videojuego de celulares, en que los participantes deben encontrar armas y equipamiento para matar al resto de sus competidores en una isla casi desierta. La violencia se normaliza.

La estadística de cuántos niños son baleados en Uruguay es terreno de disputa entre los médicos y el Ministerio del Interior —los primeros revelan cifran superiores a los segundos—. Pero la casuística es categórica: en el último mes fue herido por arma de fuego al menos un niño cada semana.

¿Qué hacía un niño en la casa del horror? Primaria lo responde con cifras: en el último año denunció ante la Justicia más de un centenar de casos de escolares cuyos padres los dejaban abandonados a su suerte (negligencia de asistencia, como le dicen). Y en el verano había más de 12.000 niños cuyo alguno de sus padres estaba privado de libertad.

La escuela en la que estaba matriculado el niño asesinado en Marcaná cerró por duelo. El lunes abrirá, con un alumno menos y la misma realidad.

Homicidios en masa

Un “cuádruple crimen”, como le llamó la prensa a la tragedia de Maracaná, no se recuerda en Uruguay desde marzo de 2008. En Colonia había sido asesinada una mujer y su hija embarazada, además de su pareja y un peón rural. Los cuerpos, degollados, habían sido hallados en cuatro dormitorios separados.

Pero hace bastante menos, el pasado diciembre, hubo lo que la Fiscalía nominó como un “séxtuple homicidio” en el exComcar. Si bien las características del hecho difieren, porque se trata de una cárcel y sin menores en el medio, en la noche del Día de los Inocentes fueron quemados ocho personas que se encontraban dentro de una celda (y no había sido por accidente).

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Ahora, la conmoción del caso Maracaná llegó hasta el presidente de la República que mantuvo diálogos con el ministro del Interior durante la mañana. El secretario de Estado, Nicolás Martinelli, visitó la escena del hecho después de una reunión del “más alto nivel”.

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Al cierre de esta nota, y en medio de una campaña electoral, distintos candidatos hablaron de lo acontecido. Mientras cinco personas fueron detenidas en el barrio, y el joven baleado que sobrevivió sigue grave en el hospital Maciel.

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