Reflexiones liberales > Cartas del director / Ricardo Peirano

¿Adiós a los TLC?

Si el Plenario del FA resuelve que no se vote el tratado con Chile, sería privar a la ciudadanía de que la ratificación la resuelva el Parlamento, tal como lo establece la Constitución

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13 de mayo de 2018 a las 05:00

Algunos ingenuos pensábamos que la reticencia de ciertos sectores del Frente Amplio a un TLC con Estados Unidos se debía a que era "con Estados Unidos", país con quien había una larga lista de agravios que se englobaban en el llamado "imperialismo yanqui". De ahí que se dejara pasar en 2007 aquel "tren" que el presidente Vázquez en su primera presidencia veía como positivo para Uruguay. Por la misma razón, pensamos que surgió la oposición al inocuo TISA, que era un mero sucedáneo que nos ofrecieron para que el gobierno uruguayo no quedara con las manos vacías. Pero el Plenario del FA se encargó de torpedear el TISA y el presidente Vázquez se hartó de la situación y dijo "que la fuerza política decida" y la fuerza política decidió abandonar el TISA.

Del viaje de Vázquez a China y de la visita del vicecanciller chino a comienzos de este año surgió la posibilidad de un TLC con China, bien sea bilateral o del Mercosur. Como Brasil se opuso, "la fuerza política" no tuvo nada que opinar aunque seguramente hubiera opinado en contra por el tamaño de la economía china, y por la falta de regulaciones laborales, de patentes, de propiedad intelectual, etc. Y ello aunque Uruguay paga US$ 118 millones de dólares anuales en aranceles para ingresar a China.

Olvidémonos del mundo desarrollado, pensaron el gobierno y muchos analistas. Quizá sea más potable hacer un acuerdo de libre comercio con algún país de la región de modo que no hiera sensibilidades y no despierte resistencias. Así fue que en octubre de 2016 Vázquez y Bachelet firmaron un TLC entre Uruguay y Chile. Era un acuerdo de baja intensidad dado que ya hay arancel cero para el comercio recíproco. Pero lo que pocos se imaginaron, ocurrió. La ratificación parlamentaria del tratado no avanzó y el tema derivado al Plenario del FA, donde sectores minoritarios a nivel parlamentario tienen una posición mayoritaria. De este modo, lograron dilatar la aprobación del mismo con la excusa de pedir más información al Poder Ejecutivo. Lo que queda claro entonces es que el problema no son los Estados Unidos sino los TLC. Lo que hay es fobia al "libre comercio" y curiosamente coinciden en ella los sectores más radicales del FA y el presidente Trump, que también es radical, a su manera. Los extremos se tocan.

Cada partido se puede dar la forma de gobierno interno que mejor le parezca. Algunos prefieren uno donde la representación de los militantes tenga un peso casi decisivo. Otros prefieren lo contrario, y eligen sus órganos de gobierno en las elecciones internas. Algunos dan a la fuerza política un peso mayor que a la fuerza parlamentaria mientras que otros privilegian a la fuerza elegida por la ciudadanía en las elecciones nacionales. Cada opción es legítima en tanto los votantes la conozcan a priori.

En general se suele preferir las representaciones que recogen más la opinión de los votantes que la de los militantes, pero sobre gustos no hay nada escrito. Y también se busca que sea la bancada parlamentaria y no los órganos partidarios quienes decidan cómo votar las leyes. Lo grave sería que la prevalencia del "partido" sobre la bancada, haga de los legisladores unos monigotes cuya voluntad y criterio no sirva para nada. Si eso fuera así, daría lo mismo que las bancas estuvieran ocupadas por Pedro o Juan. Al final del día, todos deberían votar lo que estipule el Plenario. Y así sí habría una anulación de la voluntad personal y los parlamentarios pasarían a ser como fichas de ajedrez, carentes de voluntad que van donde se le dice.

¿Se animará el Plenario del FA a decir "el TLC con Chile no se vota" y mandatar a los legisladores a plasmar esa decisión al levantar su mano? Para Astori sería "un error garrafal". Para otros, sería sacrificar la voluntad personal de los legisladores en el altar del partido. Y hay quienes temen que se desobedezca el mandato y se fracture la unidad del partido. Pero sobretodo, sería privar a la ciudadanía de que la ratificación de un tratado la resuelva el Parlamento, tal como lo establece el artículo 85, inciso 7 de la Constitución. Es más, privaría a la ciudadanía de la discusión parlamentaria al respecto del tratado, que sería sumamente esclarecedora de qué es lo que está en juego. Porque la gente siente que en el Parlamento, si cada legislador pudiera votar según su leal saber y entender, habría una amplia mayoría para aprobar el tratado.

Si se niega esa posibilidad, tendrá razón el ministro Nin Novoa cuando, tras la resolución del Plenario del FA, declaró que "no puede ser que se secuestre la democracia por minorías". Y además, habrá que decir "adiós a los TLC". Porque hay una minoría en el FA que no puede tragar un TLC con Estados Unidos pero tampoco con Somalia o Ruanda. Como tampoco los traga Donald Trump.

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