15 de febrero de 2013 18:55 hs

En los últimos días, la renuncia del papa funcionó como disparador para que medios y analistas internacionales especularan sobre si el fin de Benedicto XVI al frente de la Santa Sede, visto para muchos como un pontífice conservador, dejaría espacio para un próximo papa más “progresista”.

A la primera plana informativa volvieron temas que han formado parte de la agenda de discusión de la sociedad con el catolicismo durante años, como la posibilidad del matrimonio por iglesia para los divorciados, el abandono del celibato para los sacerdotes, la ordenación de las mujeres, el uso de métodos anticonceptivos o la aceptación de la unión homosexual.

No obstante, para el periodista del Vatican Insider asentado en Roma, Andrés Beltramo, hay muchos lugares comunes que la prensa está manejando por no seguir la vida cotidiana de la Iglesia Católica, y el debate entre progresistas y conservadores es uno de ellos. Mucho más importante para la actualidad eclesiástica, afirmó el vaticanista, “es la necesidad de responder a inquietudes más urgentes como recuperar la vida católica, que se está perdiendo mucho en Europa y en algunas partes de América Latina. Los fieles que se van, no lo hacen porque haya prohibiciones a la anticoncepción sino por la falta de fe, porque ya no hay mensaje de esperanza”, indicó.

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Por su parte, para el sacerdote Miguel Pastorino, vocero de la Arquidiócesis de Montevideo, plantear este tipo de cuestiones implica no entender la doctrina del catolicismo. “Benedicto XVI lo dejó claro. Quien guía la Iglesia no es el papa de turno y para los católicos la Iglesia no es una institución que se mueve por ideologías o modas de turno. El sacramento del matrimonio es indisoluble, eso es la palabra de Dios y no va a cambiar”, señaló.

No obstante, indicó el sacerdote, un aspecto en el que Benedicto XVI ha ido más lejos que Juan Pablo II fue cuando pidió que se planteara la invalidez de muchos matrimonios que se celebran en la Iglesia Católica, pero sin la fe de la misma. Eso abriría la puerta a muchos que se casaron de esta manera por una mera cuestión cultural, explicó.

Para el obispo de Salto, Pablo Galimberti, de lo que se trata es de seguir buscando formas de incorporar a los católicos que se han separado, para que vean que la Iglesia está preocupada por su situación. Con respecto al casamiento para los divorciados, Galimberti opinó que “lo fundamental sería frenar la cantidad de matrimonios que llegan al altar sin una adecuada preparación, ir un poco a la raíz. Y aquellos que sí lo hicieron conscientemente, ver cómo se los puede ayudar”.

Pese a las declaraciones de Benedicto XVI en África sobre que “el sida no se resuelve con preservativos”, ya que la “única vía eficaz para luchar contra la epidemia es una renovación espiritual y humana de la sexualidad”, que causó muchas críticas a nivel internacional, el papa también fue tildado de revolucionario por ser el primer pontífice en aceptar el uso de condones en ciertas circunstancias. En el libro-entrevista Luz del mundo, de Peter Seewald, Benedicto XVI afirmó que “puede haber algunos casos justificados (del uso del preservativo), por ejemplo cuando una prostituta utiliza un profiláctico. Ello puede ser el primer paso hacia una moralización”.

Para Pastorino, estas declaraciones, lejos de representar un cambio en la moral cristiana, representan una continuidad. “A veces cuando la Iglesia da una explicación doctrinal en una situación nueva, sale la prensa a decir ‘la Iglesia cambió’, pero no lo hace, está aplicando la misma moral a un caso concreto”.

Galimberti, por su parte, consideró que una excepción podría establecerse para aquellas personas con sida.

Con respecto a otros de los temas planteados, el obispo señaló que la posición de la Iglesia respecto a la unión de personas homosexuales o a que las mujeres sean ordenadas no va a cambiar, porque está fundamentada en la Biblia. No obstante, el religioso destacó el acompañamiento de la Iglesia a las personas con sida y a los homosexuales y sostuvo: “En la moral cristiana existe el principio de gradualidad, por el cual siempre se propone aspirar a algo mejor. A veces, en la práctica, uno tiene que manejar situaciones con criterio de proceso. La Iglesia es como una madre, juega con el principio de que debe educar, no es una cátedra lejana que dictamina leyes”.

Más flexibilidad en el celibato

Sin embargo, en el caso del celibato de los sacerdotes, Galimberti dejó la puerta abierta a que en el futuro pueda haber alguna modificación. “En la Iglesia Católica hay comunidades donde está permitido el casamiento para los sacerdotes, no para los obispos, como en algunos países de Oriente Medio, como Líbano. La Iglesia tiene diferentes tradiciones; San Pedro era casado. En la tradición latina se fue imponiendo la costumbre del celibato, pero es algo que no tiene la absolutez de otros principios”, indicó. De todos modos, afirmó el obispo, no cree que esto sea algo que pueda ser cambiado de momento.

De acuerdo a Galimberti, los desafíos para el catolicismo en este siglo son que la Iglesia sea un espacio para iniciar “a la gente de esta sociedad neurótica” en la fe y el descubrimiento vivencial y profundo de Jesucristo, lograr que los derechos humanos se apoyen en una experiencia ética (como el “derecho a la vida”), así como trabajar en las relaciones de “projimidad” con el otro y en el ecumenismo.

Pastorino destacó también un reclamo por un dinamismo más misionero y la necesidad de que la Iglesia se adapte a los nuevos desafíos en materia de comunicación. Pero el reto más importante, indicó el sacerdote, es la revitalización de la fe de los mismos católicos, que no implica una mera cuestión cultural sino una relación personal con Dios. “Sin esa relación, el catolicismo es como un edificio sin cimiento”, afirmó.

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