Espectáculos y Cultura > Entrevista a Eduardo Sacheri

"El fútbol tiene algo revulsivo que, como el arte, conecta con lo más profundo"

El escritor argentino habla sobre su literatura, la influencia del cine en su vida y la próxima adaptación de su novela La noche de la usina

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24 de septiembre de 2018 a las 05:02

Frente a la página, echó mano a los materiales de su vida cotidiana. Ahí, entre el barrio –Castelar, provincia de Buenos Aires–, sus libros y su familia, estaba el fútbol. Lo encontraba en la vereda, en el campito y en Independiente, el cuadro de su papá. Por eso, Eduardo Sacheri centró sus primeros textos alrededor de la pelota, pero más que nada, de los mundos que confluyen en la pelota. Escribió de la pasión, del amor, la frustración, el odio, la enemistad, la familia, los amigos. Y en medio del fútbol, vinieron también otras cosas: el éxito en su país, el Oscar por la adaptación de uno de sus libros –La pregunta de sus ojos–, la expansión de su nombre fuera de Argentina, la extrañeza de levantarse un día descubriendo que los libros, esos que relatan sus mundos de siempre, hoy le dan de comer a su familia.  

Ahora Sacheri (50), con una voz acostumbrada a las puntuaciones de textos que usualmente narra en programas de radio, habla de su escritura, de cómo el cine argentino se prendió como garrapata de sus historias, de los premios y, obviamente, del fútbol. Y de su barrio y la vereda. Y de su papá. En resumen, de sus mundos privados, íntimos. La carne de su ficción. 

¿Por qué basó su literatura en torno al fútbol?

Siempre me ha gustado observar lo minúsculo. Buscar a las personas detrás de eso. Y el fútbol es algo muy pequeño y al mismo tiempo está conectado con algo profundo; produce una suspensión de la realidad. Deja todo entre paréntesis, lo único que existe es el juego. Y allí los aspectos más profundos del alma aparecen: lo bello y noble, también lo malo, lo violento y primitivo. El fútbol tiene algo revulsivo que, como el arte, conecta con lo más profundo y lo hace aflorar. Es un material literariamente muy potable, sobre todo si lo usás para ir hacia otro lado. Si en un cuento de fútbol te limitás a narrar un partido, es una redundancia y menos satisfactorio, incluso, que el propio juego. Pero si el fútbol funciona como una puerta de acceso a otras zonas más complejas y contradictorias, aparece la riqueza.

En sus historias hay una relevancia de la figura paterna. ¿Cómo influyó su padre en su literatura?

La escritura, o el acto artístico que sea, tiene una búsqueda íntima que no tiene que ver con el libro que se escribe, sino con los propios fantasmas y duelos, con las heridas. El acto artístico es una manera de volver sobre ellas, de atenderlas. Probablemente, una de mis heridas existenciales más pesadas sea la perdida temprana de mi padre. Paradójicamente o no, el fútbol e Independiente fueron dos de las cosas más grandes que compartimos. Entonces, como eso no murió con él, ambos se convirtieron en ámbitos donde podía seguir estando vinculado con él. No hay dudas de que en mis textos hay elementos de reconexión con ese hombre que perdí hace tantos años y con el que me separa el silencio de la muerte.

¿Cómo pasó de ser un escritor de cuentos a ser escritor de novelas? 

Mi carrera literaria ha sido muy impulsiva y muy amateur, porque no estudié letras, ni hice talleres literarios, ni cursé escritura creativa. Soy licenciado en Historia. Esa carencia de formación específica me generaba bastante inseguridad en los primeros años. 

¿No se consideraba escritor?

Claro. Yo vivía de ser profesor. Además, ¿cuándo empieza uno a ser escritor? ¿Cuando escribe una cosa o cinco o cuando logra vivir de eso?  Esa inseguridad me retaba a escribir una novela, algo que es relativo porque hay un montón de grandes escritores que jamás escribieron una. Sin embargo, por más que uno razone los prejuicios estos pueden persistir, y yo en esa inseguridad de sentirme o no escritor dije ‘bueno, escribir una novela debería permitirme sentirme más escritor’. Después vinieron más novelas, cuentos, artículos periodísticos, películas. Hoy tengo mucho más claro que soy escritor. Y aunque no tiene porqué ser así, también influye el hecho de que el plato de comida que llega a la mesa en casa sale de mi escritura.

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¿Cómo se lleva con las adaptaciones al cine de sus historias? 

Me da tranquilidad cuando participo. Requiere esfuerzo, pero involucramiento y la posibilidad de operar sobre ella. Si me ofrecen comprarme los derechos, pero no me dejan participar, no sé si lo hago. Creo que la distancia entre el libro y la película sería demasiada. Ojo, estoy dispuesto y hasta deseoso de que haya una distancia entre ambos porque es inevitable, sano y estimulante. Pero el tema es cuánta distancia. Estar involucrado te permite evitar que esas distancias sean atroces, como pasó con la remake de El secreto de sus ojos en Estados Unidos. Esos no eran mis personajes, ni mi historia. Allí, uno se siente un forastero en su propia historia. 

 

¿Cómo va el proceso de adaptación de La noche de la usina, su última novela?

Muy bien. Ricardo (Darín) me compró los derechos de la novela, me encargó la escritura del guion, la dirección va a ser de Sebastián Borensztein, ellos ya trabajaron juntos en Un cuento chino y Kóblic. Llevamos más de un año trabajando; vamos por la novena versión del guion. Entra en rodaje a mediados de octubre, con el plan de estrenar a mediados de agosto del año próximo. 

En 2016 ganó el premio Alfaguara por ese libro. ¿Qué tan presente tenía los premios literarios antes y después de su premio?

Le tenía muchas ganas al Alfaguara, porque dentro de los premios literarios hay algunos que cuentan con muy buena fama y otros no. Este la tiene no solo por la calidad de obras que premia, sino por su transparencia. No me presenté a muchos concursos; lo hice para el premio Clarín algunas veces, más que nada en la primera etapa de mi carrera; es un buen impulso cuando no estás tan consolidado. Al Alfaguara me había presentado otras dos veces y creo que si no hubiese ganado hubiese seguido. Tenía el Oscar, que fue un premio enorme, que me benefició y  abrió un montón de puertas, pero internamente quería emparejar con uno literario. Fui parte de la película y entiendo al Oscar como propio, pero es un premio de un mundo al que no pertenezco. Mi mundo es el de los libros. 

 

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¿Se considera un buen lector?

Más que buen lector, soy un lector voraz. Ser buen lector tal vez dependa de qué has leído. No sé si me puedo enorgullecer de lo que he leído, pero sí de cuánto y cómo he leído, y del enorme amor con el que lo he hecho. Para el trabajo del escritor es muy importante, porque siempre estás tratando de reproducir el sortilegio que te genera un libro que te conmueve. Yo leo autores extranjeros, pero en general me atrae el idioma español. Más allá de sus diferencias regionales, es nuestro idioma. Además, la mala traducción genera un distanciamiento mayor con la historia. Pero aún así, me encanta abrigarme en libros, en el formato que sean. Y de hecho terminé de leer uno en papel, estoy con otro en el eBook, y estoy escuchando un audiolibro en el auto. Como sea, necesito estar rodeado de libros.

Perfil

Profesión: Escritor, profesor de Historia

Edad - Fecha de nacimiento: 50 años - 13/12/1967

Nacionalidad: Argentina

Premios: Premio Alfaguara (La noche de la usina, 2016) / Oscar a Mejor película extranjera (guionó El secreto de sus ojos, que ganó en 2010)

Obras principales

- Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol (2000)
- La pregunta de sus ojos (2005)
- Papeles en el viento (2011)
- La vida que pensamos (2013)
- Ser feliz era esto (2014)
- La noche de la usina (2016)
- El fútbol, de la mano (2017)

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