Fermín Muguruza es un caso especial en la escena del rock iberoamericano. Este compositor, cantante, instrumentista y productor musical es ante todo un hombre comprometido contra un poder opresor, en particular y en general. Nació hace 50 años en Irún, en el País Vasco, y en plena dictadura de Francisco Franco. Comenzó su carrera musical a los 20 años y desde el inicio estuvo enfrentado al poder con una propuesta musical que ha sido considerada de gran calidad en su país y en el mundo. Su postura es radical. Quiere la independencia del País Vasco y ha usado el euskera para comunicarse con su gente y con el mundo. Ha sido acusado de predicar la violencia y también ha sido atacado de manera violenta y ha debido suspender numerosos conciertos por las amenazas de grupos de derecha de hacer volar en pedazos la sala donde tocara. Mañana estará en La Trastienda con una banda de nueve músicos en escena.
¿Entonces usted cree en los números redondos?
Me gustan las efemérides. No es que sea un fanático, pero 50 años de vida, 30 años de trayectoria, es algo.
¿Qué cambió en estos 30 años?
Cambió el mundo y cambié yo. Yo era muy impetuoso, y ahora no tanto. Y el escenario del mundo es distinto pero la causa está viva. Sigo defendiendo una nueva relación entre la gente que compone esta sociedad y por eso sigo criticando el statu quo.
¿Qué importancia tiene haber nacido en Irún para una voz como la suya, que ha sido tan internacional?
Tiene que ver con haber nacido en 1963, en plena dictadura franquista, en una ciudad industrial, que sigue teniendo una frontera impuesta, que separa al País Vasco en norte y sur. Tiene que ver con una clase trabajadora muy reprimida, inmigrante. Ese tipo de componentes conforman todo lo que después voy a expresar a través de la música y los textos. La dictadura franquista es una dictadura que reprime al obrero pero también a la cultura vasca.
¿Se ha cuestionado su manera de ver el nacionalismo, a la luz de los tiempos?
Es una dialéctica muy interesante. Siempre he luchado por la autodeterminación de mi pueblo, pero se ha discutido mucho lo que significa el enaltecimiento del país al que perteneces. Parece una contradicción ser a la vez independentista e internacionalista. Pero se ha visto que la defensa de la cultura propia es indispensable para también defender los derechos de otras culturas. En eso tuvo mucho que ver el levantamiento zapatista, y también la actitud de muchos vascos que pensamos que cualquier injusticia en el mundo teníamos que sentirla como nuestra.
¿Cuáles son los pros y los contras de la aldea global?
La ventaja que le veo es la del conocimiento. La del poder ser más sabios, más conocedores del otro, más respetuosos con lo diferente. La desventaja es que se intente convertirla en algo homogéneo. Cuando a veces se habla de mestizaje se habla de algo muy peligroso, porque muchas veces se ha dado por la imposición. A mí me gusta hablar de interculturalidad, de cruzar los puentes, de conocernos.
¿Sigue siendo independentista, quiere la independencia del País Vasco de España?
Si, yo sigo apostando por la independencia del País Vasco. En estos momentos hay un movimiento muy interesante en Cataluña, por el derecho a decidir. Eso lo promuevo con un grupo muy grande de gente en el País Vasco por la autodeterminación, como también Quebec. Pues yo votaría que sí, por la independencia, con una relación muy cordial con el pueblo de España. Pero el País Vasco tiene que ser un país independiente. Es otro país.
¿El rock sigue siendo un buen vehículo para la rebeldía?
Sí. El rock es, en sí mismo, sigue siendo, algo liberador. Una expresión salvaje conectada con el primitivismo, con la transgresión, con la sexualidad. Es algo liberador. En ese sentido, por supuesto que se ha conectado con la rebelión y con la protesta y con la identificación de uno mismo con un ser nuevo.
Muchas veces eso parece simple retórica. En su caso, en cambio, el enfrentamiento se ha vivido hasta con amenazas de bomba a los lugares que iban a albergar un recital suyo, de parte de grupos de ultraderecha. Hasta donde sé, esa lucha continúa con una fuerza inusual.
Bueno, pues sí. Y no solo la ultraderecha, sino gran parte del Partido Popular. Pues yo concibo la música como una lucha, como un compromiso, como lo dice el poeta Manuel Celaya: “Tomar partido hasta mancharse”.
Usted ya ha estado en Uruguay, ¿guarda algún recuerdo especial?
Muchos. La primera vez que llegué fue en el año 94, justo después de las manifestaciones de la operación Filtro, en las que murió un joven. El concierto de Montevideo se suspendió, justamente por miedo a que hubiera algún tipo de conflicto. Entonces fui a Pando, que fue la ciudad liberada por los tupamaros. Fuimos a actuar allá. Y fue una manera de entrar en Uruguay impresionante, ¿no? Luego tuve la oportunidad de ir en 2004, ya con toda mi banda, y conocer bandas de Uruguay con las que he colaborado después. Y en 2006 volví y pude conocer a uno de mis admirados escritores, que es Eduardo Galeano. Además me he interesado por todo lo que está ocurriendo con el presidente Pepe.