11 de marzo 2014 - 19:19hs

Joan Baez es una de esas intelectuales porfiadas, que mantienen ciertas convicciones y estilo aunque el mundo haya cambiado de tal manera que sea difícil entenderla. Lo que en un momento fue la lucha por los derechos civiles, en Estados Unidos, y en contra de la guerra de Vietnam, luego se convirtió en la lucha en contra de las dictaduras en América Latina y también en contra de las violaciones de los derechos humanos en regímenes comunistas. Y así continuó su militancia a través de las décadas. También continuó su carrera artística, ya no con aquella voz milagrosa de soprano, sino con una voz que se agravó y también adquirió matices nuevos e intenciones sutiles. A pocas horas del show que ofrecería ayer de noche, Baez recibió a El Observador en un camarín del Auditorio del Sodre.

Estuvo en el vecindario pero nunca había estado en Uruguay. ¿Qué sabe del país?

Sé que tienen un presidente maravilloso. Felicitaciones por eso: cambio climático, marihuana, aborto y matrimonio igualitario.

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No pudo conocerlo...

No, está en Santiago. Yo voy a estar allí mañana (por hoy) así que tal vez.

El nombre de la gira es Gracias a la vida. ¿Qué le agradece a la vida, usted, personalmente?

Muchas, muchísimas cosas. Nací con esta voz y nací con el deseo de usarla. Y me pasaron cosas maravillosas, por lo que tengo mucho para agradecer.

Usted ha dicho que su voz es un don. ¿Siente que ese don viene con una responsabilidad?

Yo lo tomo como una responsabilidad. Siento que tengo la necesidad de compartirla con todos. Y eso es lo que hace mi vida más rica. Pero no le diría a otro lo que tiene que hacer con su don. Es una elección personal.

¿En qué cambió la esperanza en estos 50 años?

Hace 50 años estábamos juntos, había un sentido de unidad en la lucha. Y se podían lograr cosas. Por ejemplo: hubo una resistencia internacional en contra de la guerra de Vietnam. No terminó porque al presidente se le ocurrió. Terminó porque lo forzamos a hacerlo. Y ahora, la gente hace muchas cosas por todos lados, pero falta esa unidad. Cuando apareció Obama parecía el hombre capaz de unir voluntades, en Estados Unidos y el mundo, pero, lamentablemente, eso no se logró.

Barack Obama es el único candidato de un partido político que usted apoyó en este medio siglo de militancia. ¿Se siente decepcionada?

Bueno, es que no le fue posible. Fue electo presidente y se encontró con que tenía menos poder de cambiar las cosas que antes. En ese sentido Martin Luther King fue muy sabio y nunca quiso postularse, porque su poder estaba al lado de la gente.

Usted siempre dio la imagen de no tenerle miedo a nada. Ha estado cerca del peligro, en Buenos Aires, en Hanoi y casi no se ha dado cuenta. ¿Es correcta es imagen?

No, no lo es. He sentido mucho miedo. En Hanoi (donde la artista estuvo de visita en plena guerra de Vietnam, y sufrió uno de los bombardeos más feroces de parte de Estados Unidos) estaba totalmente aterrorizada. Pero a veces el miedo viene en circunstancias inesperadas. En Buenos Aires, (estuvo por última vez en 1981, entre la hostilidad oficial y las amenazas de bomba) yo estaba aparentemente tranquila, pero de repente alguien dejó caer una silla y casi me muero del susto. Lo que he buscado hacer es meterme en líos pero trato de no exponer a la gente a la que quiero apoyar. Muchas veces me decían: ´Hagamos esto´ pero eso los hubiera puesto en peligro a los que se quedaban luchando ahí.

Usted es famosa por ser muy seria, tal vez demasiado...

Tampoco es verdad. Se supone que soy seria en cuanto a las cosas que son importantes para mucha gente, que pueden hacer una diferencia. Espero no ser seria sobre mí misma, porque eso es una ridiculez. Me encanta reírme y mi vocabulario es variado. Me han dicho que tengo la voz de un ángel y el vocabulario de un marinero. Podría haber entendido que se dijera eso hace años, porque me tomaba muy en serio todo y sentía terror antes de subir a un escenario.

¿Todavía siente un poco de miedo antes de actuar?

No, ya no. La meditación me ayudó mucho en eso. Ahora puedo ser consciente de todo lo que pasa a mi alrededor mientras actúo, lo que hacen los otros músicos, y yo misma sintiéndome relajada en el escenario.

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