11 de abril de 2011 19:05 hs

El G8 de países ricos que se reúne esta semana en Italia enfrenta una avalancha de críticas por su pasividad ante la crisis y hay hasta quienes quieren disolverlo para que el G20, que incluye a las potencias emergentes, asuma el papel de gran orientador de la economía mundial.

El G8 se limitó desde el inicio de la crisis a hacer declaraciones de principios, en tanto que el G20 se mostró, en su cumbre de inicios de abril en Londres, capaz de iniciativas concretas.

El G8 está formado por los siete países más industrializados (G7: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón) junto a Rusia; el G20 suma a grandes emergentes como China, India, Pakistán, Brasil, México, Argentina, Sudáfrica o Arabia Saudí).

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"Las reuniones del G7 y del G8 de estos años no alcanzaron ningún resultado sustancial", afirma Richard Portes, investigador de la London Business School.
Ese foro informal, surgido en 1975, "ya no es adecuado para tratar la mayoría de los grandes problemas. No podemos hablar de medio ambiente, finanzas o comercio sin China, India, Brasil o Sudáfrica", agrega Portes.

"Resulta ilusorio imaginar una reforma del sistema financiero sin asociar a un país (China) que cuenta con la mayor cantidad de reservas de divisas del mundo", sostiene Barry Echengreen, de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos.

La jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, dijo el jueves que "el formato del G8 ya es insuficiente" pues: "Los problemas a los que nos vemos confrontados no pueden ser resueltos solamente por los países industrializados".

Una prédica similar a la del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien ya en noviembre proclamaba: "No tiene sentido que temas que afectan a toda la humanidad sigan siendo discutidos solamente por los países ricos".

Algunas voces sin embargo siguen defendiendo al G8, como John Kirton, de la Universidad de Toronto, para quien ese selecto club tiene un "papel esencial" en la definición de "las orientaciones" del G20.

Pero en vísperas de la cumbre del G8 que se celebrará del miércoles al viernes en L'Aquila (centro de Italia), la mayoría de los expertos considera que ese foro debe sencillamente autodisolverse.

"El G8 tiene que anunciar su desaparición (...), si se pretende que el G20 sobreviva y sea funcional", dijo Rajiv Kumar, del Consejo Indio de Investigaciones de Relaciones Económicas Internacionales, de Nueva Delhi.

"Hay que programar el fin del G8. Hay una contradicción básica en mantener con vida a ese pequeño grupo, pese a que ya decidió por sí mismo confiar los grandes asuntos mundiales al G20", destaca Charles Wyplosz, del Instituto de Altos Estudios Internacionales, con sede en Ginebra.

A tono con este debate, la ministra francesa de economía, Christine Lagarde, declaró el domingo que el G8 es una institución "mucho menos" pertinente, dada la evolución en el mundo, y que debe ser "ampliado" a los grandes emergentes para "adaptarse a las realidades" actuales.

La sucesión del G8 está en cualquier caso abierta y el G20, que volverá a reunirse a fines de setiembre en Estados Unidos, es un serio pretendiente.
Pero el G20 también genera reparos de todo tipo. Para Eswar Prasad, de la Universidad estadounidense de Cornell, los países industrializados siguen teniendo un peso excesivo en su seno, y por eso hace falta una reforma que garantice que "la voz de los emergentes sea escuchada".

La primera cumbre de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), a mediados de junio en Rusia, sugiere que los emergentes no esperarán de brazos cruzados que los demás les cedan espacios.

John Kirton cree que el punto débil del G20 es "su gran diversidad", dado que "países como China y Arabia Saudita tienen concepciones de la democracia totalmente opuestas a las de los demás, y eso es determinante en el enfoque que se da a temas como la regulación financiera", explica.

Rajiv Kumar afirma que "el G20 parece muy grande y por eso hace falta una agrupación más restringida", que podría ser un G4 con Japón, China, Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

En una posición diametralmente opuesta, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz aboga por un "G192", con todos los países de la ONU. Pero esa propuesta no encontró mucho eco en la reciente reunión de Naciones Unidas sobre la crisis económica.

El debate sobre la gobernanza mundial ya se ha entablado, pero, según Eswar Prasad, las "grandes tensiones" entre industrializados y emergentes podrían echar por tierra las "veleidades de unión" surgidas como respuesta a la crisis, una vez que empiece la recuperación. "No es evidente que el G20 sobreviva cuando volvamos a días mejores", afirma.

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