22 de septiembre de 2011 18:16 hs

Desde el pasado 5 de agosto, y siempre después de la tercera edición de Telemundo (Teledoce), el programa La púa sigue llevando adelante su propuesta de periodismo musical ahora enfocado menos a lo que sucede en la cartelera y más mirando los discos que marcaron un mojón importante dentro del rock nacional. En esta temporada, artistas como Abuela Coca, Sórdromo, Zero o Astroboy tienen su lugar en este ciclo que funciona casi como un reportaje en sí mismo, en uno de los pocos espacios televisivos –junto a Va por vos de canal 10– que siguen atendiendo a la música rock y pop nacional.
El programa ha tenido varios cambios de horario y ahora se reenfocó menos en la agenda musical y más en la historia.

¿Cuesta cada vez más hacer un programa como La púa?

Creo que nos hemos impuesto un poco la dificultad. definitivamente era más sencillo salir a cubrir escenarios, aunque los horarios en Uruguay no son siempre respetados del todo aún, lo que complica mover la estructura de un canal de televisión para un programa que no es prime time dentro de la grilla de un canal. Vimos también que hay un poco menos de fervor, menos conciertos. Hace algunos años había bandas tocando casi todos los fines de semana. Y nos fuimos quedando sin escenarios, por lo menos dentro de lo que nos interesaba a nosotros en términos de bandas y por temas técnicos, para filmar bien.

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Hablando de los escenarios, ¿siempre ha habido una idea clara de qué movida se quería cubrir?

Sí, siempre estuvimos básicamente enfocados al rock, aunque hemos dado espacio a alguna otra cosa vinculada. Cuando desapareció un lugar como DoS, hubo un largo paréntesis hasta que abrió La Trastienda. También creo que la agenda te obliga a cubrir cosas que muchas veces no querés porque cubrís al mismo varias veces. Creo que todo eso nos obligó a buscar otras miradas que, por cierto, a mí me interesaban más. Poder mirar un poco más y más a fondo un fenómeno, por más que sea pasado, con otra profundidad. Pudimos encarar temas que son parte de la escena roquera, como el de los fotógrafos del rock, los DJs, los diseñadores, los programadores de rock…, te da una mirada histórica vinculada que es complementaria. Eso nos allanó el camino para empezar a dedicarnos a discos históricos, que es lo que hacemos esta temporada.

¿Es un proyecto que mutó solo, o siempre estuvo la intención de llevarlo a este enfoque más periodístico?

Creo que tiene más que ver con lo que yo hacía en (el programa) Planta baja, ya ahí estaba esbozado. A partir de esa columna es que me proponen el programa dentro del canal, en consonancia con el momento tan fuerte que estaba viviendo el rock acá. Eso era bien parecido a esto. Y mi mirada periodística y documental es un poco el sello que creo que tiene el programa. Por otro lado, en televisión la propuesta tiene que ser balanceable. No podés hacer un programa solamente dedicado a artistas emergentes porque el público no va a ser consistente nunca. Entonces, la idea es que se pueda combinar todo.

¿El cambio de enfoque del programa tendrá que ver también un poco con la falta de música nueva relevante?

Sí, un poco puede ser. Me consta de todas formas que hay muchos proyectos nuevos y que no los he atendido. No creo que sea correcto que yo diga que no hay proyectos. No creo que exista el fervor de antes pero hay otros fenómenos: las salas de grabación van en aumento, cada vez más, los músicos existen, los proyectos se realizan. Uno no pone tanto la mirada en eso hoy, pero están ahí.

¿En cuánto del proceso está involucrado Carlos Dopico?

Por deformación personal propia, y porque somos un equipo muy reducido, yo también me involucro en la producción y, por supuesto, en el guionado de las entrevistas y las notas. En el canal se trabaja con Alejandra Borques como productora responsable, y luego es un pequeño equipo de sonidista, cámara y editor.

¿Cuál es el criterio de selección de discos?

Creo que son discos que fueron elegidos porque hacen entre todos a una historia de la escucha de música. Los del año pasado casi que no habían tenido discusión, más allá de que fueran realizables o no. La intención del programa era recrear la grabación, los arreglos. Por eso necesitábamos varias cosas: a la mayoría de los músicos –que estuvieran acá, que quisieran hablar, etcétera– y conseguir una importante cantidad de archivo. Por eso quedaron algunos discos fuera, como Ideación, de Psiglo. Hay discos que suplen esas ausencias, como Circa 1968 de El Kinto, que es una selección de aquellas canciones grabadas para Discodromo, que son uno de los pocos registros de ese grupo. Y hay otro disco que para mí era esencial en este ciclo, que era el Nérpola, de Bufón. Es un disco al que no se le prestó demasiada atención quizá, pero con Ossie Garbuyo, que creo que era uno de los mejores escritores de letras de canciones de los últimos años en Uruguay.

Con este tipo de programas, La púa se volvió una especie de espacio enciclopédico del rock nacional… ¿Podrá crecer como proyecto hacia algún otro lado?


Me han consultado varias veces por la viabilidad del proyecto de un DVD, cosa que no sería muy factible por la gestión de derechos de imágenes y de audios. Habría que gestionar todo el proyecto a través de algún fondo, pero es un trabajo que tendría que hacer yo solo. Pero los programas siempre se difunden, aunque sea por televisión o por internet. Lo importante es que quede el registro y el archivo, que es algo que se ha perdido y mucho. Yo no creo poder asumir el rol enciclopédico de un libro como Razones locas, de Guilherme de Alencar Pinto, sobre Mateo. Pero sí que puede ser un proyecto que algún día se explaye más sobre estos discos abordados. l

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