16 de noviembre 2015 - 5:00hs

lll Domingo Perona se recibió de médico legista en 1981 y trabajó varios años con cadáveres, como profesor universitario de anatomía humana, pero su inmersión definitiva en la muerte llegó en el año 2000, cuando asumió como médico forense. ¿Por qué se interesó tanto en la muerte? "Por el miedo a la muerte", responde mecánicamente, como si se lo hubiesen preguntado mil veces. "Como mecanismo de defensa me transformé en un especialista de la muerte", expresa.

"Esto no es reconfortante. Esto exige una batería. Lo que no hay acá es mecanismos por los que se esté trabajando en salud mental. Debiéramos tener un enfoque psicoterapéutico grupal del manejo de estas cosas", expresa Perona, quien entre febrero de 2012 y setiembre de este año fue director del Departamento de Medicina Forense.

Perona asegura que cada médico forense funciona a su manera, pero que todos, por una cuestión de oficio, comparten una estructura racional que les permite soportar las condiciones de trabajo. "Yo jamás converso en mi casa de lo que vivo en mi trabajo. Muchas veces me preguntan y no lo hago. Muy pocas veces conversamos entre nosotros, salvo alguna situación de casos a analizar en conjunto. No estamos en una mesa de café conversando lo que vi ayer y la autopsia que hice. Todos mantenemos una cierta reserva, que hay que mantener, también entre nosotros. Es una forma de protegernos y no estar permanentemente llevando al nivel consciente todo lo que vivimos", asegura.

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Como especialista en salud laboral, a Perona lo desvela la fortaleza emocional de sus colegas y el apoyo psicológico que les falta, en particular a los médicos forenses del interior del país. "En algunos casos no tienen ayudantes, por lo que tienen que poner el cuerpo en el cajón y sacarlo del cajón", explica. "En Montevideo hay auxiliares, médico autopsista, médico forense. Acá tenemos un equipo de trabajo, pero en el interior no es así", agrega.

"Desde el punto de vista de recursos humanos estamos escasos. Este es un servicio que se presta los 365 días del año y las 24 horas", repite. Prefiere hablar de las falencias del sistema que de su trabajo en concreto. "Le sigo teniendo miedo a la muerte", dice, mientras apoya sus manos sobre las vírgenes mesas de autopsia.

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