Espectáculos y Cultura > Entrevista a Vera Spinetta

"Piensan que por ser la hija de Spinetta soy un hada del bosque o de la Luna, y no tienen idea"

La actriz argentina Vera Spinetta repasa los desafíos de interpretar a la anarquista Soledad Rosas y el peso de llevar uno de los apellidos ilustres de la cultura de su país

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03 de marzo de 2019 a las 05:15

En medio del estruendo, Vera Spinetta ahoga la rabia y el llanto. Está de nuevo en el set, e intenta comunicarse con sus desconcertados compañeros de elenco, con su directora, con alguien, pero las palabras se mueren en medio de los megáfonos anarquistas. De vez en cuando, una bomba de estruendo estira la sordera del lugar. El pitido en el oído cede después de un rato, pero los gritos exteriores, el humo y los cánticos se suman a la canción de libertad que pretende correr a los usurpadores de Sole y Baleno. El equipo decide –sabiamente– que el día de rodaje ha terminado. Y que seguramente, también haya terminado Turín. Ahí no se puede filmar, no mientras se mantenga el boicot contra la película. Spinetta, entonces, se irá de allí casi corriendo y se internará en la habitación donde pasa sus noches italianas. Pondrá un disco de la banda de su pareja, se colocará los auriculares y pensará en Buenos Aires y en Génova, su próximo destino. Supondrá que allí no los hostigarán, pero se equivocará. Se morderá la lengua, pasará la mano por su cabeza rapada y sentirá una angustia parecida –ella lo cree así– a la que sintió Soledad Rosas en el lecho de su cautiverio. El mismo que la enloqueció de tristeza y melancolía. Pero aguantará.

¿Y quién es esta Sole, quién produce tal fervor contestatario? Sole es María Soledad Rosas, una chica de clase media alta argentina que en 1997, a sus 23 años, se va a Turín y se interna en el seno del movimiento squatter-okupa-anarquista de la ciudad. Allí se enamora de Edoardo Massari, un idealista de 34 con el que vive una corta pero intensa historia de amor: tras un montaje con dudosos fundamentos por parte de la justicia italiana, ambos son acusados de ser ecoterroristas. Edoardo –Edo– se suicida en su celda; no aguanta que le corten la libertad y por eso elige. Sole, en tanto, logra salir, pero la falta de Edo es demasiado y también elige: se ahorca con una sábana en la misma posición que su amado. Ambos se convirtieron en leyendas y su popularidad se asentó cuando el periodista argentino Martín Caparrós publicó en 2003 Amor y anarquía, libro en el que se basa la película Soledad.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Primer día de rodaje de Soledad. 20 de septiembre en todos los cines 💚🔥✨🌹☀️

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Pero ahora la historia de Soledad Rosas es tan pretérita como los disturbios que el equipo de la película sufrió en Turín. Veinte años después de los acontecimientos, es febrero, en Punta del Este hace calor y Spinetta se ríe de aquel alboroto. Sentada frente a un micrófono en una sala de cine en penumbras, un día después de la proyección de Soledad en el festival de cine de la ciudad, la actriz de 27 años, madre de Eloísa e hija de Luis Alberto, repasa aquellos locos días italianos.

“Hicieron un quilombo bárbaro. Su discurso era que la historia de Soledad y Baleno era suya, y es contradictorio porque los anarquistas no creen en la propiedad privada. Ellos no sabían ni siquiera que estábamos reivindicando una historia que había quedado media enterrada en el pasado. Hay escenas donde incluso se escuchan los gritos de los anarquistas reales. Después nos enteramos de que uno de los que trabajaba en el departamento de arte estaba pasando información. Era un buena onda total, pero les estaba tirando toda la data para que se fueran moviendo con nosotros. Ahora es gracioso pero la sufrimos. Pensé en irme a la mierda, pero decidí usar todo eso a favor. Cualquier cosa que afecte, si uno la usa como combustible, sirve”, cuenta.

En Turín, muchos muros todavía mantienen pintadas que rezan “Sole e Baleno libero”, por lo que resulta lógica la resistencia que se originó a causa de Soledad: el cine argentino se estaba metiendo con un ícono italiano fuerte. Y encima, quien lo hacía era Agustina Macri, hija de un presidente de centro derecha en ejercicio. ¿Que cuánto influyó eso? “Bastante. Influyó y lo entiendo”, dice ella. Pero no solo agitó aguas en la ciudad que más recuerda a Soledad Rosas; también dividió a críticos y espectadores argentinos que decidieron enfocarse más en el apellido de su directora que en la obra final. Así, Soledad fue bastante golpeada por la taquilla de su país.

Más allá de esas cuestiones, Spinetta está contenta. Ahora, afuera de la sala y sentada bajo un sol que quema y resalta las pecas de su rostro, la actriz cuenta que conoce la historia de Soledad desde mucho antes de la película, y que siempre estuvo enamorada de ella. Le reconforta que haya sido su primer protagónico y le da fuerzas para un año que se presenta agitado: la hija del “Flaco” editará su primer libro de poesía y también un disco. Y, además, prepara una nueva película. Son emociones fuertes que la excitan, aún cuando después de los vaivenes emocionales vividos en el rodaje de Soledad, todo parezca bastante sencillo. 

¿Por qué contar la historia de Soledad Rosas ahora?

En julio se cumplieron 20 años de su historia. Creo que es un momento apropiado. De todas formas, no creo que vaya a ser la última. Se va a volver a contar, y me parece interesante que pase porque Agustina (Macri) lo vio de esta manera, pero después vendrán más directores con otra visión, que tal vez se involucren más políticamente. De hecho, me parece re loco que hayan pasado 20 años y esta sea la primera vez que alguien cuenta la historia en el cine.

¿En Argentina se había olvidado su historia?

Creo que no, porque hay mucha gente que la conoce. Pero hay otro montón de gente que no tiene idea quién es Soledad Rosas y nunca escuchó su nombre. De hecho, charlando con conocidos, me han preguntado sobre la película y no saben nada de ella. Soledad está mucho más viva en Italia que en Argentina. Caminando por Turín te encontrás con pintadas o escrachos para Sole y Edo. Allá de verdad están vivos y presentes.

¿Qué removió en usted el enterarse de que se estaba haciendo la película?

Me enteré por mi representante que me llamó; él me quería explicar de qué iba la película y yo le dije que me mandara las escenas para el casting nomás, que ya sabía quién era ella. Tuve total certeza de que quería hacerlo. Después, como pasó mucho tiempo entre los castings, hubo muchas instancias en las que me puse muy nerviosa por las ganas que tenía de hacer el papel. No lo quería dejarlo pasar bajo ningún punto de vista. Siento una conexión tan fuerte con ella que era imposible que se me pasara. Confié un poco en eso.

De Sole, para Edo. “Nos veo juntos en aquella playa, desnudos, tan juntos. Logro sentir el perfume del mar, el sonido de las olas que golpean en las piedras, el viento suave ligero, el sol caliente en nuestra cara. Agarro tu cara con mis manos y después las paso por tu espalda. Vos me agarrás fuerte, me apretás, nos besamos, somos felices, mi amor”. (Carta extraída de Amor y anarquía, Martín Caparrós, 2003)

Que su primer protagónico haya sido este papel imagino que también fue muy fuerte.

Es mejor de lo que imaginé para mi vida. Más allá del resultado final, lo que me importa es lo que viví durante el proceso de ser Soledad. Es obvio que después van a haber cosas de las que no voy a estar conforme; el encare o lo que sea. Pero todo el proceso previo, el durante y la experiencia que viví es intransferible y de verdad me cambió la vida en un montón de aspectos. 

¿Llegó a enamorarse de la figura de Soledad Rosas?

Ya estaba enamorada. Interpretarla incrementó todo lo que sentía por ella. Hacer esta película me dio una perspectiva de todo lo que ella vivió; me pasó que yo veía el final de su vida como una tragedia absoluta, su suicidio me generaba un choque. Pero en un punto pasé a sentirlo como una liberación, que de verdad Sole se liberó. Ella decidió sobre su vida y cómo vivirla; cuando le quitan esa libertad la toma por la fuerza. Ahí es donde me partió la cabeza. Cierto es que todo es muy ambiguo en cuanto a su final, pero sentí que ella optó por un acto último y máximo de libertad y de soberanía propia.

Soledad y Edoardo

¿La película la llevó a algunos de los extremos emocionales más fuertes de su vida?

Seguro. El final fue extremo a otro nivel. Sentí cómo se me metía un puñal en el pecho, real. Después, en el momento de tener que reconocer el cuerpo de Edo. Veo esa escena y lloro porque es terrible, me hace mierda. Ese momento fue de lo más difícil de la película porque estaba completamente agotada, y no parábamos de filmar la escena una y otra vez. No podía volver a ver una y otra vez al chabón abajo de la sábana, muerto. Y también me pasó algo loco en el funeral de Edo. Me emocioné muchísimo porque sentí una profunda alegría, una emoción verdadera de poder estar haciendo eso, en ese momento y en ese lugar, de esa manera, con esa gente. Todos estábamos muy enamorados y conmovidos con la historia. Hasta el anarquista que filtraba datos. Me emocioné porque todo es mucho más grande de lo que esperaba para mi vida.

El pelo representa ciertas construcciones culturales que pueden influir más o menos en una persona. Para esta película tuvo que raparse. ¿Cómo se llevó con eso?

La cuestión del pelo es, en efecto, algo cultural y social, pero siempre es un tema fuerte. En la primera escena que filmamos ya me tenía que pelar. En principio, era menester para la actriz que hiciera de Soledad que estuviera dispuesta a raparse. Agustina con eso no tranzaba. Si aceptabas te rapabas. Y para mí fue fundamental, porque me dio mucha fuerza. Así como Sole tomó esa decisión más política o militante, yo también tomé la decisión de poder interpretarla con entrega. Por eso para mí fue muy fuerte. Obvio, es pelo y crece y no pasa nada, pero era mirarme al espejo y no reconocerme, era no tener nada con que decorarme, era mi cara y nada más. 

En Argentina la película y el trabajo de Agustina Macri fue defendido o atacado dependiendo de qué lado de la denominada “grieta” se ubicara la persona. A pesar de eso, siempre se destacó su actuación. ¿Cómo vivió esa situación tan ambigua?

A ver, yo me hago mierda porque soy muy exigente. Más con algo que me costó tanto. Pero como sé que vino de tan adentro y que fue un proceso tan largo y un aprendizaje tan grande, puedo ver la película y pensar que logré algo de lo que quería lograr como actriz. Estoy contenta con mi laburo, que es algo que no me pasó nunca. Antes de Soledad, jamás me pasó de poder decir que estaba orgullosa de algo que hice. Y eso me pone muy feliz, y creo que toda la gente que la vio dijo cosas lindas de mi trabajo. Más allá de eso, sí. Para Agustina fue difícil. Es un peso permanente con el que se juega. Fue fuerte.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Nosotras nos amamos y amamos lo que hicimos 💚 @soledadpelicula estrena el 20 de septiembre daleee

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¿Qué tanto pesa el gen Spinetta en su elección por el mundo del arte?

Cien por ciento. Tener padres que te enseñan que la vida puede ser diferente y que podés disfrutar las cosas de otra manera, hacer lo que te gusta con entrega, tiempo y libertad, solo preocupándote de seguir tu ritmo, te influye totalmente. No solo papá; mamá también es así. Tuve el privilegio de tener padres con esa mirada y esas enseñanzas. 

¿Cómo lidia con el peso del apellido?

Es un peso enorme. Obviamente es algo positivo, pero la gente te conoce y te prejuzga porque saben quiénes son tus padres. Piensan que por ser la hija de Spinetta soy un hada del bosque o de la Luna, y no tienen idea de cómo soy en realidad. También hay gente que se acerca solo para estar cerca de la hija de Spinetta, que es una cagada. Me han pasado mil de esas en mi vida. 

La recreación de una de las fotos más famosas de Soledad Rosas

¿Eso le duele?

Antes me pegaba peor. Lo que pasa es que ahora no me como ninguna. Estoy entrenada. Ya con 27 años entendí cuándo es interés genuino y cuándo es por mi viejo. Pero es rarísimo que la gente tenga preconceptos sobre vos sin ni siquiera conocerte, sobre todo porque recién ahora empiezo a aparecer más en cámaras, porque no soy mediática ni mucho menos. Es raro porque no es una decisión personal. Ahora al ser actriz sí, pero cuando pasaba antes no. No era yo, era la hija de. Pero a la vez me genera mucho amor. Porque detrás de ese acercamiento está el amor; la gente me regala amor por ser la hija de Luis Alberto Spinetta, ¿entendés? Y es hermoso, porque habla de lo que mi viejo generó en la gente. Por eso ahora tampoco soy tan fóbica. Es re lindo que vengan y te digan “loca, amo a tu viejo, me cambió la vida” y te abracen y te agradezcan. Y claro, todo eso influye en mis opciones y decisiones. En pensar “bueno, voy a sacar mi música y no importan los demás”, en buscar mi camino y diferenciarme de mi viejo y mis hermanos.

Su hermano Dante logró despegarse bastante de su padre con su música.

Claro, pero él lo hizo de forma mucho más inconsciente, porque era muy chico cuando empezó. Le salió natural hacer lo que le pintaba y lo hizo. En cambio yo, como de chica elegí la actuación, no pasó. En un momento me dije que no podía seguir evitando el amor que tengo por la música o las ganas que tenía de mostrar lo que hago al mundo. Por eso, me parece que es solo cuestión de animarse, de no tenerse miedo a uno mismo. Porque uno puede ser su peor enemigo o su mejor aliado, depende dónde se ponga. Es una lucha por encontrar el amor propio, por no tener miedo a crecer.

Soledad, en sus últimos días. “Últimamente lo extraño demasiado, tal vez estoy haciendo cualquier cosa y una imagen suya me viene a la mente, me vienen flashes de cosas que hacíamos juntos o de imágenes nuestras, su sonrisa, sus ojos. Cuando pienso en esto me da la sensación de que no puedo resistir más, mamma mía, es tan profundo el dolor de la muerte que parece que no se puede superar más” (Carta extraída de Amor y anarquía, Martín Caparrós, 2003)

 

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