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¿Quién le pone el cascabel a gato?

Columna de opinión de Carlos María Uriarte en El Observador Agropecuario

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24 de noviembre de 2017 a las 05:00

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Si bien es un tema que preocupa a la sociedad uruguaya del trabajo, su discusión pública es comúnmente evitada por su potencial costo político. Nos referimos al poder, pero sobre todo a la ascendencia, que los sindicatos tienen hoy sobre el trabajo nacional. Tanto es así, que más de una vez nos preguntamos, ¿quiénes son los reales patrones de hoy? ¿Quiénes son los que imponen las condiciones y quiénes son las que las acatan?

Si bien no es bueno, ni justo generalizar, pues hay sindicatos de los cuales debemos todos aprender, hay otros que parafraseando al ministro de Trabajo cuando se refirió al sindicato de Conaprole, "toman medidas desproporcionadas". Justamente este sindicato es el claro ejemplo al que, con mucha preocupación, nos queremos referir. No hace mucho este sindicato impidió que se echara a un trabajador que se lo procesó por robo a la cooperativa láctea.

Más cerca en el tiempo, hizo que muchos miles de litros de leche se perdieran, por defender a dos choferes de fleteros que fueran cesados en sus trabajos por inviabilidad de la empresa. Últimamente pararon nuevamente a la cooperativa porque a una persona se la dispuso para dirigir un vehículo. Evidentemente quienes toman estas decisiones nunca asumieron los perjuicios que provocaron a la empresa más importante del país, siempre fueron los productores.

En estos días el conflicto llegó a la industria frigorífica, donde se paralizó una planta porque 68 funcionarios que fueron enviados al seguro de paro. Cabe destacar que en este caso no existen reclamos por falta de pago salariales, y que esta empresa había acordado convenios con sus trabajadores por arriba de las pautas acordadas en el último Consejo de Salarios del sector. Se adujo persecución sindical, por más que solo la mitad de los enviados al seguro están sindicalizados.

Durante una semana, a pesar de existir una medida cautelar, se impidió el libre acceso a quienes deseaban trabajar, provocando pérdidas cuantiosas a la empresa que hoy ponen en riesgo el futuro de esa fuente laboral para más de 300 trabajadores.

Tampoco en estos casos quienes toman estas decisiones, asumieron los perjuicios que provocaron, fueron los productores que lo hicieron.

Si bien desde el gobierno se aduce como un éxito que en la última ronda el 95% de los Consejos de Salarios llegó a un acuerdo, la verdad es que en muchos de ellos los generadores de trabajo aceptaron condiciones a sabiendas que no se podían cumplir, y el resultado fue la pérdida de puestos de trabajo.

Tanto fue el poder de negociación de los trabajadores y la sumisión de los empresarios, que la intervención del Estado fue necesaria para corregir a la baja lo acordado, y así adaptarlo a las pautas del gobierno.

El sector agropecuario fue uno de los pocos que, fiel a sus convicciones, no acordó en los últimos dos Consejos de Salarios porque a las condiciones establecidas se las consideraba inviables, y que pondrían en riesgo la sustentabilidad de los puestos de trabajo. La realidad es que en los últimos tres años en el campo se han perdido aproximadamente 10 mil puestos de trabajo. Tendencia que es muy probable continúe de no mediar cambios en las condiciones actuales de la relación laboral.

Es decir, en los últimos seis años los ajustes salariales en el sector rural fueron impuestos por el gobierno y el sindicato. En otras palabras, son ellos los únicos responsables de las condiciones laborales actuales en el campo, y son ellos mismos quienes más frecuentemente las critican.

¿Será que el ámbito tripartito ofrece las condiciones necesarias para una correcta discusión? No ha sido así, al menos para el sector agropecuario.

Medidas como las recientemente tomadas en el sector lácteo y cárnico, donde no se evalúan bien sus consecuencias, no solo abarcan a la industria y a sus empleados, abarcan a toda la cadena, y principalmente a los productores, porque es sobre quienes a la larga repercuten sus efectos negativos.

La soberbia que da el poder sumado a la omnipotencia de la ignorancia, nos hace enemigos de la solidaridad y de la visión general que estas situaciones exigen.

El tratamiento de estos temas demanda el máximo de responsabilidad de todas las partes, y para hacerlo debemos eximirnos de todo interés personal y/o sectorial, y enfocarlos con un interés nacional.

Debemos evitar el odio y el divisionismo, y promover el dialogo y el respeto a todo costa.

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