La unidad de inspección de ruidos molestos a cargo de los balnearios La Paloma, La Pedrera y Punta Rubia, en Rocha, recibió más de 20 reclamos por noche en los primeros días de la temporada de verano, según dijo a El Observador el inspector Damián Huelmo. De ellos, más de la mitad culminan en situaciones conflictivas entre los funcionarios y jóvenes turistas que ignoran el llamado de atención y se niegan a firmar la multa.
La multiplicación de denuncias por esa causa llevó a la Intendencia Municipal de Rocha a modificar la Ordenanza sobre Ruidos Molestos y aumentar la multa a un total de $ 7.700 (10 UR) para los casos de “previas” y fiestas privadas que excedan el límite previsto.
Según el alcalde de La Paloma, La Pedrera y Punta del Diablo, Alcides Perdomo, el caso se remonta a “los conflictos naturales entre mayores y menores, los que van a divertirse y los que van a descansar”. En ese sentido, el encargado de inspecciones de la Intendencia de Rocha, Gerardo Sosa, dijo que las infracciones no provienen de los boliches, sino de las viviendas privadas, donde grupos de entre 20 y 40 jóvenes prolongan la “previa” (reunión en casas de familia antes de ir al boliche) hasta la hora 5 de la mañana, generando problemas con los vecinos que intentan dormir.
“Del 100% de la población que tenemos ahora en La Pedrera, solo 10% está descansando”, explicó Huelmo. “La Pedrera no ha dado abasto y los servicios están colapsados”, agregó el inspector, asombrado de que el volumen de gente y descontrol sea similar al que se genera en febrero durante el ya tradicional carnaval de La Pedrera.
Algo similar a lo que pasa en esos tres balnearios se repite, de algún modo, en Valizas y Chuy.
Parlantes a pila conectados a un celular o vehículos con la radio a todo volumen en la calle central suelen ser las principales fuentes de sonido por las que los inspectores reciben denuncias. En el caso de los vehículos, Huelmo explicó que, por noche, hay cerca de seis o siete casos de infracción en La Paloma y tres o cuatro en La Pedrera.
Si bien el procedimiento de vigilancia es simple (notificar verbalmente sobre el exceso y solicitar que bajen el volumen, luego por escrito y finalmente la multa), los inspectores dedican parte de su recorrida a volver varias veces a una misma casa a reiterar el aviso de manera verbal hasta que los jóvenes acaten.
“Por ahí puede ser error mío el ser demasiado flexible con los que están de fiesta y no con los vecinos”, reflexionó Huelmo. “Es una locura, pero es la modalidad de la juventud de ahora y tratamos de acompañar eso”, agregó, por su parte, Sosa.
A la guerra con un sonómetro
Previo al inicio de temporada, la comuna rochense designó dos grupos de inspectores de ruidos molestos para que supervisen los balnearios entre la medianoche y las ocho de la mañana. La primera unidad está a cargo de la zona que va desde La Paloma hasta La Pedrera y la segunda del área entre Punta del Diablo y Barra del Chuy.
Según dijo Huelmo, la primera unidad está integrada por cuatro funcionarios y un solo vehículo con el que deben recorrer los tres balnearios. “En la noche se nos pierden muchos casos”, dijo. La Paloma y Punta Rubia suelen ser los más afectados por esta realidad, agregó.
Además de los recursos, que no son suficientes para la cantidad de denuncias presentadas, la otra dificultad es la violencia con la que responden los denunciantes y los infractores, según las autoridades. Los inspectores deben tratar con vecinos que llaman para hostigarlos y exigir respuestas, así como también con jóvenes que se niegan a cumplir la ordenanza.
“Se generan situaciones diferentes. Por ahí, vas a una casa a pedir que bajen el volumen y lo hacen, pero después vas a otra a decir lo mismo y empiezan a tirarte con botellas o alcohol y la única herramienta que tengo es la boleta de notificación y el sonómetro”, agregó Huelmo.
Los inspectores de la comuna no llevan uniforme ni tienen la autoridad para detener a nadie; solo poseen carne de identificación. Según Sosa, “se trabaja con gente que no está uniformada”. “Tienen una remera negra común y corriente para que no choque con los jóvenes en plena noche y no quede mal”, dijo. Sin embargo, Huelmo explicó que a esta altura de la temporada la gente ya los reconoce a ellos y al auto en que se mueven.
Si bien solicitan el apoyo de la Policía para casos de desacato, Huelmo dijo que no puede estar “las 24 horas” pidiéndole apoyo a la Policía: “Encima que los funcionarios son pocos por la vuelta no puedo estar dependiendo de ellos”. Agregó que la Policía tiene otras tareas que realizar en ese horario y no es correcto “presionarlos” a dejar sus funciones para que ayuden a los inspectores.
“Curar con aspirina”
Si bien el aumento de la multa surge como respuesta a la cantidad de denuncias, la prioridad es no aplicarlas. Según el encargado de inspecciones de Rocha, ello se debe a que “las multas por ese concepto no representan un ingreso genuino para la intendencia” y a que sabe a ciencia cierta que la multa “tampoco soluciona nada”, por lo que trata directamente de “cortar el barullo”.
Para el alcalde Perdomo, sancionar con multas “es curar una enfermedad grave con aspirina”. A su juicio, la multa no es una solución ya que responde a un problema que en la actualidad no existe, como boliches o fiestas clandestinas que se realizaban en el verano en casas alquiladas.
Sosa dijo que, antes de aplicar una multa, se busca concientizar a los dueños de las viviendas y a los turistas acerca de la norma. Huelmo dijo que intenta hablar con los jóvenes para que entiendan que hay vecinos descansando, a pesar de que muchas veces ellos hacen caso omiso a la multa e incluso se niegan a firmar la notificación escrita. “De todas maneras, siempre se trata de que corten la música. Porque igual se juntan todos para pagar la multa –y seguir con la música– y el vecino se queda sin dormir”, concluyó.