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El Observador | Daniel Supervielle

Por  Daniel Supervielle

Periodista, analista, director de comunicación estratégica y política de CERES
25 de noviembre 2023 - 5:01hs

El lunes 27 de noviembre no será un día cualquiera. Uruguay recordará los 40 años del célebre «Acto del Obelisco», aquella concentración multitudinaria que se desarrolló en la recta final de la dictadura para reclamar «Por un Uruguay democrático y sin exclusiones».

Cuatro décadas y mucha agua que ha corrido por debajo del puente desde entonces. A medida que pasa el tiempo la dictadura queda cada vez más lejos. De a poco agoniza con la partida de los protagonistas de aquella época de terror, llevándose secretos a sus tumbas. 

Yo tenía 13 años cuando mis padres me llevaron al Obelisco. Recuerdo el brillo de un sol abrasador y mucha gente. Carteles con siglas que no entendía bien a qué se referían. Gente que se saludaba y una sensación de compañerismo tribal que no podía decodificar. Aquella movilización, conocida también como “Río de Libertad” por la famosa foto de Pepe Plá publicada en el semanario Aquí, fue organizado por todos los partidos políticos, incluso los proscriptos. Contó en el escenario con dirigentes que representaban a todo el espectro de organizaciones que luchaban por la apertura y la realización de elecciones libres.

No puedo olvidar la voz grave del orador que se dirigió a la multitud congregada bajo los árboles del Parque Batlle. Con el tiempo, supe que era Alberto Candeau, el principal actor de la Comedia Nacional. Los uruguayos se unían por una causa común: la búsqueda de la libertad.

Los gobernantes no habían sido elegidos por nadie y muchos ansiaban la oportunidad de votar y sacarlos. Ese fue mi primer acercamiento a la política.

Todo eso se respiraba en mi casa. Teníamos parientes exiliados y parientes que no. Como muchas familias uruguayas la dictadura las partió al medio. En casa quedaba claro que estábamos del lado correcto de la historia, salvo por mi hermano dos años más chico que inocentemente había dicho unos años antes que apoyaba el SI porque la policía lo decía. 

Es de destacar la iniciativa del Partido Independiente de convocar a los partidos políticos para organizar una gran conmemoración de aquel suceso de noviembre de 1983. “Fue un acto de valentía y resistencia”, dice el comunicado de los independientes que agrega: “La multitud reunida representaba la diversidad del pueblo uruguayo: jóvenes, trabajadores, artistas, intelectuales y ciudadanos de todos los ámbitos de la vida. Juntos, levantaron sus voces en un clamor unificado por la libertad, la justicia y el restablecimiento de las instituciones democráticas”.

A cuatro décadas de aquel acto impresionante donde Uruguay mostró su amor por la libertad y la República han pasado muchas cosas. A nivel político el país consolidó la potencia de su luz democrática en el continente. Pasaron los tres principales partidos por la presidencia y no se han registrado situaciones que busquen derrocar al gobierno de turno. 

Con aciertos y errores, omisiones y astucias los uruguayos fuimos atravesando estos cuarenta años discrepando, debatiendo, riñendo, pero avanzando, sabiendo que hay un bien mayor que hay que custodiar las instituciones republicanas que sustentan nuestra democracia y aseguran la libertad.

Hemos atravesado y salido adelante más unidos de la brutal crisis económica del 2002 y del patotero corte de puentes binacionales por Argentina en la primera presidencia de Tabaré Vázquez. También de la inesperada pandemia del 2020, entre muchos otros episodios históricos. De todas las crisis Uruguay salió fortalecido. Si hay una enseñanza a destacar de todos esos momentos es la mayor conciencia de la importancia de los acuerdos nacionales para sortearlas. 

En las peores crisis de la historia reciente afloró el mejor temple de las personas que habitan este país. Quedarán como manchas aquellos que pretendieron llevar agua para su molino en momentos tan duros, pero fueron una minoría que no llegaron a representar a las grandes mayorías silenciosas que sí estuvieron a la altura de los tiempos.

En estos últimos cuarenta años la vida nos ha pasado a todos. Los proyectos personales, nos caímos y nos levantamos. Nos fuimos del país y volvimos. Estudiamos, formamos familia, tuvimos hijos, trabajamos, perdimos y ganamos. Nos abrazamos en 2010 con la gran participación de la selección en la Copa del Mundo en Sudáfrica y vivimos los 1° de marzo cada cinco años con emoción escuchando las ideas y sueños de nuestros presidentes recién asumidos.

Así pasó la vida en los últimos cuarenta años. 

Y sin embargo ahí está fija en la memoria colectiva la foto tomada por Pepe Pla denominada “Río de Libertad” a la que uno acude siempre que quiere ver a Uruguay en su mejor cara. Alguna vez escribí que esa foto es tan importante como el cuadro de Blanes del desembarco de los 33 orientales en la Playa de la Agraciada el 19 de abril de 1825. Puede sonar exagerado, pero lo creo. 

Entonces: ¿qué espero de los políticos cuando hablen al pie del Obelisco de los Constituyentes cuarenta años después? Los invito a que le hablen con el corazón a aquel pibe que no entendía mucho por qué había tanta gente ilusionada. Que le expliquen por qué esa unidad fue tan importante y cómo a partir de esa acción colectiva se puede proyectar un futuro de esperanza para nuestro gran país

No me gustaría ver a líderes políticos solo recordando un pasado que no va a volver. Tampoco justificando toda la acción de los cuarenta años posteriores en función de cómo se pararon en y ante la dictadura. Tampoco quiero que me cuenten que fueron héroes de la resistencia.

Esa historia ya la escuché unas 100 veces. Creo que son muchas más las enseñanzas de lo que hicimos desde entonces y a partir de ahí, que lo que hicimos antes. 

El niño de 13 años estará allí. No me gustaría que se fuera sin la ilusión y esperanza de hace cuarenta años.

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