La pregunta del título de esta nota surge de una idea y de un deseo amasado en el conglomerado multicolor que gobierna desde el 1° de marzo de 2020 luego de cortar con tres lustros de administraciones de izquierda.
La idea está basada en una realidad que admite más de una lectura pero que los coaligados la presentan como un riesgo cierto para la moderación política uruguaya: los sectores socialdemócratas del Frente Amplio que orientaba el fallecido Danilo Astori han perdido pie en la izquierda, en tanto que los grupos más “radicales” son los que apuntalan a los principales precandidatos de esa fuerza que intentará volver al poder en las próximas elecciones.
Aunque los 15 años de gobierno del FA apenas modelaron la estructura económica del país y, si acaso, pusieron un poco más de énfasis en el gasto en políticas sociales, desde el oficialismo advierten que una presidencia de Yamandú Orsi –respaldado por el MPP de José Mujica- o de Carolina Cosse -apoyada por los partidos Comunista y Socialista- representaría el desembarco del “peor Frente Amplio”.
No está claro cómo perjudicaría a los uruguayos el cambio de manos en el poder, aunque el oficialismo pone como ejemplo de las posibles desgracias venideras el plebiscito que buena parte de la izquierda quiere impulsar contra la reforma jubilatoria aprobada en esta administración, propuesta que de prosperar, según advierten expertos de todos los colores, haría tambalear un sistema previsional ya desfinanciado.
Después de hecha la advertencia, blancos, colorados e independientes expresan su deseo: que la correlación de fuerzas a favor de los radicales espante a los más moderados de los frenteamplistas, y que desde la coalición gobernante se tiendan las redes necesarias para captar ese desencanto.
Parece improbable que Cabildo Abierto sea opción para esos moderados, si bien en la elección pasada supo atrapar a sectores empobrecidos que antes habían votado a la izquierda de la mano de José Mujica o de Tabaré Vázquez.
Entres los blancos quienes más abiertamente apuntan a ese público son los integrantes del sector D Centro –larrañaguistas que apoyan a Alvaro Delgado- y Por la Patria de Jorge Gandini.
En una entrevista con El Observador, Gandini se apuntó en la carrera de quienes pugnan por los desertores de la vereda de enfrente. “Creo que la próxima elección va a ser de mucho voto pragmático. Mucha gente que se identifica culturalmente con el Frente Amplio va a tener que elegir entre ser gobernados por sectores de la izquierda que no tienen punto medio, que están muy vinculados a los sectores duros a la dirigencia sindical, o defender lo que han conquistado en lo material y en lo inmaterial votando la opción de la coalición. (…) Entonces hay que construir pistas de aterrizajes cómodas, buenas excusas para que gente de izquierda pueda decir: voté a los blancos pero a fulano. En ese lugar me siento cómodo”, dijo Gandini.
Por su parte, el dirigente de D Centro, Luis Calabria, afirmó que el Frente Amplio ha dejado en la orfandad a muchos de sus votantes ya que “el silencioso pero implacable apoderamiento, estructural, ideológico y discursivo que han perpetrado los sectores más radicales y polarizantes de la coalición de izquierda, expulsa a quienes tienen una sensibilidad ligada a la moderación, el sentido común y el republicanismo”.
En una columna publicada en El Observador, el exdirector general de Secretaría del Ministerio del Interior sostuvo que con esa afirmación no pretende inmiscuirse en la interna de otro partido sino prevenir al suyo acerca de “la responsabilidad que se tiene en generar el amplio espacio de centro donde puedan converger sectores republicanos que en su momento confiaron en alguna de las diversas columnas de la izquierda uruguaya”.
Por otra parte, desde su nacimiento, el Frente Amplio se ha nutrido de sectores colorados que vieron en la izquierda, en sus postulados a favor de los más desfavorecidos y en su agenda de derechos, una opción parecida a la del primer batllismo de José Batlle y Ordóñez.
Ahora, desde el Partido Colorado reivindican la herencia de aquellos cambios de principios de siglo que formatearon al Uruguay progresista, y también se proponen para recibir a los retornados.
"Nuestra propuesta es de centro, va por ese Uruguay de oportunidades del que me considero legítimo abanderado: el de la asignación familiar, el de la salud pública, la escuela pública, el de ese Uruguay que le permitió a gente como yo ser el primer universitario de mi familia, viviendo en pensión y con encomiendas que me mandaban de Tacuarembó", dijo Robert Silva el candidato del grupo Ciudadanos que aparece en los primeros lugares de las encuestas de la interna de su colectividad.
“Creo que el tipo promedio de centro, sensato, equilibrado, gris y callado, piensa más como nosotros. Capaz que no grita en redes sociales, pero mira y es mucho más cantidad de gente que la que grita en redes”, dijo por su parte Andrés Ojeda, quien viene trepando en las encuestas.
Tal vez quien más credenciales puedan presentar desde su trayectoria para captar a algún izquierdista moderado sea el Partido Independiente. La mayoría de sus dirigentes supieron militar en el Frente Amplio y desde su fundación se promocionó como una opción de centro izquierda equidistante entre los partidos fundacionales y el FA.
En las elecciones pasadas, el partido liderado por el ministro de Trabajo, Pablo Mieres, optó por apoyar a Luis Lacalle Pou en el balotaje luego de desplomarse electoralmente en una primera vuelta en la que consiguió un solo diputado.
El PI espera recuperar los votos perdidos en 2019 y ven en los izquierdistas moderados uno de sus principales objetivos para lograr levantar cabeza.
Pero, como fue dicho, todas esas esperanzas están basadas en la idea de que las precandidaturas de Orsi y Cosse expulsarán a un número no determinado de votantes. Los puentes están tendidos. Habrá que ver si, de verdad, hay frenteamplistas dispuestos a cruzarlos.