23 de diciembre de 2014 18:09 hs

Los productores, al adoptar decisiones en un escenario complicado en lo climático y de precios ajustados, deben priorizar el aspecto técnico en cada decisión en las chacras, aconsejó el agrónomo Marcelo Carmona, durante una jornada técnica organizada por Solaris y BASF.

Titulada “¿Qué nos espera esta campaña?”, se realizó la semana pasada en Rafael Perazza, Santa Bernardina, Young y en Mercedes, aportando un conjunto de conocimientos útiles para decenas de productores y técnicos.

Carmona, fitopatólogo de la Universidad de Buenos Aires, explicó que esta zafra ha sido muy particular, “climáticamente hubo cambios fuertes, con uno de los inviernos más cálidos de la historia y una frecuencia y cantidad de precipitaciones que se siguen dando regularmente; no parece un año de sequía, lo que implica buena producción y problemas de hongos. Si la soja puede rendir bien, las enfermedades existirán con intensidad alta; cuando a un productor le va bien a los hongos también. Son años para aplicar tecnología”, afirmó, “y por suerte la hay muy buena, falta invertir más conocimiento por hectárea”.

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A lo climático se le añade “el factor precio, que ha caído”.

Eso establece que en la balanza los productores estén colocando las decisiones técnicas reales y las cuestiones económicas posibles.

“Hay que sacar una decisión inteligente, que no castigue a lo técnico, no priorizar ahorrar dinero, muchas veces esa cuenta sale mal y se terminan pagando más costos de lo necesario”, alertó. “La decisión debe ser técnica” para manejar enfermedades en soja y maíz, para ver cuál es el mejor momento para aplicar fungicidas, cuál y en qué dosis.

Una decisión adecuada en un año tan complicado “es el éxito”, remarcó Carmona.

Willy Chiaravalle, agrónomo y director de la consultora Entoagro, en la citada jornada aportó claves sobre el tema plagas.

Afirmó que para realizar un buen manejo de las poblaciones de insectos hay que hacer un esfuerzo para conocer cuáles son las fuerzas que hacen que una población tenga grandes números y crear estrategias para llegar a soluciones eficientes. Dentro de ellas deben contemplarse, como herramientas, los insecticidas.

Admitió que “hay numerosos principios activos, cada vez más eficientes y amigables con el ambiente; es extraño decirlo así cuando estamos ante un producto que mata un insecto, pero sin dudas hoy esas herramientas generan mucho menos desequilibrios; medio en broma decimos que no somos asesinos de lagartas, somos productores de granos, es suficiente con evitar el daño”.

Citó que en un año difícil para aplicar –por la lluvia y el barro no hubo piso y los aviones no siempre pudieron accionar por alertas meteorológicas–, “a veces hubo aplicaciones atrasadas, no perfectas, y una parte de la población quedó viva, pero intoxicada: no come bien y si no hay daño es absurdo volver a pasar insecticida”.

Concluyó que el productor es receptivo a apostar a nuevos desarrollos tecnológicos y conocimientos y celebró que “en Uruguay no debe haber una hectárea de soja sin un técnico atrás”.

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