15 de abril 2013 - 19:29hs

La ingeniería electoral que blancos y colorados precisan montar para unirse contra el Frente Amplio en Montevideo no tiene antecedentes en la historia nacional y, dada su complejidad, se necesitará de algo más que buena voluntad para levantar el edificio.

Entre otros caminos intrincados a recorrer, los impulsores del acuerdo no solamente tendrán que competir contra sí mismos en las internas con un candidato presidencial de alternativa; también tendrán que dejar afuera de esa instancia a los principales referentes del departamento para que luego puedan participar en los comicios municipales.

La posibilidad de un pacto entre blancos y colorados en la capital cobró nueva vida cuando este domingo el senador Jorge Larrañaga (Alianza Nacional) se manifestó a favor del acuerdo.
Pero esto recién arranca y el camino tiene un montón de obstáculos que, si bien ya fueron analizados a fondo por los impulsores, aún no fueron removidos ni mucho menos.

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Para empezar, los partidos tradicionales deberán convencer a sus propios votantes de la necesidad de comparecer juntos bajo un lema alternativo con el solo objetivo de sacar a la izquierda del palacio municipal.
Tendrán que decirles que no tiene nada de malo juntar los votos de Larrañaga con los de Pedro Bordaberry y los del herrerista Luis Lacalle Pou con los del batllista José Amorín. Y que vale la pena correr el riesgo de que, votando a un candidato colorado, terminen eligiendo un intendente blanco y viceversa.

Según una encuesta realizada por la empresa Equipos en diciembre pasado, aún dentro de los propios partidos tradicionales la idea genera rechazos. En términos gruesos, dentro del electorado tradicional un tercio manifestó agrado por la iniciativa, un tercio rechazó el acuerdo, y un tercio está expectante respecto al tema.
“El estudio muestra quees necesario derribar ciertas resistencias que hoy existen dentro del electorado tradicional que, por razones históricas, ideológicas éticas o estratégicas, hoy preferiría que los partidos concurrieran a la elección por separado”, dice la encuesta

Las formas.
Pero el acuerdo blanqui-colorado necesita, además, de muchos acuerdos formales. Primero hay que elegir el nombre del partido bajo el que votarán blancos y colorados en las municipales de mayo de 2015. Ese partido -supongamos el nombre ficticio de “Vamos por Montevideo”- debe tener un candidato presidencial propio que participará en las internas de junio compitiendo con los postulantes blancos y colorados.

Y ese candidato debe sacar al menos unos 500 votos para que se lo habilite a comparecer en las elecciones a intendente de Montevideo. Es decir, blancos y colorados tendrán que mandatar a 500 de sus adherentes para que sufraguen fuera del lema y concurran a darle su apoyo a “Vamos por Montevideo”.

Ya se ha dicho que ese partido debe tener un candidato presidencial propio. Un candidato con lustre pero sin mucho vuelo. “Debe ser alguien que nos represente a todos y que no se la crea demasiado. Debe entender que su candidatura será testimonial”, comentó a El Observador uno de los impulsores del acuerdo.

Esa candidatura tendrá una vida breve. Una vez pasadas las internas, se abstendrá de participar en las elecciones nacionales pero dejará el lema accidental al servicio de los candidatos municipales blancos y colorados quienes concurrirán en listas separadas pero acumularán sufragios gracias al lema común.

Y algo más: la Constitución prohibe que los dirigentes políticos que participen en las elecciones internas lo hagan luego en las elecciones nacionales y municipales. Es decir, blancos y colorados deberán tener un plantel de emergencia para que llenen las listas de las elecciones internas. Por ejemplo, el diputado Jorge Gandini –quien ya anunció que será candidato a la intendencia capitalina- no podrá registrar su nombre en las papeletas de su grupo.
¿Cómo hará Gandini para que la gente identifique su lista 250 del resto de las listas blanca? Aparentemente, poniendo su foto pero no su nombre.

En fin: además de presentar propuestas seductoras, blancos y colorados deberán extremar su astucia en Montevideo si quieren terminar con más de 20 años de gestión frenteamplista.

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