El 2014 fue declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultura Familiar. En Uruguay, al igual que todo el mundo, este segmento del universo rural es muy relevante y numeroso, hay varias iniciativas públicas al respecto, con lo cual resulta oportuno contextualizar y comentar.
¿Por qué surge esta iniciativa? La agricultura familiar es la forma de producción predominante en el planeta, genera alimento e ingresos, crea empleo, es la estructura de las comunidades y los territorios, custodia los bienes ambientales, la biodiversidad, los activos naturales y el patrimonio cultural.
A nivel mundial, la FAO estima que el 56% de la producción proviene de la agricultura familiar, nueve de cada diez explotaciones rurales son familiares. Asimismo, son quienes trabajan buena parte de las tierras agrícolas: en Asia 85%, Norteamérica un 83%, en Europa 68%, África un 62%. América del Sur es donde cuentan con la menor proporción de tierras, apenas un 18%.
Como definición primaria, cuando la administracion y explotación de un predio rural depende de la familia y del trabajo de sus miembros, se caracteriza como familiar. Podemos, con cierta licencia, hacer una división en dos grupos. Por un lado, aquel con integrantes pequeños, casi de subsistencia, que prácticamente no entran en relaciones de intercambio con el mercado. He aquí el grupo más significativo en buena parte del mundo, familias asentadas en predios de dos hectáreas o menos. Por otro lado, tenemos agricultores o productores familiares, pero que cuentan con una escala un tanto mayor, y que de alguna forma participan en algún tipo de intercambio o mercado. Un productor de la cuenca lechera sur, de 50 a 100 hectáreas, sería un ejemplo.
En Uruguay, recientemente se ha modificado la definición de productor familiar: aquellos que simultáneamente cumplan con requisitos de explotar superficies de hasta 500 hectáreas Coneat 100, tener hasta dos asalariados permanentes, y que la explotación rural sea su principal fuente de ingresos. El tope de superficie merece una observación, ya que desde el punto de vista patrimonial es una fortuna, lo cual plantea un desafió a la hora de pensar las políticas e instrumentos públicos para este segmento (qué incentivar, qué subsidiar o apoyar). El MGAP ha desarrollado un registro de productores familiares. Existen algo menos de 22.000 explotaciones (la mitad del total nacional según Censo 2011), ocupando casi 1,7 millones de hectáreas, suman unas 68.000 personas de las cuales unas 40.000 personas son los productores familiares que trabajan en el campo. La superficie media es de 78 hectáreas (siendo el 85% inferior a 150 hectáreas). Números considerables para la escala nacional.
La agricultura familiar puede tener un rol aún mucho mayor en Uruguay. Fijémonos en Estados Unidos, la cuna del capitalismo: la producción familiar representa casi la mitad del total, y además son los principales ocupantes de la tierra agropecuaria. Es decir su rol es relativamente mucho más significativo y demuestra cómo la producción familiar ha logrado superar de alguna forma (no creo que solo sea por los subsidios) los problemas de la escala porteras afuera, de acceso a mercados, de financiamiento, de tecnología y capacitación, conocimiento, tenencia o arrendamientos de tierras, o de la gestión del riesgo.
El último censo nacional registró una caída acentuada en el número de productores, hecho alarmante. Parece oportuno, entonces, reflexionar en este año internacional de la Agricultura Familiar en torno a su rol, a cómo la percibimos, a la estrategia de Uruguay, a cómo y de qué forma se puede potenciar y promover.