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4 de abril de 2012 21:10 hs

Gaby Varela, un militante aguatero de toda la vida y ex dirigente, de esos que estaba siempre en primera fila peleando por su cuadro –una especie de Hernán Navascués y Alejandro Balbi en Nacional, para que pueda entender de que se trata–, se llamó a retiro cuando el corazón lo acorraló hace unos pocos años. Allí entendió que la vida tenía un valor superlativo, más allá de ese sentimiento inexplicable que despierta Aguada para sus hinchas. Después de superar el susto, decidió volver en un plan liviano, me dijo. Quería disfrutar del básquetbol sin la pasión con la que lo vivía antes. No lo vi ni hablé aún después del partido que el martes Aguada le ganó a Hebraica Macabi 95-89 en el Palacio Peñarol –tras dos alargues en el cuarto punto de las semifinales de la Liga de Básquetbol que se definen al mejor de cinco partidos–, pero estoy seguro que por más neutro que haya querido estar, esa noche, como a los miles de aguateros que estuvieron en el Palacio, delante del televisor o escuchando la radio, se les movió el piso.

El presupuesto de Aguada es de US$ 400.000 en la temporada. Sus números están muy lejos de los grandes candidatos. El costo-beneficio que mejores réditos dio fue Welcome, que gastó US$ 200.000 y llegó a semifinales (perdió 3-0 con Malvín). El rival de semifinales, Hebraica Macabi, invirtió US$ 900.000. El que más gastó en la actual Liga fue Malvín con US$ 1 millón. Defensor Sporting invirtió US$ 600.000

Es natural que suceda. Hay que estar ahí, en el Palacio en este caso, o en cualquier cancha, para comprender lo que significa Aguada para su gente. Y cuando gana mucho más, por aquello del exitismo incorporado a la condición humana. Y hay que estar para ver lo que sucede con Aguada, con un equipo que parece intentar hacer historia. Bajo la presidencia de Mario Viola, que llegó al sillón presidencial en 2010, estableció una estrategia a largo plazo. Contratos a dos años y objetivos que apuntaban más allá del torneo siguiente. Por esa razón, en la Liga 2010-2011, firmaron con Alejandro Muro, Pablo Morales y Braian Craig por dos temporadas. Y querían al técnico Álvaro Tito por el mismo período. Al final no llegaron a un acuerdo y este año apostaron a Marcelo Capalbo, un estratega en formación pero que parece tener el mismo talento que le acompañó como jugador, con quien firmaron hasta 2013.

“Estábamos contra la espada y la pared, sin mañana, entonces te toca el orgullo. El equipo reaccionó muy bien y logramos el punto que necesitábamos y eso es importante para lo que se viene”, reflexiona el entrenador Capalbo.
“Esto es especial porque quedamos a un paso de la final y el equipo ganó confianza”, explica Viola. “No nos podíamos ir con la imagen del segundo partido (Aguada perdió por goleada)”.

Malvín espera en la final. A Aguada-Macabi le queda un tema pendiente el lunes a las 21.15 en el Palacio, pero de lo que estoy seguro es que para Gaby y para ese sexto hombre, que es la hinchada, esta liga será inolvidable. Que el corazón aguante, porque el gigante está de pie.

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