Gaby Varela, un militante aguatero de toda la vida y ex dirigente, de esos que estaba siempre en primera fila peleando por su cuadro –una especie de Hernán Navascués y Alejandro Balbi en Nacional, para que pueda entender de que se trata–, se llamó a retiro cuando el corazón lo acorraló hace unos pocos años. Allí entendió que la vida tenía un valor superlativo, más allá de ese sentimiento inexplicable que despierta Aguada para sus hinchas. Después de superar el susto, decidió volver en un plan liviano, me dijo. Quería disfrutar del básquetbol sin la pasión con la que lo vivía antes. No lo vi ni hablé aún después del partido que el martes Aguada le ganó a Hebraica Macabi 95-89 en el Palacio Peñarol –tras dos alargues en el cuarto punto de las semifinales de la Liga de Básquetbol que se definen al mejor de cinco partidos–, pero estoy seguro que por más neutro que haya querido estar, esa noche, como a los miles de aguateros que estuvieron en el Palacio, delante del televisor o escuchando la radio, se les movió el piso.
Aguada, un gigante que está de pie
Aguada vive un sueño en la Liga de básquetbol y quedó a un partido de la final; el proyecto, Capalbo, Muro y Cía. y la hinchada son las razones del éxito