Entre los miles uruguayos que están en Rusia alentando a la celeste, Cervini tiene una particularidad: vino a 20 días de desgarrarse el sóleo y romperse el tendón de Aquiles.
"Estaba jugando en un partido de la liga de veteranos de Pando y recibí un golpe que me produjo la lesión", explica el uruguayo en el centro de Rostov del Don donde el equipo de Óscar Tabárez jugará este miércoles a la hora 12 de Uruguay ante Arabia Saudita por la segunda fecha del grupo A del Mundial.
Cervini tiene 58 años y ya se había roto el otro tendón de Aquiles cuando tenía 39. "Todos me decían en aquel momento que dejara el fútbol, pero me hubiera perdido 19 años jugando si les hacía caso", cuenta a las risas.
"En esta edad, para quien tiene la pasión de jugar al fútbol, jugar es como estar soñando con lo que más te gusta y luego te caés de la cama. Vos ves imaginariamente la jugada el día anterior, la imaginás y la corregís tres días; después, viste en el momento lo que tenés que hacer y la mente lo decide, pero normalmente, no lo lográs hacer", cuenta y vuelve a reír.
"Cuando se confirmó la rotura, coordiné en el Hospital Militar hacer la operación al otro día donde con un equipo fantástico salió todo bien. Pero el viaje ya estaba planeado y las entradas compradas. Lo podíamos suspender, pero la actitud pudo más. El viaje lo estamos haciendo con un amigo de toda la vida, fuimos compañeros de estudios y de profesión desde los 17 años, le debo mucho a él, pues es quien carga con las dos mochilas, y coordina la logística y casi todo el viaje", explica.
Su amigo es Hugo Sanguinetti de Rocha al que le encantó Minsk y Ekaterimburgo y quiere darse una vuelta por San Petersburgo.
"Todos los días estoy haciendo gimnasia para fortalecer al resto de las masas musculares, me cuido más de lo que me pide hacer el organismo; ayer en la peatonal del centro de Ekaterimburgo, unos muchachos hacían unas acrobacias dominando la pelota, me acerqué, era un reto para mí mismo tocar la pelota, pero lo hice, y la pude mantener dominada. Me quedé muy feliz por el logro, la gente nos aplaudía, aunque en realidad era para ellos, porque yo solo estaba ahí acompañando", dijo Cervini, empresario que reside en Atlántida.
Uruguay tira. Son colores muy fuertes para decirles que no. A pesar de tener un hueso roto y tener que trillar la gigante a Rusia en muletas.