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Algo de diversidad e inclusión y ninguna sorpresa: los convencionales 90 de los Oscar

La Academia premió la historia fantástica de Guillermo del Toro, La forma del agua

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05 de marzo de 2018 a las 05:00

Todos esperaban la denuncia final. Un golpe que dejara ventilar el olor a podrido que Hollywood tiene desde hace tiempo en el día de su máxima fiesta. La 90º ceremonia de los Oscar tenía que dejarlo bien claro: en la industria las cosas cambiaron. Pero la verdad es que, hasta bien entrada la noche, el panorama y el ambiente estaban bastante tibios.

Pocas alusiones a Harvey Weinstein, a la inclusión de nuevas propuestas diversas entre las nominadas y al lugar de la mujer en una industria que la dejó periódicamente de lado. Incluso hasta en la alfombra roja, que hasta ahora había sido el hogar de los movimientos más significativos en favor de los derechos de las mujeres, el cariz fue distinto. No había muchos vestidos negros y los pines del #TimesUp quedaban perdidos entre el rosado, los vuelos y los brillos.

Pero en el monólogo de apertura, Jimmy Kimmel –que presentó los premios por segundo año consecutivo- aprovechó y pegó los primeros golpes, como para adelantarse a la jugada. "El Oscar es el premio más respetado de Hollywood: las manos están a la vista, no insulta y no tiene pene. Es, literalmente, un estatuto de limitaciones. Es el tipo de hombre que necesitamos ahora mismo en esta ciudad", dijo el presentador.

"Gracias, Guillermo (del Toro), recordaremos este año como el año en que los hombres la cagaron tanto que las mujeres empezaron a salir con anfibios", agregó en alusión a la historia de La forma del agua.
Pero tras ese comienzo, la noche perdió fuerza y se alargó eternamente entre los convencionalismos de siempre. Los premios se repartían entre las nominadas –uno para Dunkerque, uno para La forma del agua, uno para El hilo fantasma- y, en su mayoría, los ganadores eran previsibles. Sam Rockwell a Mejor actor de reparto por Tres anuncios por un crimen, Dunkerque arrasando en los técnicos, Las horas más oscuras ganando alguno que otro galardón.

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De todas formas hubo adelantos de que la noche prometía sorpresas. Por ejemplo, lo que dijo el chileno Sebastián Lelio al llevarse el segundo Oscar para Chile por Una Mujer Fantástica. "El premio, que nos llena de orgullo, no sólo reconoce a una película de gran calidad, sino a una historia de respeto por la diversidad que nos hace bien como país". A eso le siguió Coco como Mejor película animada y la frase con la que la presentó el actor Eugenio Derbez. "En el más allá no hay muros fronterizos", anunció. "La gente marginada necesita sentir que ellos pertenecen. La representación importa", dijo por su parte Lee Unkrich, el director de la película, cuando subió a recibir el galardón.

Pero sobre la mitad de la noche, cuando los premios hicieron una pausa y un rato largo después de que Uruguay celebrara la presentación de Federico Ramos tocando el tema original de Coco, la ceremonia dio un giro.

En el escenario aparecieron Salma Hayek, Ashley Judd y Anabella Sciorra, tres mujeres que dieron la cara y denunciaron los acosos –y violaciones– de Weinstein. Y tras su presentación, un video. En pantalla aparecieron Ava DuVernay, Greta Gerwig, Kumail Nanjiani, Barry Jenkins, Geena Davis y Mira Sorvino y hablaron de todo lo que debían hablar. Inclusión, racismo, nuevas oportunidades, un nuevo lugar para las mujeres en la industria.

"Crecí viendo películas de hombres blancos y heterosexuales a los que idolatré. Ahora, los hombres blancos heterosexuales pueden crecer viendo películas conmigo de protagonista y sentirse identificados. No es tan difícil, lo he hecho toda mi vida", dijo Nanjiani, un actor y comediante paquistaní que estuvo nominado a Mejor guión original por The Big Sick. "Queremos ver más películas hechas por ustedes", pidió, por su parte, Greta Gerwig a las mujeres.

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Después del poderoso mensaje, llegó una de las primeras sorpresas: el premio a Mejor guion original para ¡Huye! y Jordan Peele, una película abiertamente política que utilizó la problemática racial para asustar. El Oscar para Guillermo del Toro a Mejor dirección no fue una sorpresa, pero sí otro gran envión para la diversidad en Hollywood. "Soy un inmigrante. Lo mejor que hace el arte es borrar las líneas en la arena cuando el mundo nos dice que las profundicemos".

Y después de que Gary Oldman levantara su previsible galardón a Mejor actor por su trabajo en Las horas más oscuras como Churchill, Frances McDormand hizo levantar a cada una de las nominadas mujeres en todas las categorías para que celebraran con ella su premio. "¡Escritores inclusivos!" gritó la ganadora por Tres anuncios por un crimen.

Y al final, el año de la diversidad no podía terminar de otra forma. El premio mayor se iba para Ebbing, Missouri o para la historia de amor entre la mujer y el pez. Al final, La forma del agua se llevó el Oscar a Mejor película (por las dudas Del Toro se fijó bien lo qué decía el sobre) y coronó una noche que arrancó con tibieza pero que terminó alzando en andas a la inclusión.

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