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One Piece, uno de los mangas más exitosos de la historia

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"Antes eras un raro, ahora es normal": cómo el manga y el animé japonés conquistaron Uruguay

Las historietas japonesas se han consolidado en el mercado uruguayo, un crecimiento vinculado a la popularidad de las creaciones de esa procedencia en plataformas de streaming

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12 de noviembre de 2022 a las 05:02

Lo que está sucediendo con los cómics y la animación japonesa no es, ni de lejos, una novedad. Aunque no se reconociera la denominación de origen, los productos culturales del país del sol naciente han estado más presentes de lo que uno se pueda imaginar desde hace décadas. Los que hoy peinan canas veían Heidi, Astroboy, Meteoro, Jackie y Nuca en el bosque de Tallac, o cantaban –vamos todos– en un puebloooo, italianoooo, al pie de la montaña, quizá sin saber que Marco era un dibujo animado japonés.

Los que no peinan canas pero ya las miran aparecer con preocupación recordarán la camada de producciones que definitivamente tiraron abajo las barreras culturales e instalaron el entretenimiento nipón como una opción más en el menú: Caballeros del Zodiaco, Dragon Ball, Supercampeones o Sailor Moon, y las que vinieron después, fenómenos como Pokémon, que confirmaron que podían convertirse en protagonistas de la cultura pop.

En otro registro, se hicieron más accesibles las películas del estudio de animación Ghibli, liderado por Hayao Miyazaki, director de El viaje de Chihiro, ganadora del Oscar a Mejor película animada en 2001, o el cine del animador Satoshi Kon, que ha influido a cineastas de Hollywood, como Darren Aronofsky y Christopher Nolan.

Una nueva camada de éxitos, con Naruto, One Piece o Demon Slayer al frente, han captado a una generación más joven, reafirmando el éxito de estos productos japoneses, sobre todo el manga (las historietas) y el animé (la animación), que arrastra con ella el interés por el aprendizaje del idioma japonés, por la gastronomía de ese país o hasta por la música, aunque en ese rubro el que gana a nivel mundial es el tradicional rival japonés, Corea del Sur.

El interés por el manga y el animé no es novedoso, pero sí está en una nueva era de amor occidental. Como pasó con la ciencia ficción, las historias de superhéroes o la fantasía medieval, las producciones japonesas dejaron de ser un nicho y ya son parte del escenario cultural cotidiano, incluyendo el uruguayo.

El manga se consolidó en Uruguay

Basta con mirar lo que está sucediendo ahora: las cadenas de cines uruguayas estrenan películas de animé con frecuencia. Actualmente está en cartel One Piece Film: Red, obra que es parte de una de las sagas más populares de las últimas décadas, una aventura de piratas que es la actual poseedora del record Guinness como el cómic mejor vendido del mundo, además de ser una de las franquicias multimedia más redituables, por encima de titanes como Superman, Fortnite y los Minions.

Más ejemplos: hay librerías especializadas en manga, las plataformas de streaming como Netflix, HBO Max y Amazon Prime tienen cada vez más contenido de animé y sus estrenos se promocionan con gran bombo.  A eso se suma la llegada a Uruguay de plataformas específicas de animé, como Crunchyroll.

En noviembre de 2020, The Wall Street Journal publicaba que la pandemia había generado un nuevo boom del animé a nivel internacional, y las plataformas estaban buscando nuevas series y películas japonesas con renovado interés. Netflix, incluso, ya había establecido un equipo de producción de animé en Tokio en 2019, que durante la pandemia incrementó su volumen de trabajo. Por otro lado, desde hace al menos una década, Hollywood ha realizado adaptaciones con actores de carne y hueso de algunos de los mangas y animés más populares. El éxito ha sido escaso. Definitivamente, hay algo que se pierde en la traducción.

Por si quedaban dudas de que se ha convertido en un nicho lucrativo, la editorial más poderosa del mundo, la multinacional Penguin Random House (PRH), acaba de anunciar el lanzamiento de un sello especializado, Distrito Manga, cuyas primeras ediciones llegarán esta semana a las librerías uruguayas y se suman a las publicaciones de otras empresas, como la italiana Panini —si, los de las figuritas— o la española Ivrea, que son las otras editoriales que traducen y publican en español.

Diego Licandro, grente comercial de PRH, dijo que la compañía está entusiasmada por esta novedad. “Distrito Manga nace porque hay un mundo de lectores, es una categoría que a nivel global está creciendo, y la editorial no podía estar ausente; entendió que era un partido que quería empezar a jugar”, explicó en diálogo con El Observador.

Licandro contó que la primera camada estará compuesta por seis títulos, y en el correr de 2023 llegarán más de 30 novedades, entre reediciones de clásicos y novedades que estén funcionando en el país del sol naciente. 

De oriente hasta los orientales

Lo que llega de manga a estas costas, al menos de una forma accesible y relativamente masiva, es lo que ha tenido éxito primero en el archipiélago asiático. La industria del manga-animé tiene un funcionamiento definido y metódico. En la mayoría de los casos, lo primero es el manga, que se publica con una frecuencia determinada —semanal, quincenal, mensual, bimensual o la que sea— en una voluminosa revista que recopila un puñado de series conectadas por temática o por segmento de público al que están dirigidas.

Cada tanto tiempo, los episodios que salen en esas revistas se recopilan en tomos individuales de cada serie. Ese formato de librito es el más conocido en el ámbito internacional, y el que se compra en las librerías uruguayas. Se leen al estilo japonés, de atrás hacia adelante y de izquierda a derecha, al revés de un libro occidental.  

Los mangas se venden como series en múltiples tomos

Cuando a un manga le va muy bien en Japón, donde hay una gran cultura de lectura de este formato, incluso entre adultos (hombres y mujeres), lo habitual es que se encargue su adaptación animada, incluso aunque el material original no esté terminado. Eso suele llevar a que los animés tengan episodios de relleno o enlentezcan la acción para dar tiempo a que la historieta avance. ¿Recuerda el chiste recurrente de la demora de las jugadas en Supercampeones? No es que se tratara de una decisión estética: es que había que darle margen al manga, que estaba saliendo al mismo tiempo.

En el resto del mundo el camino es el inverso. Los animés de éxito probado en su país de origen son los que se exportan al resto del mundo, con mayor o menor suceso, aunque en Occidente son más populares las historias destinadas al público infantil y juvenil. También hay excepciones, como Pokémon, que se hizo famoso por su animé, pero que no nació como un manga, sino como una serie de videojuegos publicados por Nintendo, que también se hizo gigante a nivel mundial. Y a diferencia de lo que ocurre en Japón, el público occidental conoce primero el animé y luego se mete en el manga.

En el local de la librería montevideana Lecturas Cómics, el manga está conquistando terreno de forma bastante literal. El espacio dedicado exclusivamente a las obras japonesas ya quedó pequeño y está desplazando a los cómics europeos y estadunidenses. Desde 2018 la demanda, y por consiguiente la oferta, han crecido.

Demon Slayer

Fernando Miró, uno de los responsables de la tienda, explica que si bien en Uruguay nunca se llegará a los millones de volúmenes que se venden cada año en algunos países, como España, los gustos y la oferta se repiten con respecto al resto del mundo. “Ahora me parece que hay demasiados títulos para el mercado, no sé si el público puede con todo lo que hay”, apuntó.

Apto para todo público

Uno de los errores más frecuentes en el mundo del cine es el de tomar la animación como un género en sí mismo, cuando en realidad es una técnica para narrar historias que se adscriben a los géneros que pueblan el séptimo arte: aventura, comedia, drama, ciencia ficción o hasta documental.

Con el manga pasa lo mismo. No es un género en sí mismo, sino que es un estilo de historieta, y se pueden encontrar historias que se ambientan en todos los mundos posibles. Hay mangas sobre fútbol, básquetbol, tenis, vóleibol o automovilismo; hay historias de terror, de fantasía, sobre gastronomía, de romance, historias cotidianas hiperrealistas, hasta historias sobre reality shows. Hay, incluso, mangas sobre personajes que escriben y dibujan mangas.

Mientras que el cómic occidental es consumido sobre todo por hombres jóvenes, en Japón, la cultura de lectura de manga está tan extendida que uno se puede topar desde niños en edad escolar que están aprendiendo a leer, hasta ancianos con sus librillos a bordo de un vagón de metro. Y eso se debe, además, a que aparte de la variedad de temáticas, la industria contempla a prácticamente todos los segmentos de población, con productos destinados específicamente para cada uno.

Carmelo Porcelli, propietario de la librería Lannister, explica que de alguna forma el manga refleja la literatura tradicional. “Hay obras de culto, hay clásicos, y hay mainstream. Y también hay series pensadas para hombres, otras para mujeres, algunas para adolescentes, otras para adultos”.

Por su parte, Maximiliano Parada, de Lecturas, apunta que el rango de edad de los lectores ha crecido en ambos sentidos. “Cada vez hay niños más chicos que se meten, y también gente cada vez más grande, que se da cuenta de que no solo están pensados para un público infantil, sino que hay de todos los temas”. A ellos se suma la generación que ya creció consumiendo manga y animé, y que lo tiene asimilado desde entonces.

Sin embargo, el público más potente sigue siendo el juvenil. Aunque desde hace décadas rija el mito de que “los jóvenes no leen”, Licandro, de PRH, señala que los números indican que la literatura infantil y la juvenil son las que más han crecido en ventas en los últimos años, y que la pandemia generó en el mundo un renovado interés por la lectura, sobre todo para los preadolescentes y adolescentes.

“El manga arranca en los 12 años pero no tiene tope de edad. Pero en particular hay un mundo juvenil, de chicos que encuentran en el manga su inicio en la lectura o su vuelta a la lectura, lo que no es menor. Eso hace que nuestro propósito de posicionarnos dentro del manga sea un desafío. Es un mercado que crece exponencialmente y con este catálogo la idea es llegar a ese público que además es muy fiel. Una vez que se engancha con un título, lo sigue hasta el final”, comentó.

Atados a la pantalla

Así como en Lecturas el manga ocupa cada vez más lugar, en Lannister afirman que desde que decidieron ampliar su catálogo, se superó con comodidad en ventas al cómic estadounidense, el más familiar para el público gracias a las películas y a las series de superhéroes. “Ese furor ya está pasando”, dijo Porcelli.

El librero señala que el manga shōnen (el que está destinado a adolescentes hombres) es el más popular, con los títulos Chainsaw Man y My Hero Academia como los más vendidos. La otra pata fuerte del mundo manga son los que pertenecen al BL (boy’s love), historias románticas protagonizadas por hombres jóvenes homosexuales pero destinadas a un público femenino, que es uno de los géneros de moda en el entretenimiento contemporáneo, incluso por fuera del manga, como muestra por ejemplo el éxito de la serie de Netflix Heartstopper.

De todas formas, que un manga se venda más o menos depende de lo que pase en las pantallas. El estreno de un nuevo animé, de una película o de un videojuego son catalizadores para que las ventas despeguen temporalmente y luego se estabilicen. Porcelli señala: “Hay clásicos, como Dragon Ball, que siempre se venden, pero también tiene picos cuando aparecen novedades, como una nueva película o un juego, pero después los estrenos dictan qué se vende. Eso también pasa con los libros, si sale una película o una serie que los adaptan, sube el interés”.

En Lecturas Cómics plantean algo similar. “Ahora está por todos lados Chainsaw Man, porque se estrenó el animé, pero hace un par de meses nadie lo compraba. Y ahora se vende pila, es un infaltable, y de cada diez personas que vienen a comprar manga, ocho o nueve se llevan al menos un tomo. Antes pasó con Demon Slayer, con Haikyū!!, un manga de vóleibol que pasamos de no saber qué era a que se agotaran todos los tomos”, dijo Parada.

Haikyu!! un exitoso manga sobre vóleibol

Si bien el animé es la puerta de entrada al manga, el público también suele hacer un testeo antes de comprometerse con una serie que abarca múltiples volúmenes. Eso implica leerlo primero online (de forma ilegal), antes de adquirirlo en formato físico, más por un interés en tener ese título en una biblioteca curada.

Porcelli lo explica así: “El que compra ya no es tanto el que sigue la serie, sino el que quiere el objeto. Hay mucho de coleccionismo. No se compra por impulso, eso tampoco pasa con la literatura juvenil ni con los libros de emprendedurismo, vas a lo que ya conociste por internet y que sabés que te gusta”.

Salir del nicho

Algo que todos los consultados destacan sobre el manga es que para los lectores (de la edad que sean) es más amigable que, por ejemplo, el cómic occidental, donde las historias más conocidas, las de superhéroes, dependen de décadas y décadas de continuidad. En el manga se empieza por el tomo uno y se sigue hasta el final.

Esa accesibilidad es otro de los factores que señalan que lo ha llevado a despegar en popularidad y a sacarse de encima la etiqueta de que es una moda.

Fernando Miró de Lecturas dice que estos textos “ya quedaron establecidos”. “Siempre será algo de nicho en comparación con los libros, el cine o la música, pero antes era algo todavía más de nicho. En Estados Unidos ya se vende más que el cómic local, y acá pasa algo parecido”, asegura.

Porcelli, de Lannister, que vio crecer el fenómeno desde cerca, reconoce que el manga sigue teniendo tracción gracias a la retroalimentación con las series animadas y las plataformas de streaming. 

Naruto tuvo un gran impulso entre los niños porque está en Netflix. Hay acceso, pero también hay público que consume manga sin ser un fanático. Por ahí antes tenía un público más específico, lo que se llama otaku”. Esa palabra japonesa entró al léxico mundial para describir a los friquis obsesionados particularmente con el animé y el manga.

 “Tengo 30 años, y cuando era adolescente el que leía manga o veía animé era un raro”, agrega Porcelli.  “Ahora eso ya no pasa. 
El manga está normalizado
”, concluye.

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