11 de abril de 2011 19:01 hs

Por Tatiana Magariños
"La playa me da hambre" dice un niño a su mamá mientras le reclama que le compre un helado. Es verdad. La playa da hambre y no hay madre que lo pueda negar. Por eso quien decida ir a pasar el día en las costas esteñas debe estar bien preparado.

Heladera familiarFamilias enteras rinden culto a este objeto que encierra en él todas las satisfacciones que un buen paladar puede necesitar en la playa. En ella cargan pan, salame, huevo duro, tomates, queso, yogures, frutas y refrescos. Aguanta todo el día y no para de destaparse para que sus dueños hinquen el diente cada vez que el estómago lo desee.

Luis, es uno de los tantos heladeros que, a orillas del mar, refresca los paladares de los turistas. Vende bombones y sandwiches a $30, palitos de agua a $15 y helados Máxima a $40. Si bien los chicos se aglomeran para atraparlo, los que compran no son tantos. "Los niños uruguayos generalmente me paran para pedirme que les regale un palito de agua", cuenta un vendedor, y agrega que los brasileños suelen ser los menos compradores.

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Los uruguayos tienden a comer pasteles y tortas fritas, mientras que los brasileños prefieren la "pipoca" brasileña o el clásico pop que se traslada del cine a la arena. Con una remera que dice "Alfajores de la ciudad de Minas" se pasea Marcelo. Hace cinco años que vende los alfajores de nieve y dulce de leche más famosos de Lavalleja. Familias enteras le compran paquetes de seis unidades a un precio de $ 50.

Mate con chocloSi bien los pasteles, las tortas fritas, o los barquillos son lo que mejor acompañan las tardes, el verano se presta para comer cualquier cosa. Mate con choclo o panchos con café, ¿Por qué no? Nada lo impide. En los quioscos los precios no son nada generosos. Los panchos cuestan $ 40 cada uno y los choclos $ 50.

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