Medidas argentinas de protección a su sector automotor se agregan a la restricción brasileña a los lácteos en profundizar las exportaciones uruguayas a esos dos importantes destinos. Las coincidentes acciones proteccionistas en ambos vecinos tienen causas diferentes. El gobierno del presidente Mauricio Macri, aprovechando su incrementado poder político luego de su triunfo en las recientes elecciones legislativas, ha lanzado un vasto programa de reformas razonables para encauzar a
Argentina hacia la recuperación económica y el ordenamiento institucional. Incluyen una generalizada reforma tributaria, con baja de impuestos a las empresas para alentar producción y empleo, así como flexibilización laboral y otras medidas para salir del desastre de desorden administrativo y corrupción heredado del kirchnerismo. Pero la desgravación impositiva a la industria de autopartes castiga a la producción uruguaya que se exporta a ese mercado, luego de haber fracasado gestiones de nuestro país para contrarrestar la situación.
El caso brasileño es diferente. La promesa personal de Michel Temer al presidente Tabaré Vázquez de destrabar las restricciones al ingreso de nuestros lácteos, industria castigada por la caída de los negocios con la desbarrancada Venezuela chavista, sigue en la nada por razones de política interna, relacionadas con la generalizada corrupción que impera en la estructura partidaria. El ministro de Agricultura, Blairo Maggi, mantiene la tranca, contrariando lo dispuesto por su presidente. El canciller Rodolfo Nin Novoa comentó, en una reunión de la Federación Rural, que Maggi puede actuar como le plazca porque el debilitado Temer le debe en parte el apoyo parlamentario que le dio para evitarle enjuiciamiento político bajo cargos de corrupción.
Los ingresos por las exportaciones globales uruguayas aumentaron casi 10% en los primeros 10 meses de 2017 pero fundamentalmente por mejora de las ventas a China, incluyendo las de soja, y por mejores precios internacionales por la carne. Pero la región plantea perspectivas desfavorables. Además de los problemas con Argentina y
Brasil, los sectores más retrógrados del Frente Amplio siguen obstruyendo la aprobación del acordado tratado de libre comercio con
Chile, pese a ser un instrumento claramente ventajoso para Uruguay no solo por expansión del intercambio a través de la venta de servicios sino porque también es una puerta para ampliar el acceso a los redituables mercados del Pacífico.
Nuestros dos grandes vecinos se han embarcado también en reformar sus sistemas laborales, drásticamente en Brasil y con una flexibilización más suave en Argentina. Sus políticas en este campo contrastan con la rigidez vigente en Uruguay, que el gobierno no quiere o no puede modernizar ante la cerrada oposición del PIT-CNT, pese a que debilita competitividad e incluso perjudica el empleo, como lo demuestran las últimas cifras oficiales sobre empeoramiento en ese sector. No es fácil encontrar salida a las dificultades que nos crean nuestros dos grandes vecinos por sus propios problemas. Pero si la administración Vázquez no empieza por mejorar las condiciones internas para asegurar mayor competitividad, con medidas en el campo laboral y tributario así como en el TLC con Chile, aumenta el peligro de una retracción que castigará severamente nuestra capacidad exportadora