Dos militares uniformados toman a un hombre por ambos brazos y caminan por el patio de la Escuela Nacional de Operaciones de Paz (Enopu) hasta llegar a un pasillo donde esperan médicos. Estos visten trajes blancos hasta la cabeza, tapabocas y máscaras transparentes que les cubren el rostro. El hombre les entrega un papel y vuelca agua de una botella que lleva en sus manos al tiempo que hace arcadas. “Vómitos, fiebre, sangrado…”, comienza a leer uno. “¡Tiene ébola!”, contesta otro. “¿Qué es lo que hay que hacer ahora?”, dice Carlos Quintero, capitán médico del Hospital de las Fuerzas Armadas (FF.AA.). “¡Qué lo recuesten!”, gritan algunos que observan el ejercicio desde fuera, como si fueran la tribuna de un programa televisivo de preguntas y respuestas.
La escena se enmarca en un simulacro realizado durante el curso sobre tratamiento y prevención del virus del ébola que se dictó, por primera vez, el lunes 8 y martes 9 de diciembre. El mismo estuvo a cargo de médicos del Servicio Sanitario del Ejército y personal de la Armada de Estados Unidos, con el objetivo de preparar al cuerpo médico y militar que viajará al Congo en las próximas misiones de paz de las Naciones Unidas.
Esta iniciativa fue impulsada por la Oficina de Cooperación de Defensa de los Estados Unidos (OCDE), que financió la formación de cinco integrantes del servicio sanitario para que viajaran a El Salvador y regresaran a formar oficiales uruguayos. Así mismo, envió equipos y personal capacitado para los cursos.
En dos días se formaron 110 personas, número que superó los 70 cupos previstos. Para el director de la Enopu, coronel Carlos Frachelle, la cifra es significativa ya que, hasta el momento, Sanidad Militar solo había conseguido formar a 80 personas.
Además del personal que viajará al continente africano, el Comando General del Ejército exigió que el curso se extendiera, al menos, a un médico y un enfermero de cada unidad de las FF.AA. que recibirá a los que regresen del Congo. “Hasta ahora no se había dado formación a personas que no fueran médicos. Gracias a esta oportunidad se están cubriendo todas las gamas posibles”, agregó.
El programa abarcó desde nociones generales de la enfermedad hasta la historia de los brotes y la evolución del tratamiento médico.
En el patio de la Enopu, la clase continuó incluso bajo lluvia y los alumnos se divirtieron al ver a sus compañeros fingir el vómito con botellas de agua o actuar de pacientes rebeldes que intentaban evitar ser internados. “¡Se escapa, se escapa!”, coreaba la tribuna mientras que un grupo de militares corría por el patio intentando atrapar al enfermo escurridizo.
Para el simulacro se recreó una base militar dividida en tres secciones, una por cada etapa de la enfermedad. Al ingresar, los militares debían distinguir los síntomas del recién llegado y decidir si enviarlo a la sección “seca” o a la “húmeda”, según fueran los síntomas. A la primera iban los enfermos recientes, a la segunda los que presentaban vómitos y pérdida de flujos.
El ejercicio culminó con la revisión de los trajes o equipos de protección personal que llevaban puestos los militares que simulaban ser médicos. Con una lámpara especial, el docente podía detectar si el traje registraba rastros del agua con el que fingían el vómito. Si se encontraban manchas, la persona que llevaba el equipo había sido infectada.
“El entrenamiento sirve para tratar cualquier enfermedad infecto contagiosa. Permite que el personal entre en conciencia de que la enfermedad puede estar a la vuelta de la base militar”, explicó el capitán Quintero, docente del curso y uno de los uruguayos que viajó a capacitarse a El Salvador.
“Nosotros estamos en el Congo desde hace muchísmos años. Ahora se declaró que la zona está libre del virus, pero la alerta se mantiene”, dijo Frachelle.
Asimismo, aclaró que este curso permitirá reforzar los protocolos dispuestos por el Ministerio de Salud Pública y que, al contar con médicos uruguayos capacitados en el exterior, podrá repetirse para las próximas misiones. “La idea es que esto sea un germen para continuar”, concluyó.