Peñarol fue un equipo, pero dos realidades. De mitad de cancha para adelante, los dirigidos por Jorge Da Silva despertaron aplausos por un primer tiempo donde deslumbraron. Pero el tema fue la otra cara del equipo, la del fondo. La defensa volvió a mostrar las viejas falencias de siempre.
Los hinchas se ilusionaron con lo que mostró el equipo arriba. Da Silva paró dos hombres en el medio pero con uno con buen manejo de pelota como el argentino Costa.
Inteligente para saber cuándo presionar para recuperar y, lo que más se destaca, es como pasador.
Pero la figura del equipo fue Maxi Rodríguez. Fiel a su forma de sentir el juego, encaró siempre para adelante. Y se cansó de meter asistencias de gol. Todo duró hasta que le dio el físico. Conforme el paso de los minutos se fue apagando y Peñarol se quedó.
Mientras Maxi funcionó el equipo metió miedo. Se paró por derecha y metió diagonales al medio. Asistió a Forlán que jugó por izquierda y se mostró participativo. Faltó un nueve más de área.
Arriba ilusiona, abajo sufre
El elenco de Da Silva mostró dos caras