El pasado 24 de setiembre del año pasado, Luis Suárez se despidió de Barcelona que le organizó una conferencia de prensa y al terminar, lo hizo con un llanto desgarrador.
Al uruguayo le quedaba un año más de contrato con el conjunto catalán, sus hijos mayores iban al colegio en esa ciudad desde hacía seis años y allí tenían a todos sus amigos.
Pero de un día para el otro, entre el presidente Josep Maria Bartomeu y el nuevo técnico, Ronald Koeman, le dijeron que no lo iban a tener más en cuenta.
Allí fue que entonces llegó a un acuerdo con Atlético de Madrid para jugar la temporada que se avecinaba.
“Se termina una etapa de la que estoy muy orgulloso. Me llevo amigos y eso me deja feliz. Aparte de un jugador se va un ser humano que tiene sentimientos”, dijo el uruguayo en la sala de prensa del Camp Nou en aquella jornada de setiembre.
"Mi familia ha disfrutado muchísimo lo bueno y en lo malo me han bancado mucho más porque saben el sufrimiento que vivimos, pero me quedo con lo lindo que vivimos. Levantar títulos, marcar, jugar al lado de grandes jugadores, jugar al lado del mejor jugador de la historia. Agradecer el apoyo de la afición que me animó hasta el último día. Y agradecer al staff que trabaja día a día con nosotros", agregó entonces Suárez.
Y se despidió con un llanto frente a algunos compañeros suyos, incluso amigos, como Lionel Messi y otros.
Ocho meses después llegó el desahogo.
Luis Suárez, luego de convertir el gol del triunfo para Atlético de Madrid -una vez más- ante Valladolid como visitante y dar vuelta el encuentro, logró el título de LaLiga y se descargó.
"En Barcelona me menospreciaron y ahí están mis estadísticas", dijo el uruguayo.
Dicen que el fútbol da revanchas y esta de Suárez bien puede tomarse como una. En ocho meses le volvió la sonrisa al rostro.