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Barone, el zaguero con cabeza de técnico, que jugó en 11 equipos y a los 40 sigue vigente

El defensa, que defiende a Tacuarembó, recordó sus años en Nacional, Argentina, Colombia, Paraguay, Venezuela y se proyecta al futuro

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26 de agosto de 2019 a las 05:01

Era 2007 y Diego Godín, el ahora ídolo del Atlético Madrid y jugador del Inter de Milán, se despedía de Nacional para ir a jugar a Villarreal de España. Los tricolores tenían que buscar un zaguero para reemplazarlo y Daniel Carreño, el técnico de ese momento, llamó al jugador por el que estaban interesados: Deivis Barone. 

En ese momento, el zaguero que ahora juega en Tacuarembó -en el torneo de Segunda División Profesional-, hacía tres años que había dejado el fútbol uruguayo y no tenía ganas de volver, pero la propuesta de un grande hizo que dejara de lado su deseo de seguir jugando en el exterior. “Un cuadro grande siempre es tentador y es lindo que en el currículum aparezca porque te recuerdan por eso”, explicó a Referí

Barone llegó a Tacuarembó luego que Pablo Tiscornia, que lo dirigió en River Plate en 2018, lo llamó para integrarlo como refuerzo. El darsenero no quiso renovarle el contrato al zaguero y le llegó esta propuesta del rojo que consideró como una oportunidad para poder seguir jugando al fútbol, y para que “la llama siga encendida”, reflexionó el futbolista en charla con Referí. 

Y se fue solo porque su familia se quedó en San Ramón, la localidad de Canelones donde Barone creció. Sus hijos Fantino (19) y Faustino (13) y su señora lo han acompañado en todos los países a los que viajó por el fútbol, pero ahora están separados por más de 300 kilómetros.  

Creciendo juntos

Barone había jugado seis años seguidos en River Plate -desde 1998 hasta 2004- y le costó ser transferido al exterior, pese a que su rendimiento se superaba en cada temporada, porque no llegaban ofertas convenientes al club. Por eso fue que, una vez que lo logró, quería seguir jugando en el exterior. 

Al darsenero llegó en 1995 para jugar en la Sexta división. El primer año viajó desde San Ramón a los entrenamiento en Montevideo, pero el segundo año se quedó en la pensión del club, donde ahora está la sede social. El futbolista fue testigo del crecimiento de la institución y viceversa. “Lo quiero muchísimo a River y soy hincha”, dijo 24 años después de sus comienzos en el club. 

En 1998 fue su debut en primera división en un partido contra Rampla Juniors y allí jugó durante seis años. Fue dirigido, entre otros, por Santiago “Vasco” Ostolaza, Martín Lasarte, Julio César Antúnez y Fernando Morena. “¿Sabés lo que era tener a Fernando Morena como técnico, que te observara, que te diera consejos? ¡Impresionante!”.

Luego de seis años en primera emigró. “Quería pegar un saltito para progresar futbolísticamente”. Además, Barone recordó que eran tiempos de vacas flacas y no podía cobrar. Hasta que, por fin, a mediados de 2004 le llegó la hora: pasó a jugar a Instituto de Córdoba, en la primera división del fútbol argentino. 

Las buenas y malas de afuera 

Después de firmar el contrato con el equipo cordobés lo primero que hizo fue mirar el fixture para ver en qué fecha se enfrentaban a River y Boca. Los partidos que jugó en el Monumental y La Bombonera lo sorprendieron, pero no solo esos: también las visitas al Cilindro de Avellaneda para jugar contra Racing, al Nuevo Gasómetro para enfrentar a San Lorenzo y a La Doble Vicera para hacerlo con Independiente. 

En esos partidos era difícil poder escuchar a los compañeros que estaban a tres metros de distancia dentro de la cancha y por eso tenía que tener la mayor concentración posible.

“Había que sacarse los nervios, sacarse la ansiedad y poder jugar tranquilo. Encerrarse en uno mismo para no escuchar y que el entorno no te llevara a alguna distracción o hacer algo distinto”, comentó. 

El paso por el fútbol de Argentina lo ayudó a crecer porque, dijo, es más dinámico que el uruguayo. “A los uruguayos nos quieren mucho por la fortaleza psicológica que tenemos. Somos positivos y vamos para el frente. Saben que somos leales, que no fallamos”, destacó. 

En el equipo cordobés estuvo un año y medio y luego pasó a jugar al Junior de Barranquilla (Colombia). “Era un fútbol más dinámico que el argentino. Estaban más acostumbrados al buen juego que al roce, y me llevaron a rozar algunas canillitas”, contó. 

En el exterior también jugó en Libertad de Paraguay, Unión Maracaibo y Caracas de Venezuela y en Atlético Tucumán, San Martín y Guillermo Brown de Argentina. 

En el fútbol paraguayo fue dirigido por Gerardo “Tata” Martino, el técnico que luego estuvo en la selección de ese país, argentina y en el Barcelona de España. “Era un señor. Le llegaba al jugador con la palabra justa. No andaba con misterio y era muy frontal”, lo definió Barone. 

Sin embargo, no todas las experiencias en el exterior fueron buenas para Barone y su familia. Cuando pasó a jugar Maracaibo, el fútbol se mezcló con política, el club se quedó sin dinero y el zaguero debió rescindir su contrato. 

Uno de los que colaboraba con Maracaibo perdió una elección en el estado de Zulia y “el club se vino abajo”. “Estaba con mi familia allá y la pasamos muy mal. Nos trataron mal. La gente se desapareció y lo único que tenía era el pasaje de vuelta. No nos pagaron nunca”, lamentó. 

“Nunca había estado tan preocupado y tan tenso para saber las decisiones de las votaciones porque se había creado en el ambiente de que si no ganaba una persona, se venía todo abajo porque era el que apoyaba al club. Y fue tal cual: esa persona perdió y después de ahí desaparecieron todos”, detalló. 

El retiro en la cabeza

Barone pasó por once equipos distintos a lo largo de su carrera y destacó a alguno de los jugadores con los que jugó y que lo marcaron: Luis Miguel “Pulga” Rodríguez -compañero en Atlético Tucumán-, Nélson Tapia -en Junior-, Óscar Javier Morales y Richard Morales -en Nacional-.

A estos referentes tricolores los recuerda como personas muy respetadas y serias. “Te divertías mucho con ellos, pero en el momento serio aprendías”. Con el volante y el delantero, Barone compartió concentraciones en épocas en las que no existía el celular y en las que el tiempo se mataba con charlas con mate de por medio, anécdotas y cartas. 

El próximo miércoles 28, Barone cumple 40 años y el retiro se le cruza por la cabeza. “El mantenimiento del motor cuesta, pero estoy con muchas ganas. Si me levanto y no tengo ganas de ir a un vestuario, de llegar temprano, de quedarme después de hora haciendo algo tendría que dar un paso al costado”. 

En Argentina, Barone se recibió de entrenador y pretende revalidar el título en Uruguay para poder dirigir. El zaguero sabe que jugar al fútbol no es para toda la vida. 

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