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Barrera: el presidente de Peñarol que tiene un padre de Nacional

Juan Carlos, el padre de Jorge, siempre fue tricolor y no le dijo nada a su esposa ni a su suegro, los dos aurinegros, hasta después que se casó

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08 de mayo de 2019 a las 05:02

La anécdota lo pinta tal como es. Un hombre que se deja querer. Juan Carlos, el padre del presidente de Peñarol, Jorge Barrera, comenzó su noviazgo con María Eva que además de ser aurinegra, es la ahijada de Roque Gastón Máspoli, campeón de todo con el club como jugador y técnico y con la selección en Maracaná en 1950.

En la cena de presentación del novio, Víctor su futuro suegro y gran manya dijo que quería hacerle solo dos preguntas, pero la primera era la más importante. “Dígame, ¿de qué cuadro es hincha? ¿De Nacional o de Peñarol?”.

Juan Carlos ni lo pensó y contestó enseguida: “A mí me gusta Cerro”. Al lado suyo surge –espontánea– la carcajada. Es de su hijo presidente de Peñarol que no tenía idea de esta anécdota: “¡Qué grande que sos! ¡Qué salida tuviste con el abuelo! No la sabía”.

Y Juan contesta ante Referí: “Estaba perdido. ¿Qué iba a hacer? Mi novia, su madre, su padre, su abuelo, eran todos de Peñarol. No quise decir nada que era hincha de Nacional. Capaz que se terminaba el noviazgo. Menos mal que a mi suegro no se le dio por preguntarme algo de Cerro porque no tenía idea”.

Se casaron el 11 de noviembre de 1967 en la catedral de Minas, en donde nacieron él y su hijo Jorge. Solo fue hasta después de casados que María Eva se enteró en un clásico en el Centenario que su flamante marido era tricolor.

“Nunca le había dicho nada a ella. Primero quería asegurarme el casamiento”, dice y sonríe. Y allí agrega: “Yo era docente de Historia y en ese clásico pasó un alumno y me dijo: ‘Profe, ¡qué mal que andamos! ¡Nunca le ganamos a Peñarol!’. Mi esposa lo miró y le preguntó: ‘¿Él es de Nacional?’ y me señaló a mí. Y no tuve más remedio que contarle. Allí me prometió que todos mis hijos serían de Peñarol. Y así fue”.

“A los nueve años me dijo que quería ser presidente de Peñarol”, cuenta María Eva, su mamá. Y se cumplió el designio. Jorge es un gran manya y su papá es tricolor, lo que queda en la anécdota.

Minas está grabada en la piel de ambos que recuerdan. “Íbamos al Callejón de Luca a escuchar contrapunto de payadas en ‘Minas en Abril’ y escuchábamos a Santiago Chalar con un nivel cultural tremendo”.

Los dos comparten el amor por el club Olimpia de su ciudad natal, del cual Juan fue presidente. “Ahí jugó el Loco Abreu”, recuerda Jorge y añade: “Es el único club que compartimos nuestro amor”.

Juan Carlos era hijo de Tomás quien era chofer de ómnibus y amigo del abuelo de Abreu, y de Felicinda que era pantalonera con clientes exclusivos.

Con Jorge iban todos al arroyo San Francisco. “Era la piscina”, dice Juan Carlos y explota otra carcajada del presidente aurinegro.

Los paseos que hacían entonces eran ir a la fuente del Puma en Salus y al Cerro del Verdún. Pasaban el día entero cada vez que salían de Minas.

Una mañana Juan le dijo a su hijo Jorge: “¿Vamos al fútbol a ver al mejor equipo?”, y este le repreguntó: “¿Juega Peñarol?”. “No, vamos a ver a Nacional”, le contestó su papá. “Entonces no voy”, terminó el diálogo Jorge con apenas cinco años. Solo se había transformado en hincha de Peñarol.

El recuerdo más lindo que tiene el presidente carbonero fue en 1983. Si le iba bien en las pruebas semestrales del liceo, su papá le había prometido que lo llevaba a ver a Peñarol a un partido en el exterior. Justo se daba la final de la Libertadores con Gremio y lo llevó.

“Fuimos en una excursión de ómnibus que duró toda la noche y volvimos después del partido. Nos tiraron de todo en la cancha. En ese momento, me quedé contento por lo que hizo mi padre conmigo teniendo en cuenta que es de Nacional. Hoy valoro ese gesto muchísimo más porque por cumplirme un sueño a mí, un deseo, se bancó todo, más allá del esfuerzo físico y económico”, cuenta Jorge.

Hubo un clásico que le dejó una enseñanza positiva y que le quedó grabado al actual presidente aurinegro. Fue cuando él era niño. Se vinieron desde Minas con su papá y Raúl Alonso, el padre del entonces arquero suplente de Rodolfo Rodríguez en Nacional, quien lleva su mismo nombre. Raúl padre y Juan Carlos fueron a la Platea América hacia donde atacaba Nacional, y Jorge para el lado opuesto. En un momento, expulsaron a Rodolfo e ingresó Raúl y en pocos minutos, Fernando Morena le hizo un gol. Ganó Peñarol 3-1.

Cuando volvían todos hacia Minas, el padre del arquero le dijo: “Te iba a hacer un mural con tu actuación en un clásico, pero la parte del gol de Morena la saco, ¿no?”. Entonces el niño Barrera le contestó: “No seas malo, si atajó bien”. La contestación de Raúl no tardó y le dejó esa enseñanza a Jorge: “A los hijos siempre les hace bien que los que los corrijan, sean los padres”.

La primera camiseta que le compraron a Jorge, fue la de Mazurkiewicz. “Yo nunca le compré una camiseta de Peñarol. Se las compraba mi esposa”, dice Juan Carlos. Poco después de esa, llegó la de Fernando Morena, su ídolo.

Su padre tenía un programa de televisión en Minas y una vez llevó a Morena de invitado. Después del mismo, fueron a cenar con él, su hijo y un amigo del padre. “En un momento miré y Jorgito estaba llorando. Me dijo: ‘Papá, ¿y mi milanesa?’. Mi amigo se la había robado y él no se dio cuenta porque estaba obnubilado mirando a Morena”, cuenta a las risas.

Juan Carlos dejaba que su hijo disfrutara de Peñarol. Entre 1982 y 1983, Jorge siguió la campaña de Peñarol campeón federal y Sudamericano de básquetbol. Lo dejaba en 18 de Julio y Ejido con los amigos Milton Castillo y Lidia Mascheroni, veía el partido en el Palacio y lo iba a buscar cuando terminaba a la misma esquina.

“’Manga, Ancheta, Emilio Álvarez’, así siempre empezaba a recitarle en broma a Jorge aquel equipo maravilloso de Nacional, parecido al de 1971, el mejor que vi. Estaban Artime, el Cascarilla Morales. ¡Qué equipo!”, dice Juan Carlos. Y añade cantando: “Era la época de ‘Saquen los pañuelos al son, de cantos triunfales’”.

¿Qué jugadores buenos de Peñarol recuerda?, preguntó Referí. “Hohberg, Rocha, Morena, unos cuántos. ¿Si alguno me hizo sufrir más? Míguez. Lo veía cuando él iba a jugar al fútbol en la playa.

Jorge contesta la misma pregunta. “El Chico Moreira era muy bueno y me gustaba Alberto Bica. Eran los que me parecía que había que tener más cuidado en los clásicos. Caillava también, tenía muy buena técnica”.

El mejor recuerdo clásico de Jorge es el 5-0 de 2014 aunque lo disfrutó callado. Es que por entonces era vicepresidente de la AUF y el presidente de entonces, Wilmar Valdez, le pidió a él y al secretario Alejandro Balbi que fueran al palco en ese partido. “Habíamos hecho un pacto de no gritar los goles. Mi hijo Juan Pablo estaba en el palco de al lado y los gritaba y en cada gol venía a darme un beso".

Dice que no es anti Nacional. “Hay una frase de Mario Saralegui que es perfecta: a Nacional no hay que odiarlo, hay que ganarle siempre”, sostiene.

Su padre Juan Carlos también dice que no es fanático y no es anti Peñarol. “Capaz que hasta contento me quedo si le gana a Flamengo”, cuenta y aporta su enésima sonrisa.

Y Jorge le recuerda: “Mirá que el sábado cumplo 51 años. Vengo con una tortita de coco y dulce de leche, esa que nos gusta a los dos”.

Los dos Barrera disfrutan con sus clubes. Viven esa amistad padre-hijo a su manera. Más allá de los colores.

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