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Mundo > La renuncia de Moro

Bolsonaro propaga la crisis política mientras desatiende la pandemia

La dimisión el viernes del ministro Sergio Moro –el hombre que encarnaba la lucha anticorrupción– plantea una seria crisis en el gobierno

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25 de abril de 2020 a las 05:00

En una semana Jair Bolsonaro ha puesto su gobierno, apenas iniciado el 1 de enero de 2019, en la cuerda floja.

El jueves 16 anunció la destitución de su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, tras desafiar el mandatario, a la luz del día y ante testigos, las medidas de aislamiento social frente al avance indetenible del coronavirus, que ya se ha cobrado la vida de más de 3.400 personas en el país. Demasiadas, y demasiado rápido, para una “gripecita”, como la diagnosticó Bolsonaro.

El jueves 23, justo una semana después, estalló la crisis con una figura clave de su gobierno: el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Sergio Moro, que como juez federal comandó la operación anticorrupción Lava Jato.

Carlos Jose Marques, director editorial de Editora Tres, responsable de la revista Istoé, radiografía lo que titula como la “devastación de un gobierno” y califica de “histórica” la conferencia de prensa de este viernes de Moro en la que confirmó su renuncia.

“Fue una verdadera denuncia (…) dada la cantidad de delitos relacionados por él con el presidente Jair Bolsonaro”, escribe Marques.

La dimisión de Moro se produjo luego que Brasil se encaramara de jueves para viernes en 407 muertes por coronavirus, un registro récord en el país sudamericano.

El alegato de Moro, una figura de gran aceptación popular -56% de los consultados por la encuesta Datafolha en diciembre calificó de excelente su gestión- es un tiro en el ala del gobierno.  Al destituir al jefe de la Policía Federal (PF), nombrado por Moro, el presidente aejerció una injerencia política en la operación del Ministerio de Justicia, que él no estaba dispuesto a aceptar.

“No tengo cómo perseverar en los compromisos que asumí, sin condiciones de trabajo, sin tener como preservar la autonomía de la PF (…) o forzado a concordar con la interferencia política de la PF”, sostuvo el exministro en su conferencia de prensa de 40 minutos. Cuarenta minutos demoledores.

La autonomía de la Policía Federal es esencial para el curso de las investigaciones judiciales. Y fue ese valor el que resaltó el viernes Moro para el éxito de la operación Lava Jato. “El presidente me dijo que quería colocar(en la PF) a una persona con quien tuviera contacto personal, a quien pudiese llamar, pedirle informaciones, informes de inteligencia (…) Prestar ese tipo de información no es papel de la Policía Federal”, explicó Moro

Y comparó, desfavorablemente para Bolsonaro, la situación que ahora enfrentó con la que ocurrió en la administración anterior, la del Partido de los Trabajadores (PT).

“Es cierto que el gobierno de esa época tenía numerosos defectos, esos crímenes gigantes de corrupción, pero la autonomía de la PF era  esencial para que este trabajo se llevara a cabo. Sea de buena gana, ya sea por presión de la sociedad”, como relató Extra Globo de la conferencia del ministro.

Moro recordó que había aceptado la invitación a formar parte del gobierno que Bolsonaro le hizo a fines de 2018 bajo el compromiso de profundizar la lucha contra el tráfico de drogas, la corrupción y el crimen, lo que advertía en peligro desde hace un tiempo.

Al renunciante ministro de Justicia le alcanzaron esos 40 minutos para mostrar también su preocupación por la crisis coronavirus y, en una suerte de lamento, dijo: “Traté de buscar una solución para evitar una crisis política en plena pandemia”.

¿Impeachment?

El expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) recoge en un tuit el delicado momento político de su país.

“Es hora de hablar. El presidente está cavando su fosa. Que renuncie antes de ser renunciado. Pobre de nosotros, más allá del coronavirus, tenemos un largo proceso de impeachment. Que asuma el vice para cambiar el foco: la salud y el empleo. Menos inestabilidad y más acción por Brasil”.

En la misma dirección, el exmandatario Luiz Inacio Lula da Silva pide comenzar con el “Fuera Bolsonaro” porque “no es posible a la gente permitir que él (Bolsonaro) destruya la democracia”.

Entre la destitución de Mandetta y la renuncia este viernes de Moro, Bolsonaro fue cuestionado por el mundo político y mediático luego de su intervención el domingo 19 en una manifestación religiosa que frente al Cuartel General del Ejército enarboló pancartas, y gritó, a favor de una intervención militar ya y en contra del parlamento y del Supremo Tribunal Federal (STF).

El presidente, subido a una camioneta, se dirigió a los centenares de manifestantes congregados, para decirles que  “no queremos negociar nada” en referencia a las medidas de distanciamiento social adelantadas por los gobernadores para contener la propagación del coronavirus.

“Cuenten con su presidente para hacer todo lo que será necesario para que podamos mantener la democracia y garantizar aquello que es más sagrado para nosotros, que es nuestra libertad”, dijo entonces el mandatario, que plantea una disyuntiva entre proteger la salud de la población y preservar la capacidad económica del país.

Un debate similar al que lidera desde Estados Unidos Donald Trump que, sin embargo, reconoció el poder de los gobernadores de estado para adoptar las medidas de confinamiento y apertura en sus territorios.

Bolsonaro lo hace, sin embargo, sumándose a  la interpelación de la vigencia de los poderes públicos, lo que llevó esta misma semana a un juez de la Corte Suprema a ordenar una investigación para determinar si hubo actos “criminales” durante el acto al que concurrió Bolsonaro.

Y que habría molestado incluso a sectores del ala militar del gobierno y otras figuras castrenses en retiro que fueron colaboradores del gobierno y por diversas discrepancias abandonaron pronto sus cargos en el gabinete.

El diario El País de Madrid apunta que en el equipo gubernamental comandado por Bolsonaro “conviven como pueden” almas de distinto calado y procedencia, que hace saltar con frecuencia choques entre los sectores tecnócrata, militar e ideológico.

Además de los conflictos con Mandetta y Moro, hay otro en ciernes con el zar de la economía, el ministro Paulo Guedes , quien anunció un plan de emergencia económica para atender la crisis desatada por la pandemia de 30 mil millones de dólares, pero urgió a aprobar tres reformas estructurales  después de “dos años de recesión y débil crecimiento”. Un cuadro político que remarca el aislamiento del presidente brasileño en el que los medios advierten intolerancia y autoritarismo.

Guedes, plantea Istoé, puede ser otro candidato a la salida. Y la revista advierte que la posibilidad de un juicio político, aún en medio de la pandemia, es una posibilidad. “Sería doloroso para el país, pero la democracia debe estar sobre todo”, escribe el director editorial de la publicación, Germano Oliveira.

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