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Bruno Méndez, un bohemio fanático de Aguada y La Vela y que se ganó la confianza de Tabárez

El zaguero de Wanderers y la selección uruguaya sub 20, fue "El tapado de la fecha 13 del Clausura" y crece en la cancha mientras estudia Educación Física

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19 de noviembre de 2018 a las 15:04

Esta nota fue publicada por primera vez en Referí el día 23 de octubre de 2018. 
 
"Llamame en cinco minutos porque me estoy por bajar del bondi”, fue el mensaje de Bruno Méndez a Referí en el momento del contacto.

Es que este zaguero de Wanderers y la selección sub 20 uruguaya, venía justamente de entrenar con la celeste de Fabián Coito y cuando lo hace, prefiere ir en el ómnibus con varios de sus compañeros para charlar de todo un poco.

“Tengo auto, pero lo utilizo cuando voy a entrenar con Wanderers. Con la selección, sale un ómnibus desde el Estadio Centenario al Complejo Uruguay Celeste y allí aprovecho para hablar con mis compañeros. Me gusta hacerlo. Después me tomo otro bondi hasta casa”, comentó el futbolista.

Un histórico como José “Martillo” Aguiar lo fichó en AUFI de Danubio a los seis años y estuvo hasta los 13, cuando se fue a la Séptima de Wanderers.

Héctor Julios era el entrenador y más allá de que él jugaba como zaguero central, lo probó como lateral, por eso hoy domina los dos puestos.

Ya había integrado la selección de AUFI con 11 años debido a su gran rendimiento.

Waldemar, su papá, siempre lo llevaba a las prácticas. Después del liceo, pasaba a buscarlo para ir a entrenar en las inferiores de Wanderers.

“Él siempre quiso ser futbolista, pero no se le dio, sobre todo, por un tema de estudios. Jugaba como yo, atrás, de zaguero, pero cuenta que era medio rústico”, dice con una sonrisa.

Bruno debutó en las redes el domingo desde 35 metros ante River. Fue un golazo, más allá del error de Nicola Pérez.

“Me puso muy feliz poder convertir mi primer gol y más ante River, un rival al que nosotros lo tomamos como un clásico. Cuando me crucé con el Chapita Blanco me dijo embromándome: ‘Ese gol fue un asco, se le escapó al arquero’. Y nos reímos los dos”, explica.

Wanderers es un equipo que cuenta con un gran líder futbolístico que es el propio Chapita, más allá de que útimamente sea suplente.

“Por más que no juegue, yo lo respeto muchísimo porque es nuestro capitán. Tiene una gran personalidad, mucha experiencia y todo el tiempo nos aconseja a los más jóvenes. Estamos abiertos para preguntarle lo que sea, incluso de la vida misma”, cuenta.

Luego de haber terminado quinto de liceo, se debió anotar en sexto de Medicina pero nocturno debido a que en determinados días entrenaba de mañana y en otros, por la tarde. Así tenía todo la agenda diaria muy cargada.

Entonces, luego de aprobarlo, llegó el turno para seguir la Licenciatura de Educación Física porque es algo que le atrae y para aprovechar los momentos libres pensando también en su futuro.

“Me gusta despejar la mente en algo y comencé este curso que hasta ahora me gusta. Lo hago en la Universidad de la Empresa y ya no le pido a mi padre, me lo pago yo”, explica.

Llegó el momento en que Alejandro Garay lo citó para la selección uruguaya sub 18. Fue un paso muy importante en su carrera.

“Así viajé por primera vez al exterior para jugar al fútbol. Primero fuimos a Argentina y tiempo después, jugamos en Catar”, recuerda.

En esa mini gira por el país vecino enfrentó al seleccionado de Estados Unidos y luego a Newell’s Old Boys y a Rosario Central.

“El primer partido fue contra Estados Unidos y Garay me dio el brazalete de capitán. Depositó toda su confianza en mí, pero a la vez, fue una situación de nerviosismo que me tocó vivir. Por suerte ganamos”, añade.

Posteriormente viajó con la celeste a Birmingham, Inglaterra. Jugaron dos encuentros ante Catar y luego contra el club local.

“Allí pude ver cosas que te abrían la cabeza como la cultura diferente, lo que era la infraestructura que poseían y los físicos de los futbolistas ingleses que eran enormes al lado nuestro”.

Con la sub 20 de Fabián Coito sigue entrenando y también viajó.

Primero al torneo de L’Alcudia en España, donde Uruguay perdió en la semifinal por penales contra Argentina en una noche iluminada del arquero contrario.

Así lo recuerda: “Esa noche se cambiaron los roles. Peloteamos a Argentina durante todo el encuentro, pero la pelota no quería entrar. Terminamos 0-0 y el arquero de ellos anduvo bárbaro en los penales. Merecíamos haber llegado a la final”.

Luego, tocó viajar a Catar y allí le sorprendió todo.

“Vino el embajador a hablarnos al grupo y nos dijo que todo el territorio de Catar era más chico que el departamento de Durazno. Me sorprendió muchísimo”.

Pero claro que no fue lo único: “Tienen una cultura y una manera de vivir totalmente distintas. Con un calor bárbaro, nos llevaron a ver los estadios con aire acondicionado y son cosas que no podés creer. Por más que lo estabas viendo, pensás que son cosas imposibles”.

El Maestro Óscar Tabárez habló algunas veces con el grupo juvenil seleccionado.

“Da unas charlas notables. Nos habla cómo debemos ser como personas, más allá de la cancha. Está despegado, a otro nivel”, subraya.

Su mamá Gabriela lo llevó de chico una vez a ver a Aguada, porque ella es hincha, y nunca más se separó de ese club.

“Voy muy seguido a verlo. Sufro más con Aguada que jugando al fútbol. Soy muy fanático”, explica.

Bruno admira mucho a Diego Godín. “Juega en mi puesto y para mí es un referente. No tengo ídolos, pero él es un referente”.

Le gusta todo tipo de música, pero su grupo de cabecera es La Vela Puerca. Fue a varios recitales y siempre es un punto de atracción fuera del fútbol.

Destaca que con Fabián Coito sumó partidos “para ganar en confianza. Me colocó siempre de zaguero central y eso me sirvió para ganar confianza en Wanderers”.

Se acuerda mucho de dos entrenadores que le dejaron cosas en su carrera: Héctor Julios –el primero que tuvo en los bohemios– y Jorge Gutiérrez, técnico de la Quinta y la Cuarta, junto al profesor Martín Correa.

“Todos ellos me dejaron grandes ensañanzas y yo no me olvido”, dice.

No se despega de la barriada de Malvín Norte desde que nació y sigue que la misma barra de amigos.

Con 19 años, Bruno es uno de los futbolistas que apunta a seguir creciendo en su desempeño. La nota terminó, pero su agenda siguió abierta. Había entrenado con la selección sub 20 por la mañana y ya de tardecita, se fue derecho a estudiar.

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