En este caso, el filme parte del libro del periodista y escritor estadounidense Clay Baird Jr, que incluso es mencionado por una voz en off que nos plantea el escenario del relato al comienzo del metraje. El libro de Baird, Survive!, se editó en 1973, casi inmediatamente al episodio. Para tener un parámetro claro: los sobrevivientes fueron rescatados en diciembre de 1972.
A modo de curiosidad, Baird desarrolló una larga carrera como autor de libros periodísticos y documentales, pero el primero y uno de los que lo hicieron más conocido fue un texto sobre Robert J. Oppenheimer, inventor de la bomba atómica, bastante crítico. Tiempo después se develó que el relato de esa biografía era el impulsado por Lewis Strauss, un nombre reconocible para quienes hayan visto la película sobre el físico estadounidense que se estrenó a mediados de este 2023: era uno de sus principales enemigos.
Volviendo a los Andes, esta película logra algo que resulta casi imposible: tomar esta historia, asombrosa, conmovedora, inspiradora y durísima a partes iguales, y convertirla en algo aburridísimo.
Viendo La sociedad de la nieve, donde los protagonistas hablan con acento uruguayo, se valora mucho más esa decisión creativa, y hasta hace que escuchar a los personajes hablando en inglés en la película que vino después de esta sea menos molesto que los uruguayos pero con acento mexicano de Supervivientes de los Andes. Aparte, las voces están dobladas.
Por si le faltara algo para estar a nada de convertirse en parodia, los nombres de los personajes están cambiados, lo que no solo genera una mayor distancia con los hechos reales, sino que le da un toque “pirata” a todo el asunto.
Imágenes promocionales de la película, que dejan bien claro el tono
La película pone buena parte de su foco en los aspectos más “shockeantes” de la historia, que lógicamente fueron los primeros en sorprender al mundo, como las condiciones en las que los sobrevivientes aguantaron durante 72 días, y por supuesto, la antropofagia, que los más morbosos etiquetaron como canibalismo.
“¿Qué van a comer?” se pregunta dramáticamente un militar luego de que llega la noticia del accidente. El retrato de esta práctica es después bastante gráfico y extenso.
Si anda con ganas de someterse a esta versión, se la encuentra en la plataforma Amazon Prime Video. Pero vaya advertido que su único mérito es haber llegado primero. Y nada más.
¡Viven! (1993)
¡Viven!
La versión más conocida, y la que popularizó definitivamente la historia a nivel internacional llegó al mundo veinte años después de los hechos reales, y fue todo un fenómeno. En Uruguay, según la base de datos Cinestrenos, fue la película más vista del año, convocando a 160.000 espectadores a las salas desde su estreno en marzo de 1993.
Y fue también la responsable de que el público estadounidense conociera definitivamente la historia, convirtiéndola también en una fuente de parodias, lo que ilustra el impacto que tuvo en el imaginario colectivo. Se convirtió en una historia tan conocida que pasó a integrar el catálogo de referencias populares del momento, sobre todo con chistes negros sobre antropofagia.
Por ejemplo, en la película de acción real de Los Picapiedras, que se estrenó en 1994, Pedro Picapiedra lee un diario donde se lee que “un pterodáctilo se estrelló en los Andes y se comió a un equipo de rugby para sobrevivir”.
Y ese gran devorador de cultura pop que es Los Simpson estrenó también en 1994 un episodio donde Homero y Marge se disponen a viajar en avión, aún a pesar del miedo a volar de ella. Para calmarla, su esposo alquila algunos VHS de películas sobre el tema, pero por su habitual torpeza e ignorancia, elige todas obras sobre accidentes, incluyendo esta, que la señora Simpson mira en casa y donde un personaje pide “otra pierna de copiloto”.
Bromas aparte, el origen de Alive!, tal es su título original, está en otro libro escrito cerca en el tiempo a la tragedia real. El británico Piers Paul Reid lo publicó en 1974, y durante décadas fue EL libro por antonomasia sobre el milagro de los Andes, un bestseller en toda regla que ocupaba estantes de bibliotecas de todo el mundo, incluyendo la de la familia del director español Juan Antonio Bayona, que de adulto terminaría dirigiendo La sociedad de la nieve, pero cuyo primer acercamiento a la historia fue a través del texto de Reid.
¡Viven! Tiene una especie de doble ancla para el relato, algo necesario en una historia donde hay tantos personajes. Por un lado, Carlitos Páez ejerce como el narrador, encarnado nada menos que por John Malkovich. La película empieza y termina con el célebre actor que una vez iba a venir a Uruguay pero finalmente no, en una habitación a oscuras, reflexionando sobre el suceso.
En su monólogo inicial el relato es salpicado con una sucesión de fotografías de los actores interpretando a los jugadores del Old Christians en acción, y en una de ellas se ve, en el rol del entrenador, al verdadero Fernando Parrado, la otra ancla de la historia.
Además de ser asesor de la producción, y de contar con ese cameo, la película pone mucha atención en las acciones y en el protagonismo del futuro conductor de Vértigo.
De hecho, es el único interpretado por un actor que ya en ese momento llamaba la atención, sobre todo por su rol en La sociedad de los poetas muertos, y que terminaría siendo realmente una figura, Ethan Hawke.
Si la película mexicana era la versión barata y sensacionalista, esta se pasa para el otro lado, planteando un relato casi edulcorado y bien hollywoodense de la historia. ¡Viven! Optó por contar esta historia enfocándose en el relato de superación y en el heroísmo, y es prácticamente la versión Disney, que por momentos parece una simpática película de aventuras y no el retrato de una tragedia brutal.
Pocas secuencias de la película ilustran eso como la caminata de Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín, en la que uno de ellos está a punto de caer por un barranco y es salvado de forma heroica por sus compañeros, y otro momento donde un bloque de hielo se rompe y otro de los sobrevivientes queda colgando, en algo que parece más de Indiana Jones que otra cosa – algo que ya verá que no es casual—.
Ojo, que esto no quiere decir que sea una película floja, o mal hecha. Es sólida, y tiene a nombres respetables detrás, como el de su director Frank Marshall, un hombre con una carrera variopinta, responsable de Aracnofóbia, aquella película con el finado Paul Walker y un trineo con perros, y un documental sobre los Bee Gees, aunque es más conocido por su rol como productor, como nombre detrás de la saga Indiana Jones (le dije que no era casual), las películas de Jason Bourne o La lista de Schindler.
Pero se nota la distancia con el relato, más allá de algunos intentos de “uruguayizarlo” que dan un poco de vergüenza ajena, como un momento en el que el piloto del avión pide “un té”, le traen un mate, y lo revuelve con la bombilla antes de tomarlo. Y aunque para esta nota la revisión de la película fue en su idioma original, quien escribe recuerda ver la versión doblada durante su infancia, donde se escuchaban frases como “no se caliente”, que quedaban bastante raras en español neutro.
Otra curiosidad: los nombres de los tripulantes del vuelo que murieron en los Andes están cambiados, salvo los de aquellos que eran familia de sobrevivientes, como la hermana y la madre de Parrado, o la esposa de Javier Methol. Los tripulantes, que murieron todos, no tienen nombre.
Y otra más: aunque realmente volvieron 16 personas, en la película hay una suerte de “sobreviviente extra”, Hugo Díaz, quien en un error catastrófico se presenta como una de las víctimas del alud que tapó el fuselaje, pero luego aparece siendo rescatado.
Netflix
La sociedad de la nieve
Esos fueron los precedentes para La sociedad de la nieve, que las supera en todos los rubros. La película, además, parte desde un lugar diferente, poniendo el foco del relato en el último viajero en morir antes del rescate, Numa Turcatti, que llegó al viaje invitado por un amigo y fue de los que se negó a consumir la carne de los fallecidos.
Además de ese cambio, el planteo del relato es más espiritual, algo que también procede del libro y el documental en el que se basa, donde los sobrevivientes reflexionan sobre su experiencia con la perspectiva del paso de las décadas, y también es una versión bastante más cruda e impactante en el retrato de las heridas, las catástrofes y el deterioro sobre los cuerpos de los pasajeros del avión a medida que pasan los días.
Y claro, la elección de actores rioplatenses hace que todo se sienta más cercano y creíble. Sin ser una película perfecta, se siente como la más acertada, al menos en cuanto a las versiones de ficción.