El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
21 de abril 2024 - 5:02hs

Salvo alguna jugada inesperada del destino y no de la política, el próximo presidente será el blanco Álvaro Delgado o el gobierno irá a parar a manos del Frente Amplio.

Con una interna nacionalista que aparece como definida y una colorada de la que saldrá un candidato que seguramente no protagonizará el balotaje, si lo hay, la interna de la izquierda se presenta como la única en la que de verdad importa la incógnita de lo que sucederá.

Y es inevitable que desde la vereda de la coalición multicolor saquen cuentas y se pregunten, y a veces se respondan, acerca de cómo abordar la posibilidad de que la exintendenta de Montevideo finalmente derrote al exintendente de Canelones. En ese sentido, la última encuesta de Equipos publicada en marzo, en un un escenario de preguntas guiadas, Orsi sumó 45% de intención de voto, mientras que la intendenta de Montevideo llegó a 44%.

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Pero ese mismo sondeo precisaba que si Bergara bajaba su postulación –lo que finalmente se concretó- la diferencia a favor de Orsi subía cinco puntos. En tanto, la encuesta de Opción difundida este lunes señaló que la diferencia entre los contrincantes desde la última medición de marzo (Orsi 51%, Cosse 36%) se redujo sensiblemente (Orsi 49%, Cosse 40%) en tanto que se achica aún más entre aquellos que dicen estar seguros de que concurrirán a votar el 30 de junio (Orsi 47%, Cosse 44%).

En esa medición Bergara aparece con un 4%. En un margen de diferencia tan escaso entre Orsi y Cosse la deriva de los votos del dirigente de Fuerza Renovadora puede resultar decisiva aunque no necesariamente.

Uno de los operadores de Cosse dijo a El Observador que el final de la historia dependerá menos de lo que suceda con los votantes de Bergara que con la fortaleza que exhiban los exintendentes en el último tramo de la campaña. “Depende solo de nosotros, y está todo dado para que sea un final cabeza a cabeza”, afirmó el dirigente.

Desde el Herrerismo ya confiaron sus apetencias dentro del Frente Amplio. “Cosse”, había respondido el exministro del Interior, Luis Alberto Heber, cuando en julio pasado El Observador le preguntó a cuál frenteamplista prefería como rival en octubre. “Orsi”, agregó cuando se lo consultó a quién de los dos prefería como presidente.

En tanto, informado de las últimas encuestas, un allegado al precandidato blanco Álvaro Delgado señaló que si bien “la campaña es una, los candidatos también influyen”. “Ella (Cosse) representa mejor que Orsi todos los temores que nosotros le adjudicamos al Frente Amplio”, afirmó. Esos “temores” tienen que ver, entre otras cosas, con la presencia de los radicales partidos Comunista y Socialista como principal respaldo de Cosse y con las dudas de la exintendenta respecto al plebiscito que busca derogar la reforma de la seguridad social.

Pero otro allegado a Delgado dijo no estar tan seguro de que Cosse sea una presa más fácil que Orsi a quien consideró menos sólido en sus apariciones públicas que la aguerrida exintendenta. “Creo que puede cambiar una parte de nuestra estrategia si gana Cosse, pero tampoco podemos andar ventilando qué es lo que vamos a hacer”, señaló el parlamentario. Por lo pronto, en el oficialismo ya empezaron a decodificar a su manera la renuncia de Bergara. Es así que tanto el nacionalista Sebastián Da Silva como el colorado Andrés Ojeda coincidieron en señalar que, ahora, en el Frente Amplio no hay espacio para moderados y que la coalición quedó en manos de “tupamaros y comunistas”. "Es un dato relevante de la elección, yo creo que hace que el Frente Amplio quede más desbalanceado de lo que estaba, más desbalanceado hacia los sectores más duros y radicales, pero serán los frenteamplistas los que tendrán que juzgarlos", apuntó Delgado. También desde el Partido Independiente empezaron a advertir con el concepto de un “Frente angosto”.

Por otra parte, desde el Frente Amplio se han propuesto un plan para intentar que “un millón de frenteamplistas” participen de la elección interna, lo que beneficiaría a Orsi que depende menos del voto “de estructura” al que apunta Cosse. No obstante, las elecciones internas son más que nada una confrontación de aparatos, circunstancia que se ha intensificado con el descenso en la cantidad de votantes que participan de ella (53,8%en 1999 y 40, 2% en 2019).

De esa lucha de aparatos en unas elecciones que son optativas, saldrán los candidatos a los que, obligatoriamente, los uruguayos deberán votar en el cada vez más cercano octubre.

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