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19 de agosto 2023 - 14:34hs

"Yo creo que en su momento se amaron demasiado y Valentina siempre trató de buscar ese amor de vuelta, que él la quisiera como la quiso cuando empezaron todo. Y volvía a eso y volvía a eso. (...) Había peleas, discutían, se dejaban de hablar y volvían a lo mismo y era esa situación constante". Eso dijo una amiga de Valentina Cancela sobre la relación que tenía la adolescente de 17 años con su exnovio, Santino, también de 17 años y que la terminó matando.

¿Por qué es tan difícil salir de una relación tóxica? ¿Por qué cuando se ve desde afuera parece claro? 

"Está ese enganche que es muy similar a lo que puede ser una adicción a una sustancia", explica Roberto Balaguer, psicólogo que lleva 30 años trabajando con adolescentes. A algunas personas "se les hacen más atractivas estas relaciones, que tengan un carácter tortuoso, de sufrimiento", añade.

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Las relaciones violentas no son exclusivas a los menores. Se dan entre adultos de todas las edades, pero "en la etapa adolescente los niveles de inseguridad, de vulnerabilidad emocionales, son aun mucho más grandes". "Entonces las emociones son una montaña rusa", señala Balaguer.

"Ese encuentro, esa reconciliación, puede ser un gran subidón". En ese momento, "la persona intenta pensar que no van a haber más bajadas", sostiene el psicólogo.

Con jóvenes "escuchás como los criterios para enamorarse, para seguir adelante una relación, son mucho menos sólidos que lo que uno aspiraría que sucediera más adelante en la vida adulta", continúa.

La vulnerabilidad propia de la adolescencia se ve además agravada por el victimario que "maneja los vínculos para hacer más vulnerable a la persona". Éste instaura en su pareja su propia visión de la relación. Finalmente, la víctima "minimiza, justifica, racionaliza, intelectualiza las razones por las que el otro hace lo que hace", explica Balaguer. "Se busca ponerse en el lugar del otro, no respetándose en sus derechos".

Las relaciones llamadas tóxicas se caracterizan por presentar una fuerte dependencia emocional. Y para adolescentes –aunque también para adultos— la búsqueda del amor central en su existencia. El vértigo de perderlo, de temer no volver a conseguirlo, es clave para entender por qué cuesta tanto alejarse.

Justamente, en terapia, el primer paso para que el paciente abandone la relación, es que tome conciencia "de que en ese balance hay un sufrimiento", "que merece respeto, autonomía".

Pero incluso si la persona está decidida a terminar la relación. Están también las amenazas. Si me dejás te mato. Si me dejás me mato.

¿Cómo lidiar con las amenazas?

Para el primer caso, Balaguer subraya la importancia "de que haya terceros".

"Pedir ayuda profesional, judicial, de la Policía para poder transitar por esa separación ambas partes de una manera lo más saludable posible", sostiene. 

Es vital que trabajen quienes "sepan de esas cosas para que oficien como límites externos a alguien que si queda mano a mano seguramente trasgreda esos límites y pueda haber agresión, violencia y eventual muerte".

En el segundo caso, cuando hay amenazas de suicidio "ahí pesan mucho los sentimientos de culpa de las personas", dice el psicólogo. "La ayuda profesional es clave para ir haciendo ese desprendimiento de la forma más óptima posible. A veces radical. A veces gradual. Ahí va a depender un poco de cada caso", explica.

Es importante que la víctima de ese "chantaje emocional" entienda que "no es responsable", que la otra persona "necesita ayuda profesional para reencauzar su vida, porque volver por esa razón es solamente postergar la decisión".

¿Cómo es el trabajo con el victimario?

"El victimario para establecer ese tipo de vínculo también es una persona que está alterada en su capacidad de amar y ser amado. Tiene una concepción de los vínculos que es patológica", indica Balaguer.

"Lo que más le cuesta a la persona es ver al otro como otro y no como alguien que no le hace caso y que no le sigue sus reglas". Es decir, que la otra persona tiene "tiene derechos, gustos, libertades, decisión propia".

"Ese es uno de los procesos esenciales para que deje de verlo como una especie de apéndice de él, que debería hacer tal o cual cosa porque si no está mal y merece ser castigado", señala el psicólogo.

La lectura del victimario "es que la otra persona le falló, no lo quiere, no lo atiende, no lo quiere como él o ella lo merece".

Hombres y mujeres y el cambio de los tiempos

¿Se ven más relaciones tóxicas ahora que antes? Balaguer piensa que sí. 

"Antes podíamos tener relaciones más de sumisión de la mujer al varón y hoy tenemos relaciones más cortas, más efímeras, a veces más explosivas y sobre todo de menos tolerancia a las diferencias, a las fallas del otro; rápidamente se toman decisiones", explica.

"Antes quizás había demasiada paciencia y eso generaba sometimiento o doble vida y hoy hay menos paciencia y también relaciones donde los roles han cambiado y el poder se distribuye más equitativamente con el dinero por mediante que muchas veces es un factor de poder importante", continúa.

Hombres y mujeres son tanto víctimas como victimarios, pero "quizás las formas de manipulación, de sometimiento, de doblegamiento, sean distintas en el hombre y la mujer". "En el hombre muchas veces es un tipo de violencia más directa y mucho menos simbólica y en el caso de la mujer a veces es más sutil, a veces en las familias es a través de los hijos con cierto chantaje emocional por eso", sostiene el psicólogo. 

Su colega Alejando De Barbieri, cambia de escala temporal. Va a los últimos años. "La pandemia pasó por encima a los padres", afirma. "Legitimó el tema de la salud mental, pero también entregó chiquilines a padres sin tiempo y sin preparación", añade. De un día para el otro, los menores tuvieron que quedarse 24 horas con padres hasta muchas veces desesperados, sin trabajo.

¿Y qué tienen que hacer las familias?

Justamente, para entender cómo alguien termina siendo victimario, o víctima, hay que prestar atención a la educación, tanto familiar, como formal.

"Uno no se da cuenta cómo educó a sus hijos hasta que llegan a la adolescencia", dice De Barbieri. Hace 15 años que recorre el país y da charlas principalmente para adultos, pero también para adolescentes en liceos públicos y privados.

Si los padres fueron "demasiado permisivos" quizás al joven "le cuestan las normas, se frustra fácilmente". O si fueron "muy rígidos", pueden tener un hijo "más inhibido, más apocado, más apagado, porque se crio más al miedo".

"En la adolescencia lo que influye es la identidad y el autoestima. Por eso es importante ir construyendo vínculos sanos antes de la adolescencia, entonces cuando llega ese chico puede construir vínculos sobre todo libres", explica.

En muchos casos, los niños se crían en ambientes violentos y luego actúan de acuerdo a eso. "Muchos padres, de todo contexto, no de un contexto crítico, les pegan a sus hijos", asegura. De Barbieri siempre repite que "se precisan adultos sin rabietas". Aunque también hay veces donde el menor es violento de forma innata.

En cualquier caso, se tiene que identificar por el lado de las familias cómo es el hijo. Si le pega a su hermana, si lo echan del liceo, si apenas empieza a trabajar y tiene una discusión con su jefe; esos son todos indicios de que quizás es "un chico con desregulación emocional".

Es decir, alguien que no puede regularse cuando siente "ira, bronca, enojo” o piensa “‘no puede ser que no me quiera’, ‘no puede ser que no quiera tener sexo conmigo’”, ejemplifica el psicólogo. Esto se puede tratar con terapia, deporte, medicación. 

Para De Barbieri las familias tienen que involucradas en talleres mensuales que se hagan en los liceos

El psicólogo hace hincapié en la educación emocional que les falta a los adolescentes en los centros educativos. Por eso promueve la Ley de Educación Emocional y por eso también lidera La Revolución del Colibrí, una iniciativa que ofrece consultas psicológicas y charlas gratis.

"Es desesperante. Los gurises están muy solos", asegura. Cuando da charlas, no tiene que "generar un superclima". Los adolescentes tienen hambre de ese tipo de instancias. Quieren ayuda para ellos, pero también para ayudar. Ven un psicólogo y ya levantan la mano. "Te preguntan: '¿cómo puedo llegar a mi amiga'".

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Valentina Cancela

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