La pica con los argentinos es permanente. Ellos nos quieren mucho más de lo que nosotros los queremos. Pese a que somos lo mismo, consumimos lo mismo, miramos los mismos programas de TV y nos entendemos mejor que nadie, nos empeñamos en marcar las diferencias y no nos alegramos con sus triunfos.
Nos pasa en la redacción, que desde hace más de un año tenemos un colega argentino trabajando entre nosotros. Discutimos a menudo con él y de discusiones periodísticas saltamos a lo que nos diferencia: que los uruguayos somos grises, pacatos, formales, serios, y que los argentinos son desprolijos, divertidos y atrevidos. La pica lo llevó a tener que pagar un asado para todos –y cumplió– porque apostó que Argentina le ganaba a Holanda y seguía derecho a la final.
Esta semana la célebre frase de Alberto Fernández de que “en Montevideo abrís la canilla y no sale agua” recorrió los portales y la respuesta uruguaya no se hizo esperar. Del trasfondo político de este episodio voy a hablarte en esta Newsletter EnClave.
Quieren “alquilar” a Lacalle Pou
"Yo siempre pregunto si Uruguay no nos alquila al presidente por unos meses. Dos o tres meses”, lanzó el periodista argentino Baby Etchecopar en su programa del canal A24 a raíz de lo que dijo Alberto Fernández de las canillas sin agua. "Ponemos guita entre todos los argentinos y lo traemos seis meses de presidente, para que nos dé un poco de orgullo, porque estamos hechos mierda", siguió.
El presidente abordado por manifestantes que protestaban por el agua
Etchecopar, que ya había elogiado a Lacalle Pou por “el orgullo de tener un presidente que hable cosas coherentes”, no fue el único. Es frecuente escuchar a periodistas y presentadores, elogiar al presidente Lacalle, a Uruguay y a los uruguayos, hastiados de un gobierno que anda a los tumbos.
Esta vez se podría decir que Fernández se lo buscó solito. El domingo pasado al participar de la inauguración del primer tramo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, donde se lo vio sonriente, después de meses, junto a su vicepresidenta, Cristina Kirchner, dijo: “El tiempo que viene por delante nos enfrenta a muchos desafíos y nos da muchas oportunidades. El gran desafío es el cambio climático, ya está visto. Lo vivimos en la sequía. Lo vive Uruguay, donde en Montevideo abren las canillas y el agua no sale”.
Como era de esperar, de este lado del Río de la Plata hicieron cola para pegarle. El primero fue el presidente. El lunes, desde Durazno, trató de ignorante a Fernández. “Puede ser dos razones: mala intención, que la descarto, o por ignorancia, simplemente”, respondió ante la consulta de los periodistas.
Como para reforzar la chicana dijo que el presidente argentino “puede leer en internet” y encontrará la información correcta de lo que sucede en el país. La cuestión no quedó ahí porque también llamó al embajador de Argentina en Uruguay, Alberto Iribarne, con quien tiene muy buena relación, para expresarle su molestia, y el canciller Francisco Bustillo se comunicó directamente con el mandatario, con quien tiene amistad, de cuando fue embajador en Argentina.
Se podría pensar que la reacción de Lacalle fue desmedida y algo soberbia, pero la mentira fue demasiado alevosa como para no pegarle. Y por algo, los golpes siguieron: el intendente de Canelones y precandidato del FA, Yamandú Orsi, dijo que le erró feo, el secretario de la Presidencia y precandidato nacionalista, Álvaro Delgado, ironizó: “Sí, abren y sale agua de la canilla por si les quedan dudas”, y el ministro de Turismo, Tabaré Viera, lamentó “que un presidente diga una fake news, una noticia que perjudica a Uruguay”.
El perjuicio estuvo en que cayeron algunas reservas ante la confusión que generó esa afirmación sumada a otras como la de un notero de America TV que dijo que “las mamás no pueden bañar con el agua de la canilla a sus chicos, tienen que bañarlos con agua mineral”.
En el gobierno uruguayo interpretaron la frase de Fernández como un pase de facturas por lo que ocurrió en la cumbre del Mercosur en la semana anterior en la que el presidente volvió a insistir con la necesidad de flexibilizar el bloque y obligó a Fernández –presidente anfitrión– a que se transmitieran los discursos, porque amenazó con volver a utilizar la estrategia de la anterior reunión en Brasil donde difundió su discurso a través de sus redes sociales. A ello se sumó que Uruguay no firmó, por tercera vez, la declaración conjunta final tras una cumbre del Mercosur, y marcó diferencias con Argentina, Brasil y Paraguay.
Desde Torre Ejecutiva también adjudican estos dichos a “la manija interna” de la oposición por la crisis del agua, con el lloriqueo de la intendenta Carolina Cosse incluido.
De hecho, el ofrecimiento de una donación de agua del gobierno de Fernández obedeció a un pedido de Cosse a otros países a través de las embajadas. Hasta ahora solo llegó la oferta argentina de una potabilizadora que produce 1.700 sachet de medio litro por hora y un buque de la Armada Argentina con una cisterna de 300 toneladas de agua. Como respondió Lacalle, esa ayuda "suma", pero es menor para el consumo de Montevideo y la zona metropolitana, ya que por día se consumen alrededor de 500 mil metros cúbicos de agua.
El pasado vuelve
Aunque la relación de desencuentros con Argentina es histórica, es imposible no retrotraerse a 18 años atrás, cuando Uruguay autorizó a la entonces Botnia (actual UPM) a construir la primera planta de celulosa en Fray Bentos y se desencadenó el conflicto. Aquel grupo de piqueteros advertía que nacerían niños con dos cabezas y quién sabe qué otras desgracias ambientales sucederían. Ese grupo actuaba azuzado por un gobierno que hizo del tema una causa nacional.
El tema saltó incluso a la televisión, ya que el bailarín uruguayo Javier Rojas competía en Bailando por un sueño y tenía como pareja a Evangelina Carrozo, la reina del carnaval que se había aparecido en bikini con un cartel contra las papeleras durante una cumbre presidencial en Austria. En una de las galas Rojas defendió la postura uruguaya y recibió 110 mil mensajes de texto votando su continuidad en el programa. Ese mismo día, el Banco Mundial aprobó un préstamo para Botnia y por eso elegí esa foto de noviembre de 2006 tan ilustrativa de lo que vivía el país en ese momento.
La tapa de El Observador del 22 de noviembre de 2006
El periodista Pablo Solari que en esa época cubría gobierno para El Observador lo recordó en una nota en la edición especial de los 30 años del diario, y señaló tres hechos políticos de aquella época conflictiva: la supuesta abuela bomba que se iba a inmolar en Botnia, el acto del presidente argentino Néstor Kirchner en la cabecera argentina del puente y un encuentro con mandatarios del Mercosur en Valparaíso, Chile.
La abuela bomba era una señora de 88 años, y el supuesto acto terrorista había sido informado a The Washington Post por el esposo de Romina Picolotti, abogada de los piqueteros, que terminó como secretaria de Medio Ambiente de Alberto Fernández y condenada por corrupción. Años más tarde, supimos que Vázquez le pidió ayuda al presidente de Estados Unidos de aquella época, George W. Bush, ante la posibilidad de un conflicto bélico.
Finalmente la Corte de La Haya le dio la razón a Uruguay, ninguna de las tragedias anunciadas por los ambientalistas se cumplió, y este año se inauguró la tercera planta de celulosa. La magnitud de aquellos hechos están lejos de lo que pueda ocurrir hoy en el vínculo con Argentina, pero los chisporroteos siempre estarán más cuando los gobiernos no coinciden ideológicamente.