Opinión > Editorial

Colapso de una fantasía regional

El empecinamiento de la administración Vázquez lo aleja todavía más de los proclamados intentos de inyectarle eficacia al Mercosur

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23 de abril de 2018 a las 05:00

Los arrestos socialistas de Hugo Chávez incluyeron hace 10 años crear la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), aprovechando el respaldo de los abundantes gobiernos de la época de igual o parecida tendencia y que, además, le debían favores financieros, como era el caso de Uruguay. Con gobiernos más realistas electos en varios países, muerto Chávez y con Venezuela despedazada por el caos económico, el colapso institucional y el desastre humanitario, se ha terminado de deshilachar esa costosa fantasía de inspiración caraqueña, que solo ha servido para engordar la burocracia internacional de organismos inútiles.

Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Colombia y Perú han suspendido indefinidamente su participación. ¿Quiénes quedan? Guyana, Surinam, Ecuador, la Bolivia del aspirante a autócrata Evo Morales y la Venezuela del dictador Nicolás Maduro, egregia compañía adoptada por Uruguay. Tan firme en otras posturas en sus relaciones exteriores, nuestra cancillería mantiene la política de hacerse la desentendida cuando se trata de algo que toque al chavismo, en el caso de la Unasur por ser gestor de su existencia. Su tolerancia ya ni siquiera responde a la esperanza de que algún día podamos cobrar las decenas de millones de dólares que el chavismo le debe desde hace años a nuestra industria lechera y a muchas firmas exportadoras. Menos se fundamenta en la remotísima posibilidad de que la Unasur pueda reconstituirse y ser eventualmente de alguna utilidad. Solo se explica por las simpatías ideológicas que gran parte del Frente Amplio y su gobierno mantienen con el chavismo y sus derivaciones.

El empecinamiento de la administración Vázquez, por otra parte, lo aleja todavía más de los proclamados intentos de inyectarle eficacia al Mercosur. Los otros tres miembros, ya que Venezuela ni cuenta en esa categoría, están entre los seis países que han reconocido la futilidad de la Unasur. Esto significa que, al quedar Uruguay solo y radiado otra vez de sus socios, se complica la reconstrucción del bloque y los posibles avances futuros.

Los seis países que abandonaron su participación en la Unasur anunciaron su decisión en una carta conjunta de sus cancilleres al de Bolivia, presidente temporal de un organismo desmembrado desde hace más de un año por desacuerdos sobre elección de un nuevo secretario general y por un cúmulo de denuncias de irregularidades y otras flaquezas. La nota de los seis cancilleres expresó que sus países no volverán a la Unasur a menos que, en un plazo perentorio de algunas semanas, haya "resultados concretos que garanticen el funcionamiento adecuado de la organización", o sea, en buen romance, que empiece a servir para algo. Como en su década de vida ha sido una mera tribuna vacua, su transformación milagrosa hacia la utilidad parece imposible. En ese caso, la decisión de los seis países será el responso a este muerto viviente pergeñado por Chávez, algo que el gobierno uruguayo haría bien en reconocer frontalmente de una vez por todas. A menos, naturalmente, que considere que llevarse bien con la descarriada Venezuela o Surinam es más importante que hacerlo con nuestros socios y vecinos.
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