2 de noviembre de 2014 12:04 hs

Tu trabajo no te hace feliz, hace tiempo que dejó de aportarte algo positivo y te aburre asistir a la oficina. En el tiempo libre lo que verdaderamente te entusiasma es el aeromodelismo, el chocolate, la lectura, las carreras de coches, la inteligencia artificial o la cerveza.

¿Has pensado alguna vez en hacer de ese hobby tu forma de vida? Dejando claro que un trabajo siempre es una responsabilidad, y que, de hecho, montar un negocio propio puede requerir muchas más horas de dedicación, lo cierto es que son muchos los que se ganan un dinero extra a partir de una afición o de una idea de negocio que no pueden desarrollar en la compañía para la que trabajan.

Visa ha querido cuantificar la magnitud de este fenómeno y ha realizado para ello 18.124 encuestas en nueve países europeos. El estudio concluye que dos tercios de la población española tiene un hobby o una idea que, potencialmente, podría generarles ingresos. De estos, casi uno de cada diez los generan. Son lo que Visa denomina “emprendedores encubiertos”.

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Las cantidades, no obstante, están lejos de permitirles dejarlo todo de la noche a la mañana.

Según Visa, los ingresos medios anuales se sitúan en 1.218 euros (unos US$ 1.551). La actividad más rentable, en promedio, es el cuidado de niños, que genera 1.653 euros (unos US$ 2.105) al año, seguido de las actividades en la comunidad local, y de cuestiones como la construcción, la decoración o la restauración.

Ganas no faltan

El gigante de medios de pago concluye que de esos dos tercios de españoles con una idea de negocio, al 77% le gustaría hacer de ella su sustento principal, y uno de cada cinco planea hacerlo, de hecho, en un plazo de cinco años.

“Se suele decir que fuera hace mucho frío, pero donde realmente lo hace es dentro de las grandes empresas. No hay que tener miedo a cambiar”, afirma Marcos Eguillor, fundador de BinaryKnowledge, que en 2007 dejó su trabajo en Telefónica, donde ocupaba el cargo de responsable de proyectos internacionales de innovación, para iniciar una nueva vida.

Para la fundadora de Fantasía de Chocolate, Paloma Jareño, tropezar no es malo, lo malo es enamorarse de la piedra: “Si me hubiera quedado en mi puesto, no habría sido feliz. Emprender es muy duro. No sé si repetiría la experiencia, pero sí sé que si no hubiera dado el paso me habría arrepentido el resto de mi vida”.

Jareño trabajaba en una cadena de televisión organizando eventos hasta que la nombraron gerente de servicios generales, un puesto que no le gustaba nada. “En un viaje a México descubrí una preciosa fuente de chocolate y caí en la cuenta de que en España no las había”, relata.

Durante tres años, compatibilizó su trabajo en la televisión, su familia (tenía entonces dos hijas de 2 y 4 años), y su nueva pasión: vender fuentes de chocolate para eventos.

“Tu agenda se convierte en un tetris. Trabajaba en Fantasía de Chocolate durante los fines de semana, las noches y, si algún evento se organizaba entre semana, pedía un día libre en mi empresa para encargarme”, relata Paloma Jareño.

Compaginar ambas actividades hasta que su pasión arranca es muy común. Tiene claras ventajas (sigues recibiendo un sueldo, y si la startup no funciona, no se pierde todo), pero también desventajas. Es improbable que un business angel invierta en un negocio donde los socios no le prestan una dedicación al 100%.

Una decisión muy meditada

Los estudios existentes sobre esta realidad –a la que en algunos ámbitos se denomina hybrid entrepreneurship– coinciden en que las probabilidades de que prospere un negocio creado por una persona que en los comienzos mantenía su empleo por cuenta ajena son superiores a la media.

El argumento: no emprendieron por una decisión precipitada, sino que su proyecto es fruto de una planificación y una reflexión extendida en el tiempo.

Hace algunos años, un grupo de académicos suecos estudió el fenómeno y lo plasmó en el libro Hybrid entrepreneurship: the importance of passion, donde se resaltaba que la capacidad de esfuerzo del emprendedor híbrido viene derivada de la pasión que siente hacia su proyecto.

La etapa de transición, no obstante, puede ser muy dura, no sólo por la dedicación en tiempo y esfuerzo, y muchos deciden mantener sus planes en secreto.

Algunas empresas no ven con buenos ojos que sus empleados tengan actividades paralelas, aun cuando las realicen fuera de su horario laboral y aunque éstos hubieran planteado la posibilidad de sacar adelante el proyecto dentro de la compañía.

“Innovar dentro de una gran organización no siempre es posible”, reconoce Pedro Castillo, que dejó su empleo en Bankinter para montar Logtrust, una startup de tecnologías big data para pymes.

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