Contar con una mente abierta es lo que llevó a Juan Carlos Doyenart (63), junto a su reciente socio Alejandro Lourido (44), a celebrar en estos días los 20 años de su consultora Interconsult. Para Doyenart, “el conformismo es la muerte de una empresa”. “Por más que le vaya bien, siempre tiene que estar pensando en nuevos proyectos, entender como viene el mundo y pensar como encajar”, dijo.
Lourido y Doyenart se asociaron recientemente con el fin de generar cambios en Interconsult, que le permitan adaptarse a los tiempos que corren. Lourido describió a Doyenart como un verdadero emprendedor que logró construir una marca basada en confianza y credibilidad. “Juan Carlos decidió salir de una zona confortable un día y emprender eso que llamó Interconsult. Luego vuelve a salir de sus zonas confortables y vuelve a emprender con la palabra. Escribir libros en este país es emprender. Cada vez que opina, emprende. Por otro lado, en éste momento de su vida al buscar un socio, también se está manifestando como emprendedor. Es decir, no está conforme con lo que tiene y quiere algo distinto, algo mejor”, comentó Lourido.
¿Cómo describiría a su empresa?
Desde un principio, y ahora también con Lourido, creamos una consultora chica. Si bien ningún empresario debería considerar que su empresa es chica, ésta es chica en costo fijo, ya que la consultoría requiere de mucha flexibilidad. Nosotros no podemos tener acá a un ingeniero, un arquitecto, un economista y pagarle todos los meses. Estaríamos fundidos. Tenemos lo básico: marketing, sociólogos, estadísticos. Y después subcontratamos profesionales especializados en las áreas de los diferentes estudios que realicemos para que al menos nos asesoren.
La mejor definición sería que nos asociamos por proyecto con gente muy calificada. Nosotros tenemos la visión global de las cosas y ellos te ayudan a tratarlos en detalle. Gracias a ello, aprendes mucho. Personalmente, en estos años de consultor aprendí sobre un montón de cosas que nunca en mi vida me imaginé que me iba a meter. No te volves un especialista pero aprendes mucho. .
Hay consultoras especializadas en recursos humanos, en economía y finanzas, en marketing exclusivamente, pero en general, como buen uruguayo –como buen empresario uruguayo- somos más generalistas en ese sentido.
¿Cómo fue emprender en la época en que fundó Interconsult?
Fue un salto al vacío. Tenía 40 años, tres hijos chicos. Siempre era difícil imaginarse sin la seguridad de estar en paraguas grande como era Equipos. Los dos primeros años fueron muy angustiantes, hasta que fuimos haciendo piso, teniendo clientes y me fui dando cuenta que se podía. Con el tiempo uno se va tomando confianza, se va afianzando, va ganando la confianza de la gente y en esto la opinión pública ayuda mucho. Cuando uno hace la predicción a la semana se saben los resultados y la empresa queda marcada. Las tres o cuatro consultoras que estamos en esta área, más o menos con el mismo tiempo de funcionamiento fuimos perdurando. Y si perduramos es porque hicimos las cosas bien.
En un principio, ¿fue difícil competir contra Equipos que ya estaba establecida?
Siempre pasa cuando te inicias que si ya hay empresas establecidas cuesta. Sin embargo, nos ayudó –y no es mérito personal, ni de Interconsult- que fue un momento de expansión del mercado, había más clientes, la demanda comenzaba a crecer. El empresariado conservador uruguayo empezaba a entender que necesitaba de las herramientas que hacía años que se usaban en el mudno y lo entendía cada vez más. Después pasó en lo mismo en el mundo de la política, al principio había mucha desconfianza pero después se entendió la utilidad. De hecho, hoy viven de las encuestas.
¿Qué se siente que Interconsult haya cumplido 20 años?
Siento que pude hacer las cosas medianamente bien y que conseguí en este tiempo un resultado positivo -el haber construido una marca medianamente reconocida-. Me siento muy orgulloso, aunque pienso que podría haber sido muchísimo mejor todo. Hice muchas cosas mal, pero también hice muchas cosas bien. De eso se trata la vida.
Uno mete la pata muchas veces o deja pasar oportunidades, no sabe darse cuenta de los cambios que están ocurriendo o no tiene una cabeza empresarial. Más allá de la experiencia que uno pueda tener como consultor y un cierto nivel de conocimiento y de destreza técnica, siempre me faltó darle un enfoque mucho más empresarial a la consultora.
En mi caso, logré lo que siempre quise, depender de mi mismo y nada más. No rendirle cuentas a nadie.
Eso me llevó a darle a Interconsult una impronta muy personal. Cuando una empresa depende mucho de una persona, tiende a nacer con esa persona y morir con esa persona. No hay otra vuelta. Llegado a los 60 años comprendí que tengo otro trecho para seguir trabajando tranquilo, ya que hoy por suerte la vida y la tecnología hace que las personas tengamos una vida de productividad mucho más alta de la que teníamos antes. Uno a los 60 años se siente muy vital. Sin embargo, después de mucho pensarlo me dije: ‘tengo esto que es Interconsult que es una marca, y si yo el día de mañana me voy a jubilar, me enfermo o me muero, esto vale cero, no vale nada’. Este es un problema que hoy en día intentamos mejorar con Alejandro Lourido. Él compró la mitad de Interconsult y ahora somos dos. Ahora no hago lo que quiero. Perdí libertad, hay decisiones que se toman en conjunto, antes no las consultaba con nadie. Elegí a Alejandro porque tiene el perfil de lo que necesitaba Interconsult. Yo no quería un socio capitalista que solo pusiera plata. Sino que quería alguien con juventud, conocimientos, formación y experiencia en el área de las comunicacioneso. Obviamente, también necesitaba una persona confiable y con sintonía.
¿Qué es lo que esperan de esta nueva etapa de Interconsult?
Se cumplió un ciclo. Ahora empieza uno totalmente nuevo.Vamos a hacer básicamente lo mismo pero intentando sumarle cosas, sobre todo para aggiornar. Hoy en día las empresas –le pasa mucho al empresariado uruguayo- se estancan. Sobretodo la empresa familiar. Interconsult, más allá de todo no deja de ser una empresa familiar. Hasta hace un tiempito éramos yo y mi familia. Mis hijos, si bien actualmente ninguno está trabajando acá, trabajaron acá.
Las empresas uruguayas tienden a quedarse, porque tienden a conformarse con lo básico. En términos generales el pensamiento del empresario uruguayo es que como ya tiene su auto propio, su casa propia y algunos su casa afuera, ya están conformes y hay que dejar las cosas como están. El conformismo es la muerte de una empresa. La empresa, por más que le vaya bien, siempre tiene que estar pensando en cosas nuevas, nuevos proyectos, abrirse, entender como viene el mundo, pensar como encajar en ese nuevo mundo. Seguramente Interconsult no se convierta en la consultora número uno del Uruguay, pero uno tiene que trabajar para que sea la número uno.
Nos tocó transitar en una era de cambios tecnológicos muy fuertes y por lo tanto, de cambio de cabeza de la gente muy grande. Desde el punto de vista empresarial, las demandas del mercado están cambiando aceleradamente. Por esa razón, no podemos seguir utilizando los mismos procesos que utilizábamos hace 20 años. Tenemos que cambiar de acuerdo a como va cambiando el mundo y como va cambiando el país. La idea con Alejandro es aggiornarnos tecnológica y mentalmente. El modernizarse es una obligación. Además, cuando la marca es reconocida tus responsabilidades aumentan. Debemos ser una empresa más moderna y actualizada. En eso estamos trabajando.
¿Cómo se define como emprendedor?
En Uruguay hay muy pocos emprendedores. No me considero en esa categoría, o, si se quiere, no fui un buen emprendedor. No estoy culturalmente formado para ser un buen emprendedor; aunque realicé algunos emprendimientos.
La gente cuestiona el hecho de formar a alguien para ser empresario. En mi opinión, no hay que formarlos para ser empresarios, hay que formarlos para ser emprendedores. Quien tiene trabajos dependientes o a sueldos también puede ser un emprendedor. Porque emprender significa que uno tenga proyectos personales –más o menos innovadores- y los lleva adelante, es la capacidad de llevar adelante algo, ya sea una empresa o una profesión.La capacidad que la persona tenga para proyectarse y que no lo proyecten. A algunos le sucede que terminan siendo lo que otros quieren que sea y no lo que hubieran querido ser.
De todas formas, creo que en el medio uruguayo en lo personal, no fui un buen emprendedor pero emprendí cosas. Emprendí cosas cuando quise transformar canal cinco también. Después no pude, me ganaron, perdí. También por el hecho de que hice cosas mal, no toda la culpa la tienen los otros. Si yo hubiese hecho las cosas distintas hubiese tenido más éxito. Pero emprendí, algo que hoy es un producto. Yo creo que hoy canal 5 está mejor. No digo que sea gracias a mí, porque solo dí el puntapié.
Uno puede ser un mal emprendedor o hacer las cosas mal en un determinado momento, pero la voluntad de emprender la tuve siempre.