28 de diciembre de 2011 21:38 hs

Este jueves será la última sesión del año del Comité de Política Monetaria (Copom), que, en un contexto internacional de crisis, deberá enfrentar la disyuntiva entre priorizar el combate al aumento de los precios o inclinarse por incentivar la producción por medio de una mejora de la competitividad.

El camino se marcará con la decisión que tomen las autoridades respecto a la Tasa de Política Monetaria o de referencia. En caso de aumentarla implicará un sesgo más ortodoxo desde el punto de vista antiinflacionario, y si se reduce, las autoridades estarán dando una señal en favor de la esfera real de la economía.

Actualmente, la tasa de referencia se ubica en 8%, que marca el interés que cobra el Banco Central (BCU) a los bancos comerciales por sus préstamos en moneda local. Los analistas esperan que el Copom resuelva mantenerla (ver recuadros).

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Pero la sesión de hoy representa para Uruguay el cierre de un año bisagra, que comenzó con la inflación como elemento de manifiesta preocupación para el gobierno y los analistas y, tras el agravamiento del contexto internacional, se agregó la inquietud por la competitividad como factor de impulso de la producción y el empleo.

La variación del Índice de Precios al Consumo (IPC), que en el año móvil cerrado a noviembre se situó en 8,4%, presenta valores que aún preocupan, ya que se ubica en más de dos puntos porcentuales por encima del techo del rango meta trazado por el BCUde 4%-6%.

Por otra parte, los pronósticos de desaceleración de la economía local y los temores de recesión de la actividad mundial en 2012, así como la pérdida de competitividad de Uruguay frente a Brasil, el principal socio comercial, se consolidaron en los últimos meses como el otro aspecto de inquietud. Las decisiones de política monetaria a lo largo del último año marcaron el cambio de escenario de la economía y las expectativas de cara a 2012

Cronología
En 2010, la inflación cerró el año en 6,9%, y así se ubicó dentro del rango objetivo definido por las autoridades de 3%-7%.

En la última reunión del Copom del año pasado se visualizaba a la inflación como el principal desafío para 2011, y se señalaba a la demanda que crecía por encima de la oferta. En 2010, el consumo interno fue el principal factor que permitió que la economía se expandiera 8,5%.
En marzo último, las autoridades expresaron “preocupación por el riesgo que implica la evolución de la inflación, en un marco caracterizado por elevadas tasas de crecimiento y alto grado de utilización de los recursos productivos”, según se señaló en la reunión del Comité de Coordinación Macroeconómica, previa a la sesión del Copom, en la que se decidió elevar la tasa de referencia de 6,5% a 7,5% (ver gráfica).

Además, se reafirmó “la necesidad de combatir los riesgos inflacionarios con todas las herramientas disponibles”.

Tal como se advirtió entonces, dos meses después, el BCU anunció el aumento de la tasa de encajes bancarios –la parte de los depósitos de los ahorristas en las instituciones que deben permanecer inmovilizados– de forma de reducir el circulante y así mitigar las presiones inflacionarias.

A su vez, en junio de 2011 comenzó a regir el nuevo rango meta trazado por las autoridades, de 4%-6%, en un intento de moderar en el público y en las empresas las expectativas de crecimiento de los precios.

En la sesión del 23 de junio, el Copom mantenía a la inflación como el elemento macroeconómico de preocupación “prioritaria”. Dados los altos precios internacionales y la firmeza que manifestaba la demanda interna, las autoridades elevaron medio punto porcentual la tasa de referencia, que quedó en 8%.

Pero el agitado verano que vivió el hemisferio norte modificó dramáticamente el escenario económico. Los gobiernos europeos se vieron acorralados por las exigencias de los mercados, que derivaron en nuevas medidas contractivas del gasto, sumando más nubes en el horizonte de la recuperación. En ese contexto, se contrajo la inversión productiva y los precios internacionales comenzaron a desinflarse, lo que permitió mitigar las presiones inflacionarias externas.

El nuevo panorama cambió sustantivamente las inquietudes de las autoridades, que centraron la atención en la economía real.

Competitividad


El comunicado emitido tras la reunión del Copom del 29 de setiembre, si bien mencionó que la estabilidad de precios no debía dejarse de lado, apuntó a mantener la consistencia de las políticas macroeconómicas “a efectos de dar continuidad a una evolución armónica del crecimiento productivo, la competitividad de las empresas y la mejora de la calidad de vida de los sectores más desprotegidos”.

El enfriamiento de la economía mundial, que se esperaba afectaría la actividad local, así como el impacto de las medidas tomadas a lo largo del año –cuya efectividad muestran una cuota de rezago- hicieron ver a las autoridades que la inflación se reencauzaría hacia el rango objetivo.

Sin embargo, en los últimos meses, la reducción de las tasas de crecimiento de los precios, no sólo no se concretó, sino que mostró tres aumentos consecutivos.

En el año móvil cerrado en agosto, la inflación marcó el registro más bajo del año después de enero, con 7,57%, pero durante los meses siguientes la tasa de variación se aceleró hasta ubicarse en noviembreen 8,4%.

Analistas

Alfonso Capurro

Consultora CPA/Ferrere

Esperamos que el Copom mantenga la tasa de referencia en 8%. Si bien las autoridades podrían decidir aumentarla por el dato positivo del Producto Bruto Interno (PBI) en el tercer trimestre, creo que actuarán con prudencia. El PBI mostró un crecimiento de 2,9% respecto del anterior y desestacionalizado, asociado a una política más restrictiva. El principal objetivo es el inflacionario, pero la incertidumbre en el plano global aumentó en los últimos meses; por tanto, el actual escenario no ameritaría un cambio de tasa de referencia.

Pablo Moya

Consultora Oikos

Este es uno de los Copom más complejos. Según nuestras proyecciones el año cierra con una inflación de 8,2%, lo que indica una zona de alta inflación y por fuera de la meta. Si fuera un Banco Central ortodoxo, esperaríamos un ajuste al alza de la tasa de referencia, pero no es el caso. A su vez, observamos que en Brasil las autoridades despliegan una agresiva política monetaria expansiva, lo que hizo perder competitividad a Uruguay respecto de ese país. La tensión entre decidir por inflación o competitividad está en su máxima expresión.

Ramón Pampín

Consultora PWC

Hay dos elementos fundamentales y recientes para analizar. Por un lado, el crecimiento del tercer trimestre –que no lo esperaba nadie– y, por otro, el escenario de aceleración de los precios. Si nos olvidáramos del contexto internacional, la trayectoria de la tasa de referencia debería ser al alza, pero sería demasiado conservador en un escenario de mayor incertidumbre. Bajar la tasa sería riesgoso, ya que las presiones inflacionarias persisten. No hay demasiados argumentos para subirla ni para bajarla, por lo que es esperable que se mantenga.

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