El hip hop ni siquiera tiene lugares de referencia donde disfrutar los hits más recientes o los clásicos ochenteros que marcaron el camino. Sin embargo, en el “under”, hay gente que hace breakdance, artistas que colorean las paredes, maestros de ceremonias callejeras y fiestas esporádicas.
Dj sin boliche
Micaela Nario, conocida en el ambiente como DJ Mica, es la única dj que pasa rap exclusivamente en formato vinilo. Eso da una idea de la dimensión que tiene el hip hop en Uruguay. Los consigue vía internet y, a veces, en casas como El Palacio de la Música por un precio siempre mayor a los $ 400.
Comenzó a pinchar vinilos en los años de 1990 y tuvo su pasaje por la música electrónica. Hoy recuerda, entre los pioneros, a bandas como Sudaka, VDS, El Peyote Asesino y Plátano Macho.
Con el paso de los años fue asimilando la cultura hip hop de manera más integral y copiando lo poco que se veía en la televisión abierta de aquellos años. Pero no hay boliches de rap en la ciudad.
Así es que DJ Mica toca en fiestas denominadas “under” que están organizadas por los amantes del género con más iniciativa. “A veces hay cada 15 días, a veces cada un mes y otras veces está quieto”, dijo a El Observador. Si se alinean los astros, los lugares elegidos son Amarcord, Mundo Afro, El Barril y un circuito organizado por un grupo denominado “Monitos Locos” que lleva su fiesta incluso a lugares públicos.
Breakdancing donde sea
Luis Da Silva se hace llamar “Begin” entre los breakdancers locales. También es conocida su abreviatura “bboy” para hombres y “bgirl” para mujeres.
A sus 22 años, lleva siete de práctica. Cada día dedica entre dos y tres horas a bailar y tiene como espejo a Cico, un bboy italiano que puede dar 10 giros sobre su cabeza sin problemas.
Begin se inició en la danza cuando vio a un amigo practicar saltos mortales y decidió imitarlo.
Al poco tiempo se dio cuenta de que era bueno en eso y continuó intentando movimientos más osados. Begin y muchos de los otros bboys se visten con atuendos y combinaciones propias de las calles humildes de las grandes ciudades de los Estados Unidos.
Consultado por el atuendo, dijo que si bien ellos fabrican sus propias remeras “no hay marcas uruguayas, no es tema de modas de Estados Unidos, la moda es el hip hop y es algo que nos diferencia y nos identifica como bboys”.
Luego de calentar y practicar por enésima vez sus movimientos, la crew (denominación para equipo o grupo) de Montevideo Breakers saltó a escena una vez más el 13 de abril pasado.
Los muchachos se presentaron en el Centro Cultural Terminal Goes donde solía estar la vieja estación, para el concurso internacional de breakdance denominado Conexión Sur Urbana IV. Es el mayor evento del año a nivel nacional.
A las cinco menos cuarto había unas 200 personas rodeando una tarima en el lugar; 41 de ellos eran competidores. La música, con bajos prominentes, se escuchaba a 50 metros y los curiosos se agolpaban para ver a esos chicos que hacían bailes y gestos como los que se veían en MTV cuando era un canal musical.
Como si se tratara del sur del Bronx en Nueva York, el breakdancing en Uruguay se va popularizando desde las clases bajas y medias. Jóvenes con un promedio de edad de 20 años bailan, en un barrio trabajador, vestidos con ropas sin marcas reconocidas, salvo por los championes en algunos casos. A su costado estaba el dj, una batería, un puesto de remeras alusivas al baile y roscas rellenas de dulce de membrillo por $ 25.
La competencia fue tanto individual como por equipos. También hubo espacios intermedios para que los presentes bailaran libremente. El baile libre consiste, básicamente, en una ronda en la cual los participantes se turnan para tomar el centro de la pista y demostrar sus dotes. En cada competencia hay un jurado formado por tres bailarines con más experiencia que emiten al mismo tiempo un juicio sin puntaje señalando a uno u otro bando. Es todo inmediato, brazos para un lado o para el otro. Terminante.
En Montevideo hay, al menos, cuatro crews: Montevideo Breakers, Elemento Suicida, Style Fusion, Portadores del Hip-Hop. En Las Piedras hay cuatro: Soul Attack, Soul Flava, Soul Reaver y Asfalt Warriors. En Rivera están los Crazy Crew y los Dynamic Crew con cuatro. Cerro Largo tiene un grupo denominado Beyond Style que posee cuatro miembros. En total, son algo más de 50 los breakers. De todos se encuentran cosas en internet.
MC Viki
El MC (maestro de ceremonias) originalmente fue la persona que animaba el “Jam” (fiesta o acontecimiento de la escena hip hop) junto con el dj. Con el tiempo, el MC fue creando sus propias rimas y rapeando.
Virgina Sequeira tiene 25 años y es experta en lenguaje de señas, además trabaja como tallerista de hip hop en la escuela 321 del barrio Casavalle y en el Centro Cultural Los hornos ubicado en Punta de Rieles.
El sábado 13 ella fue la MC titular de la movida breaker pero su primer escenario con esa misión llegó en 2007 y en 2010 fue MC en un evento de hip hop realizado en Chile.
En la Estación Goes, presentó a los jurados, animó a los bailarines exaltando los mejores movimientos con el micrófono bien pegado a la boca y fue la encargada de conducir cada paso de la velada.
“Antes que nada debes conocer la escena, no te puedes desempeñar bien si no conoces los protagonistas del evento que conducirás, también juega el hecho de que los artistas te reconozcan y respeten para que el evento no se vaya de las manos” dijo. Además, puntualizó que: “Si no sos buena comunicando al público tu mensaje en un toque que dura 20 minutos máximo (si sos solista), será aún más difícil comunicarse con el público en un evento que dura horas”.
Aliem Rap
Es común la confusión entre rap y hip hop, pero el rap es solamente un estilo musical mientras que el hip hop es esa cultura que lo engloba.
Xavier tiene 25 años y junto a Denis forman Aliem Rap, una banda local de la nueva generación rapera que, a su vez, es parte de URU (Uruguay Rap Underground).
URU es un colectivo de raperos que se juntan a pesar de formar diferentes bandas. Xavier se viste “de ancho” desde antes de incorporarse a la movida hip hop y ahora tiene un tatuaje en su antebrazo izquierdo que dice Hip Hop VIDA.
Con respecto a su música, dice que utiliza la lírica rapera “como una herramienta social, una forma de protesta y de decir lo que pensamos y tratando de que la gente que se siente identificada se anime a hacerlo y que no tenga miedo de rapear porque es algo relativamente nuevo acá”. “Tratamos de mostrar realidades que no se ven en el informativo pero se ven en la calle todos los días, en ese sentido sí, se parece a los inicios del rap en el Bronx”, subrayó. “La población que en Estados Unidos creó el rap, acá pude haber creado la cumbia villera”, dijo.
El material que se encuentra en el circuito de hip hop es, en su mayor parte, de producción y edición casera. En algunos casos, solamente se puede encontrar en internet ya que algunos artistas, según Xavier, nunca se hacen presentes en la movida local.
Con respecto a la estética importada, Xavier dice que ésta “no hace al rapero ni al hip hop” aunque sabe que, en Uruguay, se han integrado modas sin conocer exactamente su procedencia. Por ejemplo, el caminar con una pierna del pantalón remangada, hace referencia a la costa de los Estados Unidos con la cual se identifica la persona. Si alguien se remanga la pierna derecha, es que está identificada con la costa oeste y lo contrario para la pierna izquierda. Esta cuestión hace referencia a una guerra de raperos y sellos discográficos ocurrida a finales de los años de 1990 en Estados Unidos, algo muy lejos de las calles de la Unión o La Comercial.
Pintando paredes
Poshy tiene 24, vive en el Cerro y pinta grafitis desde hace siete años. Su madre era artista plástica, por eso el dibujo siempre estuvo presente en su vida. Hoy integra el grupo KNCR que es el primer crew de graffiteros locales.
En ocasiones, cuando no se está ganando la vida pintando y dando talleres de dibujo en escuelas y centros culturales, pinta las calles de la ciudad en lo que él denomina “un estilo de vida y no una moda”.
El grafiti es el pilar visible del mundo del hip hop que no necesita de un evento cultural para mostrarse ante el público. Las calles dejan expuestas las obras de arte de los grafiteros para impactar a quien no sabe lo más mínimo del tema. Le puede llevar entre cuatro y seis horas pintar un muro.
En los últimos años, según Poshy, el grafiti se ha ganado un lugar a los ojos de los uruguayos. El notar que se conciben y realizan verdaderas obras de arte que, lejos de estropear, embellecen un muro, las reacciones han cambiado.
Así es el hip hop uruguayo, se mueve sin demasiado ruido, autogestionando su crecimiento, dando espectáculo para el que se arrime.