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Crónica de una mañana en un patrullero con los policías que exhortan a la gente a ir a sus casas

El Ministerio del Interior dispuso que se supervise con especial atención la concentración de personas en las ferias durante este fin de semana

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29 de marzo de 2020 a las 05:02

El agente Carlos García se demora unos segundos porque el equipo de radio falla y tiene problemas para transmitir el mensaje a los montevideanos que aprovecharon el sol de este sábado para salir a pasear y, sobre todo, para ir a hacer compras a la feria. Son las 10.30 de la mañana y García, con el radiomicrófono del móvil en su mano izquierda y el celular en la derecha, se dispone a iniciar su jornada cumpliendo una directiva clara de la Policía Nacional.

Una directiva precisa del presidente Luis Lacalle Pou y del ministro del Interior, Jorge Larrañaga: que se cumpla más que nunca la exhortación del viernes 13 de marzo, cuando el Poder Ejecutivo decretó el estado de emergencia sanitaria debido a la propagación del coronavirus en Uruguay.

"Notamos en algunas ferias vecinales, centros y plazas que todavía concurren muchos uruguayos. Vamos a poner un patrullero en cada feria, en la rambla y en las playas", advirtió el presidente en la conferencia de prensa del lunes 23, luego de que se hicieran virales imágenes de las ferias de Piedras Blancas y Tristán Narvaja, en las que se veían que ni feriantes ni clientes respetaban la medida de distanciamiento social.

En efecto, según supo El Observador, el Centro de Comando Unificado recibió ese fin de semana una cantidad inusual de llamados al 911 para denunciar concentraciones de personas en la vía pública, razón por la cual ya desde entonces se había dispuesto "redoblar los esfuerzos con los comunicados" en las calles. 

García por fin arregla el "falso contacto" del aparato y apoya contra el radiomicrófono su celular, donde tiene un archivo de audio de poco más de 15 segundos, porque no será él quien hablará.

El vehículo, conducido por Alicia Delfino, está estacionado en Hipólito Yrigoyen (Malvín), a metros de la feria de la calle Aceguá, esperando a que García ponga play. Y lo hace: entonces, la voz de locutor que desde hace días se escucha desde los patrulleros –y desde un helicóptero de la Policía Aérea– recita las casi 40 palabras que ya se reconoce como una melodía familiar: "Por el bien de todos y ante la emergencia sanitaria solicitamos especialmente evitar aglomeraciones que puedan aumentar el riesgo de propagación de la enfermedad. Exhortamos desde el Ministerio del interior evitar reuniones y así cuidar la salud de todos".

Delfino –oficial ayudante– pone primera y el auto, como un tiburón que bordea un cardumen, comienza a deslizarse a paso de hombre por las esquinas de la feria.

La Jefatura de Montevideo asignó a la Zona Operacional II de la capital –un área que incluye el sureste de la ciudad, y al que pertenece este patrullero de la Unidad de Respuesta Policial– el control de más de 50 ferias para este fin de semana, aunque tanto Delfino como García reconocen que es imposible visitarlas todas. Por eso seleccionan algunas de las más populares: la de Aceguá, la de Blixen y Mariscala, la de Rozal y Piaggio (Malvín), la del Cementerio del Buceo y la de la plaza de la plaza de Villa Biarritz (Punta Carretas), entre otras.

La reacción de la gente es variada, pero similar en casi todas. Algunos miran con indiferencia, hay quienes saludan con amabilidad o miran con desdén, y es muy frecuente una postura que asumen los feriantes, cuya mayoría se muestra con guantes y tapabocas: manos juntas adelante o en la espalda, y la mirada atenta al recorrido del patrullero.

"La gente te mira como diciendo: 'Sí, ya sé, ya sé'", comenta García, como para él mismo.

El temor a la infracción se nota en varios rostros, pues desde el 18 de marzo, por disposición de la Intendencia de Montevideo ninguna feria que no sea de alimentos –particularmente, frutas y verduras– y artículos "de higiene personal y del hogar", tiene habilitación para funcionar. Y aquellas que estén en este rubro de excepción incluso tienen un marco horario definido –de seis de la mañana a dos de la tarde–, entre otras exigencias. Además, rige un protocolo sobre su instalación –con límites entre puesto y puesto–, pero la supervisión de todas estas disposiciones está a cargo del servicio de Convivencia Departamental de la comuna.

Por lo tanto, los policías no tienen más potestad que transmitir la exhortación a evitar aglomeraciones: ellos no pueden señalar las infracciones al reglamento, como se notó en casi todos los puestos de venta.

Es por eso que ni Delfino ni García pueden hacer nada cuando, subiendo por la calle Resistencia, observan a un puestero vendiendo perfumes, ropa y artesanías. "Les brillan los ojitos porque saben que no es de ultra necesidad lo que están vendiendo", dice Delfino, y sonríe.

De todas formas, en una de las ferias deciden bajarse. Caminan unos pasos entre la gente, observan que muchos toman las precauciones de higiene y conversan con dos vecinos. Les preguntan sobre el nivel de gente habitual, ellos les muestran que los feriantes dispusieron desinfectantes para las bolsas, y que la convocatoria es menor a la del fin de semana pasado. Los cuatro sonríen y se despiden.

Desde el aire 
El Ministerio del Interior también recurre al patrullaje aéreo para reforzar el mensaje. Un helicóptero, adaptado especialmente para que le cupiera un parlante, recorre la franja costera de Montevideo y Canelones, subrayando la exhortación desde una altura que permite escucharlo. En el video, pueden verse las imágenes filmadas por El Observador.

Los otros delitos

En los últimos días, en plena emergencia sanitaria y cuarentena para gran parte de la población, los delitos no han disminuido. Durante la primera semana de las medidas –sobre todo entre el 16 y el 20 de marzo– tres fiscales de Montevideo señalaron a El Observador que la cantidad de denuncias se mantuvo igual en algún caso, aumentó en otro, y uno de ellos había constatado incluso un aumento en los robos de vehículos, debido en parte a la menor circulación de gente en la calle.

También hubo un pico de asesinatos en los últimos días, en particular esta semana, cuando llegaron a producirse cuatro homicidios en menos de 24 horas, a lo que debe agregarse el aumento en la tensión en los hogares, producto del confinamiento, y el temor de las autoridades de que se constaten más situaciones de violencia doméstica que las que se generan en días normales.

Fuentes de la cartera de seguridad aseguraron que ha habido menos denuncias –7% menos respecto a marzo del año pasado–, aunque para el Instituto Nacional de Mujeres ello se debe, entre otras cosas, al miedo de las víctimas en denunciar, al tener al agresor más tiempo en su propia casa.

En la experiencia de Delfino y García, estas semanas atípicas han generado más llamados para responder a "conflictos familiares", no necesariamente de género, aunque también los hubo, y los sigue habiendo: "Denuncia que su pareja está agresiva hoy en la finca", se escucha en un momento por la radio del patrullero, que reporta el incidente en una calle de Pocitos.

Desacato
Para que la policía detenga a alguien por incumplir las disposiciones sanitarias, y que luego sea llevado a la justicia, tiene que haber existitdo una desobediencia a un "mandato legítimo de un funcionario público", tal como está definido en el Código Penal para el delito de desacato. Por lo que, hasta el momento, los fiscales han tenido que "intimar" a los que no cumplen con la cuarentena –sobre todo a los que tienen la enfermedad de covd-19– para que ese mandato específico se materialice.
Los policías saben de esa dificultad, incluso cuando ven que en los espacios públicos se concentran personas sin mantener la distancia de un metro. 
"Nos ocurre con indigentes, que les decimos que no pueden estar ahí todos juntos, y nos preguntan: '¿Para dónde vamos?", dijo Delfino a El Observador. "Y nosotros les decimos que al menos se separen, que mantengan una distancia prudente, aunque se queden sentados en los bancos".

 

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